
Alfredo Pacheco se curó del cáncer, felicidades, pero tuvo que salir del país para lograrlo. ¿Por qué los diputados no fiscalizan para que la salud en República Dominicana mejore para todos?
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Alfredo Pacheco, presidente de la Cámara de Diputados, anunció recientemente que está libre de cáncer. Y, como cualquier ser humano, es motivo de alegría saber que superó una enfermedad tan dura. Pero más allá del alivio personal, su caso destapa una herida abierta en la conciencia nacional: ¿por qué los funcionarios públicos, que deberían garantizar el bienestar de todos, solo confían en el sistema cuando se trata de cobrar su sueldo, pero no cuando se trata de salvar su vida?
Alfredo Pacheco no se trató en el Instituto Oncológico Dr.
Heriberto Pieter, el mismo donde los dominicanos comunes hacen largas filas, rezan para conseguir una cita y muchas veces enfrentan la muerte sin medicamentos. Él viajó a la Cleveland Clinic, en Miami, amparado en un seguro internacional pagado con los impuestos del pueblo que dice representar.
Entonces la pregunta no es sobre su derecho a buscar el mejor tratamiento posible —eso nadie lo discute—, sino por qué ese mismo esfuerzo y recursos no se ponen al servicio de construir en el país un sistema de salud donde todos puedan recibir la misma atención.
Los políticos dominicanos han convertido los privilegios en costumbre. Durante los gobiernos del PLD/Fuerza del Pueblo, los viajes por salud, los seguros especiales y los tratamientos en el extranjero eran parte del “paquete” del poder. Pero el PRM prometió romper con esa lógica. Prometieron “cambiar lo malo”. Sin embargo, hoy vemos a sus figuras repitiendo los mismos gestos de desconexión, la misma distancia con la realidad del pueblo.
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El verdadero cáncer de la República Dominicana no es solo el que ataca los cuerpos, sino el que corroe las instituciones. Los funcionarios no fiscalizan con rigor, no planifican políticas públicas para reducir desigualdades, no sirven al pueblo: se sirven de él. Se han acostumbrado a administrar la miseria de los demás mientras se curan con los privilegios que niegan.
En República Dominicana cada año se diagnostican alrededor de 20 171 nuevos casos de cáncer, y en 2022 se registraron aproximadamente 11 744 muertes por esta causa. En particular, el cáncer de pulmón presenta una detección tardía en el 52 % de los casos, con una tasa de supervivencia a los cinco años de apenas 9 % en algunos estudios locales. Mientras tanto, el cáncer cervicouterino cobra unas 500 vidas al año según registros dominicanos.
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Ante estas cifras, resulta aún más cuestionable que muchos funcionarios, como los legisladores que sancionan los presupuestos y supervisan los servicios públicos, se trasladen al extranjero para recibir tratamiento de alto nivel —tratamiento al que el ciudadano común no tiene acceso en el país—. Esta desigualdad evidencia que no se trata solo de enfermedad, sino de privilegio: quienes legislan y controlan el sistema no viven con la urgencia de ser tratados en los hospitales nacionales sin medicamentos, sin máquinas, sin oportunidad.
Mientras en los hospitales públicos faltan medicinas y los pacientes se acuestan en sillas de metal o esperan semanas por un estudio, los funcionarios y legisladores como Alfredo Pacheco, celebran su recuperación en clínicas de lujo y llaman a eso “bendición”. Pero no hay bendición en la desigualdad.
El verdadero milagro será el día en que los dominicanos no necesiten un pasaporte ni un seguro extranjero para recibir un trato digno en su propio país. Ese día, sí podremos decir que Dios nos bendijo a todos por igual.
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