
Carolina y Wellington están obligados a ponerse de acuerdo para repartirse toda la estructura del PRM, ignorando líneas partidarias, ya que es lo necesario
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Lo que comenzó como una movida local en Santo Domingo Este, ya se perfila como la antesala de una reconfiguración nacional dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Diversas fuentes internas han confirmado que los equipos de Carolina Mejía y Wellington Arnaud están en conversaciones avanzadas para repartirse —de manera estratégica— las estructuras del partido en este municipio, y no sería descabellado pensar que ese modelo se extienda al resto del país.
Y es que, ante la ausencia de una línea partidaria funcional, con un gobierno que opera bajo una lógica empresarial, desconectada de la estructura política que lo llevó al poder, Carolina y Wellington no solo están en posición de hacerlo: están obligados.
🔧 La necesidad de una reorganización desde adentro
El PRM está frente a un dilema existencial. Mientras en la Presidencia se gobierna con tecnócratas, empresarios y figuras externas al partido, la dirigencia media y baja, que puso el sudor y los votos, sigue marginada del poder. La base está harta de promesas rotas y del distanciamiento de un gobierno que parece usar al partido solo como vehículo electoral.
En ese contexto, el acuerdo Carolina-Wellington representa una acción necesaria para salvar lo que queda del aparato partidario. Ambos líderes poseen estructura, presencia territorial, capital simbólico y visión política. En lugar de pelear por migajas o esperar líneas que no llegan, deciden actuar, construir poder interno y repartir los cargos clave para reposicionar el partido como actor de peso real.
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¿Y los demás aspirantes presidenciales del PRM?
Este pacto se da en un momento clave, pues dentro del PRM ya comienzan a sonar las fichas presidenciales de cara al 2028:
- David Collado, con fuerte respaldo del empresariado, pero sin conexión orgánica con la base.
- Guido Gómez Mazara, insistente en su denuncia del abandono político a la militancia.
- José Ignacio Paliza, una figura institucional con gran proyección, pero sin un bloque interno definido.
- Otros actores menores que esperan el desgaste del liderazgo actual para emerger.
Ante ese panorama, Carolina y Wellington no solo están reordenando el partido, están marcando territorio y posicionándose como el eje del futuro liderazgo interno.
Si consolidan estructuras a nivel nacional, podrán negociar, influir o incluso decidir quién será el próximo candidato presidencial del PRM.
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El efecto externo: ¿recomposición o fragmentación?
Desde fuera, el movimiento puede verse como una señal de que el partido está tomando el control que el gobierno nunca le dio. Pero también puede generar el riesgo de una fragmentación aún mayor si los demás grupos internos se sienten excluidos del nuevo orden.
En palabras del politólogo Cándido Mercedes, en declaraciones previas sobre situaciones similares:
“Cuando los partidos pierden el control político de los gobiernos que eligen, surgen luchas internas inevitables. La estructura necesita reorganizarse para sobrevivir, y eso implica pactos de poder, aunque duelan.”
De igual forma, la socióloga Rosario Espinal ha advertido:
“Este es un gobierno más empresarial que político, y eso crea un vacío que los políticos de carrera intentan llenar desde adentro.”
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¿Sin líneas? Mejor así
Lejos de seguir esperando instrucciones desde un Palacio ocupado por burócratas sin compromiso partidario, la estrategia de Carolina y Wellington puede ser vista como una forma legítima de recuperar la autoridad política que el PRM necesita para mantenerse vivo.
Si para ello hay que ignorar las “líneas” que nadie respeta ni ejecuta, entonces que así sea. Porque en política, como en la guerra, el poder no se pide, se construye y se toma.
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