
Faride Raful Cometió el Mayor Error de su Carrera Política: Desconocimiento y Doble Discurso en la Plaza de la Bandera
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La reciente controversia en la Plaza de la Bandera ha puesto de manifiesto el mayor error de Faride Raful en su trayectoria política. La ministra de Interior y Policía, al intentar justificar el accionar de la Policía Nacional en el desmontaje de una tarima para una protesta pacífica, reveló no solo un preocupante desconocimiento de las competencias legales sobre ese espacio, sino también un inquietante doble discurso que contradice su papel en el gobierno.
Este episodio no solo ha desencadenado la indignación de los ciudadanos, quienes exigen respuestas claras y efectivas sobre la crisis migratoria, sino que también ha expuesto la falta de argumentos sólidos y la falta de coordinación entre distintas instituciones del Estado, lo que podría tener repercusiones significativas en la estabilidad política del país.
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La Plaza de la Bandera, que ya se ha convertido en un símbolo de la protesta ciudadana en la República Dominicana, vuelve a ser el centro de una creciente polémica, ahora involucrando a distintos niveles del gobierno. La reciente decisión de la Policía Nacional de desmontar una tarima instalada sin autorización ha desatado reacciones encontradas y un intercambio de responsabilidades entre las autoridades, en un momento en que la tensión social por el tema migratorio está en su punto más álgido.
Faride Raful, ministra de Interior y Policía, fue la primera en pronunciarse desde el extranjero, informando que miembros de la Policía Nacional procedieron a desmontar la tarima en cumplimiento de su deber, ya que no contaba con la debida autorización del Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN).
Sin embargo, Raful rápidamente señaló que, tras recibir la información, ordenó suspender el desmonte para "preservar el clima de paz de los manifestantes". Este gesto, aunque buscaba apaciguar la situación, indirectamente apuntó la responsabilidad hacia la gestión municipal encabezada por Carolina Mejía, alcaldesa del Distrito Nacional.
Sin embargo, la alcaldía no tardó en responder a través de un comunicado que aclaraba la situación. "La Plaza de la Bandera es un espacio público custodiado por el Ministerio de Defensa, de acuerdo a lo establecido en el Decreto 194-08, que le otorga la administración, seguridad y mantenimiento del señalado espacio", indicó el documento. De este modo, la Alcaldía del Distrito Nacional dejó claro que no tiene jurisdicción ni facultad para otorgar permisos sobre la Plaza de la Bandera, y que estos espacios estratégicos están bajo la jurisdicción de organismos castrenses por su relevancia para la seguridad nacional.
Este comunicado no solo despejó cualquier duda sobre la responsabilidad municipal en el asunto, sino que devolvió la atención al Ministerio de Defensa, que tiene la administración y custodia de la plaza. Esto también planteó una pregunta clave: ¿Cómo es posible que la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, aparentemente haya dado instrucciones que fueron acatadas por las fuerzas del orden en un espacio bajo control militar? Este hecho ha llamado poderosamente la atención, ya que la ministra de Interior no tendría, en principio, la autoridad para dar órdenes directas al Ministerio de Defensa o influir sobre las decisiones que competen a esa jurisdicción.
Melvin Sena, director de Hackeandoelsistema.net, reflexionó sobre este asunto en un comentario público, señalando las implicaciones políticas de este manejo. “Quién hizo eso solo le buscó un problema mayor a Luis Abinader y el PRM.
https://twitter.com/melvinsena27305/status/1842658639339000016
Ahora, el pueblo no solo está molesto con la situación de la inmigración, sino también indignado por el accionar de las autoridades. Esa plaza ya se llevó un gobierno”, advirtió. Sena aludía al papel crucial que la Plaza de la Bandera jugó en las masivas protestas de 2020, cuando miles de dominicanos se congregaron para exigir transparencia electoral tras la suspensión de las elecciones municipales, en un evento que marcó el fin del gobierno anterior.
Hoy, las protestas no son por elecciones, sino por la creciente preocupación sobre la inmigración haitiana ilegal y la demanda de que el gobierno actúe de manera contundente con deportaciones masivas y sanciones para quienes faciliten la contratación o el tráfico de migrantes ilegales. El intento de desmantelar una tarima instalada para una manifestación pacífica ha reavivado el malestar ciudadano, pero también ha abierto una serie de interrogantes sobre las competencias y los poderes dentro del propio gobierno.
La capacidad de Faride Raful para detener la intervención policial en un espacio que está bajo jurisdicción militar genera cuestionamientos sobre hasta qué punto se respetan las cadenas de mando y si hay intereses o influencias no reveladas detrás de estas decisiones.
El hecho de que la policía acatara la instrucción de suspender el desmonte pese a estar fuera de la jurisdicción directa de la ministra, pone sobre la mesa la posibilidad de que existan tensiones y descoordinaciones entre los distintos ministerios, lo que podría tener repercusiones a nivel político y de gobernabilidad.
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En definitiva, este episodio en la Plaza de la Bandera no solo refleja la creciente frustración del pueblo dominicano por la gestión de la crisis migratoria, sino también las grietas en la administración pública, donde la confusión sobre competencias y responsabilidades podría derivar en un costo político significativo para el gobierno de Luis Abinader. La historia ya ha demostrado que la Plaza de la Bandera es un lugar donde las demandas ciudadanas cobran fuerza, y el gobierno debe manejar este escenario con cautela para evitar un nuevo estallido social.
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