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HAITÍ: ¿EL GRAN ERROR GEOPOLÍTICO QUE COMENZÓ CON LAS DEVASTACIONES DE OSORIO?

HAITÍ: ¿EL GRAN ERROR GEOPOLÍTICO QUE COMENZÓ CON LAS DEVASTACIONES DE OSORIO?

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/05 OCT DE 2026/1 MIN/visibility0 VISTAS
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Una decisión tomada hace más de 400 años cambió para siempre el destino de la isla de Santo Domingo

Hay momentos en la historia que parecen pequeños cuando ocurren, pero que siglos después revelan consecuencias gigantescas.

Las Devastaciones de Osorio de 1605 y 1606 son uno de esos momentos.

La Corona española tomó una decisión que pretendía resolver un problema concreto: el contrabando que se desarrollaba en las zonas norte y occidental de la isla de Santo Domingo.

La solución fue radical.

Despoblarlas.

El gobernador Antonio de Osorio ejecutó la orden y trasladó poblaciones enteras hacia zonas próximas a Santo Domingo. La medida destruyó poblaciones, hatos, ingenios y actividades económicas, y dejó enormes extensiones del territorio prácticamente desocupadas. Historia Dominicana

Y aquí comienza una de las grandes paradojas de nuestra historia:

España quiso impedir que extranjeros utilizaran aquella parte de la isla para contrabandear.

Terminó creando las condiciones que facilitaron su ocupación.

El territorio vacío no permaneció vacío

La naturaleza aborrece los vacíos.

Y la geopolítica también.

Cuando España retiró población de buena parte del norte y oeste de la isla, no apareció mágicamente un vacío permanente.

Aparecieron oportunidades.

Franceses, ingleses y otros europeos ya competían por posiciones estratégicas en el Caribe. La isla de Tortuga se convirtió en uno de los principales puntos de apoyo de los franceses, mientras grupos de bucaneros y colonos comenzaron a penetrar progresivamente en la parte occidental de La Española. Dominicana Online

La propia documentación histórica dominicana describe cómo aquellos asentamientos extranjeros terminaron consolidándose en el occidente.

Primero fueron incursiones.

Después asentamientos.

Luego una colonia.

Y finalmente una estructura territorial reconocida internacionalmente.

Ahí está la cadena histórica.

Devastaciones → despoblación → ocupación extranjera → consolidación francesa → Saint-Domingue → Haití.

Por supuesto, la historia nunca es tan mecánica.

No sería correcto afirmar que en 1605 alguien tomó una decisión pensando: “vamos a crear Haití”.

Eso jamás ocurrió.

Pero sí es históricamente defendible afirmar que la política de despoblación contribuyó a crear las condiciones territoriales y demográficas que facilitaron la posterior expansión francesa. Historia Dominicana

El problema fue que España perdió presencia donde más necesitaba tenerla

Las Devastaciones no solamente produjeron un problema territorial.

Produjeron un problema económico.

La destrucción de hatos, ingenios y poblaciones debilitó todavía más a una colonia española que ya sufría abandono, pobreza y contrabando.

Dominicana Online recoge entre las consecuencias la destrucción de unos 120 hatos, la pérdida de grandes cantidades de ganado y el deterioro de actividades productivas. La recaudación fiscal cayó hasta el punto de que la colonia necesitó depender del llamado situado proveniente de México para sostener parte de sus gastos militares y administrativos. Dominicana Online

Es decir:

España despobló para controlar.

Pero terminó debilitando su capacidad de controlar.

Y mientras tanto, otras potencias avanzaban.

Ryswick convirtió el hecho consumado en realidad internacional

Durante décadas, la presencia francesa fue consolidándose.

Finalmente llegó el momento en que aquello que había comenzado como ocupación progresiva terminó adquiriendo reconocimiento diplomático.

El Tratado de Ryswick de 1697 reconoció la presencia francesa en la parte occidental de la isla, mientras España conservaba la parte oriental. El Archivo Histórico Nacional de España conserva documentación original del tratado, y el portal PARES identifica expresamente el acuerdo como el antecedente mediante el cual España cedió a Francia la parte occidental de la isla. PARES

A partir de entonces, la isla dejó de tener una sola trayectoria colonial.

Comenzaron dos historias.

Una española al este.

Una francesa al oeste.

El Archivo General de la Nación dominicana describe precisamente 1697 como el punto a partir del cual se bifurcan las historias de Saint-Domingue y Santo Domingo. Archivo General de la Nación

Y siglos después, esas dos historias terminarían produciendo dos Estados.

República Dominicana.

Haití.

¿Entonces Haití fue un “error”?

Aquí está la parte incómoda.

Si utilizamos la palabra “error” como categoría histórica, y no como juicio sobre el pueblo haitiano, la tesis tiene fundamento.

Porque una decisión tomada para resolver un problema colonial inmediato terminó contribuyendo a modificar permanentemente la estructura territorial de la isla.

La Corona española quiso acabar con el contrabando.

Terminó facilitando el abandono de una zona estratégica.

Quiso recuperar el control.

Terminó perdiendo presencia.

Quiso concentrar población para administrar mejor la colonia.

Terminó debilitando económicamente la parte occidental.

Y el espacio que quedó vulnerable fue ocupado progresivamente por otra potencia.

Ese es el verdadero error histórico.

No la existencia de los haitianos.

No la cultura haitiana.

No el pueblo haitiano.

El error fue la decisión geopolítica que permitió que una parte estratégica de la isla quedara expuesta a la penetración de una potencia extranjera.

Pero tampoco podemos caer en la simplificación

Hay algo más que debemos reconocer.

Las Devastaciones no explican por sí solas la aparición de Haití.

El Caribe del siglo XVII era un tablero de competencia imperial.

España estaba perdiendo capacidad relativa frente a Francia, Inglaterra y Holanda. La colonia de Santo Domingo había sido golpeada por el abandono de la metrópoli y por el contrabando.

La presencia francesa no surgió únicamente porque España retirara población.

Los franceses tenían sus propios proyectos imperiales.

Y Saint-Domingue posteriormente se transformaría en una de las colonias más importantes y ricas del Caribe, basada en un sistema brutal de plantación y esclavitud.

De esa sociedad colonial surgiría posteriormente la Revolución haitiana y, en 1804, la independencia de Haití.

Por eso sería históricamente incorrecto decir que las Devastaciones “crearon Haití” de manera directa.

Pero sí podemos decir algo mucho más preciso:

crearon parte de las condiciones que hicieron posible que la historia terminara desembocando allí.

La gran lección dominicana

Y aquí es donde la historia deja de ser solamente historia.

Porque cuatro siglos después, la lección sigue siendo brutalmente actual:

un territorio que un Estado deja de controlar termina siendo ocupado por alguien más.

No necesariamente por un ejército.

Puede ser por comerciantes.

Por migrantes.

Por grupos armados.

Por redes económicas.

Por potencias extranjeras.

Por intereses estratégicos.

La forma cambia.

La lógica permanece.

Por eso, si algo deberían enseñarnos las Devastaciones de Osorio es que la soberanía no consiste únicamente en dibujar una frontera en un mapa.

Consiste en tener población, instituciones, infraestructura, economía, seguridad y presencia estatal efectiva en el territorio.

España aprendió esa lección demasiado tarde.

La República Dominicana no debería tener que aprenderla otra vez.

El verdadero error sería repetirlo

La historia no se repite exactamente.

Pero sí puede repetir sus patrones.

Hace cuatro siglos, una decisión tomada para solucionar un problema inmediato terminó generando consecuencias geopolíticas durante siglos.

Hoy República Dominicana tiene una ventaja que sus antecesores coloniales no tuvieron:

sabemos cómo terminó aquella historia.

Sabemos qué ocurre cuando un Estado abandona espacios estratégicos.

Sabemos qué ocurre cuando una frontera se vuelve porosa.

Sabemos que una crisis local puede transformarse en un problema internacional.

Y sabemos que las decisiones tomadas pensando solamente en el presente pueden terminar condicionando a varias generaciones.

Por eso, más que preguntarnos si “Haití fue un error de la historia”, quizás la pregunta verdaderamente importante sea otra:

¿Estamos cometiendo hoy errores que nuestros descendientes tendrán que pagar durante los próximos cuatrocientos años?

Porque la historia de Osorio demuestra algo que debería estar grabado en la conciencia nacional:

los territorios que un Estado no administra, otros terminan administrándolos por él.

Y cuando finalmente quieres recuperar el control, puede que ya sea demasiado tarde.

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