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Joel Santos no fue un“Sabotaje”: lo que si fue falta de voluntad política para obligar a invertir a la Burguesía en estabilidad

Joel Santos no fue un“Sabotaje”: lo que si fue falta de voluntad política para obligar a invertir a la Burguesía en estabilidad

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Melvin SenaMELVIN SENA/26 FEB DE 2026/1 MIN/0 VISTAS

Las declaraciones del ministro Joel Santos, dejando abierta la hipótesis de un supuesto “sabotaje” como causa del apagón general, no resisten un análisis técnico serio. No porque investigar sea incorrecto, sino porque insistir en esa narrativa desvía la atención del problema estructural real: la ausencia de voluntad política para obligar a quienes ya controlan la generación eléctrica a realizar las inversiones que el sistema moderno exige. En un sistema eléctrico frágil, mal balanceado y operado al límite, no hace falta sabotaje; basta una falla menor para provocar un colapso nacional.

La República Dominicana ha permitido una penetración acelerada de paneles solares y aerogeneradores sin exigir los componentes críticos que los hacen compatibles con la estabilidad del sistema: baterías de almacenamiento (BESS), inercia sintética, regulación avanzada de voltaje y protecciones adaptativas.

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Los inversores fotovoltaicos y las hélices eólicas no aportan inercia rotacional, y sin baterías ni control dinámico, cualquier perturbación —una línea fuera, un interruptor defectuoso, una mala coordinación de protecciones— se propaga en milisegundos. Eso no es sabotaje: es ingeniería ignorada por conveniencia política, algo que el ministro Joel Santos aparentemente ignora y cree que todos en este país también .

El propio historial reciente lo demuestra. Ya en apagones anteriores se documentaron errores humanos, fallas de protección, baja inercia y sobreactuación de esquemas automáticos, siempre en un contexto de alta penetración renovable sin respaldo. Cambian los funcionarios, cambian los discursos, pero no cambia la raíz del problema: los grandes generadores privados invierten en capacidad instalada —porque es rentable—, pero no en almacenamiento —porque no se les exige—. Y el Estado, en lugar de imponer reglas claras, prefiere administrar crisis y buscar explicaciones externas.

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Hablar de sabotaje como lo hace el ministro Joel Santos, sin presentar evidencia técnica irrefutable no solo es irresponsable, sino peligroso.

Normaliza la idea de que los apagones son producto de conspiraciones y no de decisiones regulatorias mal tomadas.

La realidad es mucho más incómoda: si hoy el sistema colapsa con frecuencia es porque no se ha querido tocar los intereses de quienes dominan la generación, obligándolos a asumir el costo real de operar renovables de forma segura. Sin baterías, sin refuerzo de transmisión y sin modernización de protecciones, cada día soleado o ventoso seguirá siendo un riesgo.

En conclusión, el país no necesita comités para especular sobre sabotajes; necesita decisiones políticas firmes. Obligar a que los proyectos solares y eólicos incluyan almacenamiento obligatorio, actualizar la red y dejar de proteger un modelo donde se privatizan ganancias y se socializan apagones. Mientras eso no ocurra, no habrá sabotaje que investigar, porque el problema seguirá estando a la vista de todos.

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