
La doble Moral de Carlos Pimentel: Santiago y el escándalo de la basura
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El Partido de Gobierno, y con él el Presidente de la República, parecen incapaces de salir de un escándalo antes de verse envueltos en otro. Esta vez, el epicentro del conflicto se encuentra en Santiago, donde la administración del actual alcalde, Ulises Rodríguez, ha adjudicado un contrato por la exorbitante suma de casi 2,500 millones de pesos para la recolección de basura. Esta cifra supera en 1,000 millones de pesos el monto que meses atrás desató una tormenta política cuando Abel Martínez, entonces alcalde de Santiago, intentó realizar un proceso similar por 1,600 millones de pesos, cual Carlos Pimentel se opuso con unas y dientes.
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En aquel momento, el Partido de Gobierno, encabezado por figuras como Carlos Pimentel, director general de Compras y Contrataciones Públicas, se apresuró a condenar el proceso, calificándolo de escandaloso y poco transparente.
De hecho, Pimentel, quien parecía el guardián de la ética en la administración pública, no tardó en actuar para suspender la licitación de Abel Martínez. Sin embargo, ahora que el monto es significativamente mayor y el responsable es un funcionario del partido oficialista, Carlos Pimentel guarda silencio absoluto. Ni una sola declaración pública. Ni una investigación. Nada.
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La diferencia en la narrativa y el accionar del gobierno no puede ser más evidente. Lo que fue calificado como una “afrenta” cuando lo hizo el opositor Abel Martínez, es ahora tratado como un trámite rutinario bajo la administración de Ulises Rodríguez. Pero el problema no termina ahí. Al analizar las cifras de gasto en la recogida de basura en Santiago, el contraste es alarmante. Durante la gestión de Abel Martínez, la recolección costaba alrededor de 12 millones de pesos mensuales. Ahora, con la nueva adjudicación, ese costo ha escalado a más de 104 millones de pesos mensuales, un incremento de 1,000%.
La pregunta que surge es obvia: ¿Cómo justifica el gobierno este aumento desmesurado? ¿Qué tipo de milagro logístico se está llevando a cabo para que recoger basura cueste diez veces más que hace un año? Y, más importante aún, ¿por qué Carlos Pimentel, quien se apresuró a intervenir en la gestión pasada, no ha mostrado el mismo nivel de celo en este caso?
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El silencio de Carlos Pimentel y la falta de acción por parte de las autoridades competentes plantean serias dudas sobre la integridad del sistema de Compras y Contrataciones Públicas.
Este caso es un claro ejemplo del doble estándar político que permea el discurso del gobierno: aquello que es condenable cuando lo hace un opositor, es perfectamente aceptable cuando lo realiza un aliado.
El escándalo en Santiago no solo cuestiona la gestión de Ulises Rodríguez, sino que expone un problema más profundo: la aparente complicidad de las instituciones encargadas de velar por la transparencia y el uso correcto de los recursos públicos. En lugar de actuar como garantes de la ética, estas instituciones parecen ser herramientas al servicio del partido en el poder.
Si el gobierno no toma medidas rápidas y contundentes para investigar este caso, estará enviando un mensaje claro al país: en esta administración, la transparencia y la ética son negociables, y la justicia depende de quién esté al mando. Un mensaje que, sin duda, erosionará aún más la confianza ciudadana en un sistema político que parece incapaz de rendir cuentas.
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