
De Power Pack a la sumisión moderna: la larga sombra de EE.UU. sobre la soberanía en la República Dominicana
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La segunda intervención militar estadounidense en la República Dominicana, ocurrida entre 1965 y 1966 bajo la llamada Operación Power Pack, marcó un punto de no retorno en la historia política dominicana. Aunque oficialmente terminó hace seis décadas, su espíritu aún persiste: una soberanía vigilada, una democracia tutelada y una política exterior atada a los intereses de Washington.
De Bosch a Balaguer: el nacimiento de la dependencia moderna
La excusa fue evitar otra “Cuba comunista”, pero el resultado fue un país ocupado militarmente y sometido políticamente. La intervención instaló un gobierno provisional que allanó el camino para Joaquín Balaguer, un hombre identificado con el conservadurismo y la estabilidad que Estados Unidos buscaba en plena Guerra Fría.
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Desde entonces, cada ciclo político en la República Dominicana ha tenido un denominador común:
la búsqueda de aprobación del poder norteamericano, ya sea a través de políticas económicas, tratados de cooperación o posicionamientos internacionales alineados con Washington.
La nueva versión del tutelaje: el siglo XXI bajo vigilancia
Durante los últimos años, la relación entre Santo Domingo y Washington ha tomado una nueva forma. Ya no se trata de marines desembarcando en la capital, sino de condicionalidades diplomáticas, acuerdos militares, cooperación en inteligencia y control económico indirecto.
Bajo la administración de Luis Abinader, esta dependencia se ha hecho más visible que nunca:
- Alineación total con la política exterior estadounidense, desde el reconocimiento automático de las posiciones de Washington frente a China, Rusia y Venezuela, hasta su papel en el Consejo de Seguridad de la ONU.
- Participación activa en ejercicios militares conjuntos, como los realizados con el Comando Sur, con el argumento de fortalecer la “seguridad hemisférica”.
- Colaboración estrecha con agencias norteamericanas, especialmente la DEA y el FBI, en operativos de alto perfil dentro del territorio dominicano.
- Dependencia económica y comercial a través de tratados y programas como el DR-CAFTA y la USAID, que condicionan buena parte de la política agrícola y energética nacional.
- Influencia mediática y política, donde la narrativa oficial parece construirse más desde Washington que desde Santo Domingo, especialmente en temas de migración, seguridad fronteriza y políticas energéticas.
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Una soberanía simbólica
La República Dominicana vive hoy bajo una soberanía formal pero condicionada.
No se trata de una colonia, pero tampoco de un Estado plenamente libre para decidir su destino sin la aprobación de sus socios del norte. Como advierten diversos analistas, la independencia del siglo XXI se mide no por las banderas, sino por la capacidad de decidir sin permiso externo.
El país se encuentra en un punto de inflexión: seguir siendo un territorio funcional a los intereses estadounidenses, o reconstruir su propio sentido de independencia, aquel que se perdió en 1965 entre los tanques y las banderas extranjeras.
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De la ocupación militar a la ocupación ideológica
Sesenta años después, la Operación Power Pack no ha terminado del todo. Solo cambió de uniforme. Ya no llega en barcos de guerra, sino en acuerdos diplomáticos, condicionamientos económicos y asesorías políticas. Y mientras sigamos confundiendo cooperación con subordinación, seguiremos siendo una nación libre solo en el papel.
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