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Si Raquel Peña se retira de la carrera presidencial, ¿quién gana y quién pierde dentro del PRM?

Si Raquel Peña se retira de la carrera presidencial, ¿quién gana y quién pierde dentro del PRM?

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Administrador HESADMINISTRADOR HES/14 SEPT DE 2026/1 MIN/visibility6 VISTAS
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El retiro de Raquel Peña no necesariamente fortalece a Carolina Mejía.

Si su estructura termina repartida entre David Collado y Wellington Arnaud, la vicepresidenta podría convertirse en una pieza decisiva para la primaria de 2027, y la opción más lógica para ella podría no ser Carolina, sino Wellington.

Antes de entrar en el análisis, hay que hacer una precisión: hasta ahora no existe un anuncio público de Raquel Peña confirmando su retiro de la carrera presidencial. Lo que sí se ha reportado es que su equipo se reunió para evaluar el futuro del proyecto, incluyendo la posibilidad de que ella desista, y que entre los escenarios analizados aparece una eventual integración de parte de esa estructura al proyecto de David Collado. (El Pregonero)

Partiendo de ese escenario —un ejercicio político y lógico, no una afirmación de que la decisión ya esté tomada— hay una pregunta mucho más interesante:

¿Qué hará Raquel Peña con el capital político que construyó?

La primera decisión: no apoyar a nadie todavía

Desde nuestra perspectiva, lo más prudente para Raquel Peña sería mantenerse al margen, al menos inicialmente.

Y existe una razón política muy poderosa.

Raquel no es una dirigente cualquiera del PRM. Es la vicepresidenta de la República y una de las figuras principales del Gobierno de Luis Abinader.

Por eso, cualquier respaldo suyo a uno de los aspirantes podría interpretarse mucho más allá de una decisión personal.

Si mañana Raquel aparece junto a David Collado, inmediatamente surgirá la lectura:

“Abinader está con David.”

Si aparece junto a Carolina:

“Abinader está con Carolina.”

Y si aparece junto a Wellington:

“El Gobierno se está inclinando por Wellington.”

Aunque eso no necesariamente sea cierto, la política funciona también con percepciones.

Y todavía falta demasiado tiempo para que el presidente del partido oficialista defina públicamente una preferencia.

Abinader acaba de asumir la presidencia del PRM para el período 2026-2030 y tendrá una responsabilidad central en preservar la unidad de la organización. (Impacto Barahonero)

Por eso, incluso si tiene una preferencia personal —algo perfectamente legítimo—, políticamente sería más inteligente no convertirla todavía en una posición pública.

¿A quién beneficia realmente la salida de Raquel?

Aquí comienza el ejercicio interesante.

Si Raquel Peña abandona la carrera, Carolina Mejía podría ser la menos beneficiada de los tres principales proyectos.

¿Por qué?

Porque hasta ahora no existe evidencia pública de que el grueso de la estructura de Raquel esté trasladándose hacia Carolina.

Por el contrario, los movimientos visibles recientes apuntan en otras direcciones.

El proyecto de David Collado ha venido incorporando dirigentes que anteriormente estaban identificados con otros espacios internos. El Día reportó que figuras que eran identificadas con el entorno de Raquel, como Jean Luis Rodríguez, terminaron acercándose al proyecto de Collado. (El Día)

Y recientemente el proyecto de Collado anunció la incorporación de figuras como Víctor Atallah, Julio Landrón, Mario Lama, Guillermo Lama y Juan Manuel Méndez. (Central de Noticias)

Mientras tanto, Wellington Arnaud ha venido fortaleciendo su propia estructura territorial dentro del PRM y logró colocar a Luis Delgado en la Secretaría Nacional Electoral del partido. (Central de Noticias)

Es decir:

Raquel se desmonta y el espacio político que deja no está vacío.

David está tratando de ocupar una parte.

Wellington puede ocupar otra.

Y Carolina necesita evitar que ninguno de los dos convierta esa estructura en una ventaja definitiva.

¿Por qué Raquel no necesariamente debería irse con Carolina?

Aquí aparece una cuestión que puede parecer secundaria, pero políticamente es enorme.

La vicepresidencia.

Supongamos que Carolina Mejía gana la candidatura presidencial del PRM.

¿Podría Raquel Peña acompañarla como candidata vicepresidencial?

Legalmente, una fórmula de dos mujeres no tiene impedimento constitucional por el simple hecho de ser dos mujeres.

Pero políticamente estamos hablando de otra cosa.

República Dominicana ha avanzado muchísimo en la participación política femenina. Sin embargo, todavía sería un experimento político importante colocar a dos mujeres al frente de una boleta presidencial de uno de los principales partidos del país.

Eso no significa que el electorado dominicano no esté preparado.

Significa que ninguna campaña puede ignorar las percepciones, prejuicios y comportamientos electorales que todavía existen en la sociedad.

Por eso, si Raquel está pensando en su futuro político, la alianza con Carolina tendría una limitación evidente:

las dos ocuparían espacios que compiten por el mismo vértice de la boleta.

Raquel podría convertirse en una figura fundamental del proyecto de Carolina, pero sería mucho más difícil justificar su permanencia como candidata vicepresidencial.

David Collado: la alianza más poderosa… y el mayor conflicto

La segunda posibilidad es David Collado.

Y aquí el asunto se vuelve mucho más interesante.

David tiene actualmente una ventaja extraordinaria: su posicionamiento electoral.

Una medición de ACDmedia publicada en agosto colocó a Collado con 59.9 % entre los perremeístas consultados sobre quién debería ser el candidato presidencial, frente a 20 % de Carolina, 6.5 % de Raquel y 2.8 % de Wellington. (Acento)

Pero una primaria no se gana solamente con encuestas.

Se gana con votos.

Y los votos se organizan.

Ahí es donde Raquel puede ser importante.

El problema es que el entorno económico y político que respalda a Collado podría querer conservar capacidad de influencia, mientras que el equipo de Raquel también representa intereses, relaciones y una estructura propia.

Una alianza entre ambos podría producir una fuerza electoral y económica extraordinaria.

David aportaría:

  • posicionamiento nacional;

  • capacidad de comunicación;

  • atractivo electoral;

  • sectores empresariales;

  • una imagen relativamente fresca dentro del PRM.

Raquel aportaría:

  • experiencia de Gobierno;

  • reconocimiento nacional;

  • una estructura política que todavía no está completamente definida;

  • sectores económicos y sociales vinculados a su proyecto;

  • y, sobre todo, una enorme capacidad para sumar a personas que no necesariamente se sienten representadas por las otras corrientes.

Pero existe un problema: los acuerdos políticos no siempre sobreviven al poder.

Una cosa es construir una alianza para ganar una primaria.

Otra completamente diferente es gobernar durante cuatro años.

¿Quién controla qué?

¿Quién ocupa las posiciones?

¿Quién maneja determinadas áreas del Gobierno?

¿Quién conserva influencia sobre las decisiones económicas?

¿Quién tendrá acceso al presidente?

Ahí pueden comenzar los conflictos.

Y esa es precisamente la pregunta que los dominicanos deberían hacerse:

¿Una alianza Collado-Raquel sería una fórmula de unidad o una concentración de poder económico y político demasiado grande?

Y entonces aparece Wellington Arnaud

Aquí encontramos el escenario que, desde el punto de vista estrictamente político, puede ser el más interesante.

Wellington Arnaud y Raquel Peña podrían complementarse mucho mejor.

No necesariamente porque sean los más populares hoy.

Sino porque sus fortalezas son diferentes.

Wellington tiene algo que no se compra fácilmente:

territorio y estructura política.

Ha construido una presencia importante dentro de las bases del PRM y su equipo ha venido trabajando para consolidar una organización propia. (Central de Noticias)

Raquel, por su parte, tiene otro tipo de fortaleza:

capital económico, reconocimiento nacional y una imagen de figura de Estado.

Entonces aparece una fórmula políticamente sencilla:

Wellington presidente.

Raquel vicepresidenta.

Él aporta estructura.

Ella aporta capital político y económico.

Él tiene una fortaleza territorial que ella no necesariamente posee.

Ella tiene una conexión con sectores que él necesita.

Y existe otro elemento geográfico que puede resultar atractivo:

Wellington tiene una base política importante en la capital y otras zonas del país, mientras Raquel tiene una identificación fuerte con el Cibao.

La combinación podría ampliar el mapa electoral interno del PRM.

¿Y qué pasaría con el grupo económico de Raquel?

Aquí está probablemente el verdadero punto de negociación.

Si Raquel se incorpora a un proyecto presidencial, no desaparece el grupo económico y social que se ha relacionado con ella.

Ese grupo buscará preservar su influencia.

Y eso es perfectamente normal en política.

El problema aparece cuando se confunde una alianza electoral con un compromiso de gobierno.

Porque nadie puede garantizar que los acuerdos internos de una campaña serán respetados exactamente de la misma manera cuando llegue el momento de gobernar.

Por eso, una eventual alianza Wellington-Raquel tendría que ser mucho más que:

“Tú eres presidente y yo vicepresidenta.”

Tendría que existir un acuerdo político claro sobre gobernabilidad, programa, equipo, institucionalidad y límites de influencia.

Y aquí aparece una pregunta que no debería ser secundaria para los dominicanos:

¿Qué alianza representa mejor los intereses del país y no solamente los intereses de quienes participan en ella?

Carolina queda atrapada en una posición complicada

Carolina Mejía tiene una fortaleza que ninguno de los otros puede ignorar: estructura política propia y una conexión directa con una de las familias históricas del PRM.

La nueva dirección del partido también reflejó el peso de su corriente, con Juan Garrigó Mejía en la Secretaría General y otras posiciones relevantes. (poderpolitico.com.do)

Pero si Raquel se retira y su estructura se divide entre David y Wellington, Carolina no necesariamente recibe nada.

Y eso es lo verdaderamente importante.

Raquel podría retirarse de la carrera y, paradójicamente, fortalecer a dos de sus competidores en lugar de fortalecer a Carolina.

David recibiría parte de su estructura.

Wellington podría recibir otra parte.

Carolina quedaría prácticamente igual.

Y en una primaria cerrada eso puede ser decisivo.

La jugada de Raquel podría ser más importante que su candidatura

Aquí está nuestra tesis.

Raquel Peña quizás no necesite ser candidata presidencial para convertirse en una de las figuras más importantes de la primaria del PRM.

Puede convertirse en la mujer que determine hacia dónde se inclina una parte importante del partido.

Si se mantiene neutral, conserva capacidad de negociación.

Si apoya a David, puede ayudar a convertir una candidatura electoralmente fuerte en una estructura interna todavía más poderosa.

Si apoya a Wellington, puede transformar una candidatura territorial en una fórmula nacional competitiva.

Y si apoya a Carolina, puede ayudar a consolidar una estructura que ya tiene una fuerte conexión con el núcleo histórico del PRM.

Pero hay algo que no debería hacer demasiado temprano:

entregar todo su capital político sin recibir claridad sobre qué papel tendrá después.

Porque si Raquel se retira para simplemente convertirse en una espectadora, habrá perdido una oportunidad.

Pero si se retira y conserva su estructura, se convierte en una de las piezas más importantes del tablero de 2028.

La verdadera batalla comienza ahora

El PRM todavía tiene tiempo.

La primaria está prevista para 2027 y el partido ha definido que utilizará padrón cerrado y voto universal para escoger sus candidaturas, salvo los casos en que existan acuerdos con organizaciones aliadas. Eso significa que la organización interna será tan importante como la popularidad nacional. (poderpolitico.com.do)

Por eso, el futuro del proyecto de Raquel Peña no debe analizarse solamente preguntando:

“¿A quién va a apoyar Raquel?”

La pregunta correcta es:

“¿Qué estructura política va a sobrevivir al proyecto de Raquel?”

Porque Raquel puede retirarse.

Pero sus dirigentes, empresarios, técnicos, legisladores, alcaldes, funcionarios, relaciones y operadores políticos seguirán existiendo.

Y esos actores tendrán que escoger.

David Collado tiene la ventaja electoral.

Carolina Mejía tiene una estructura política consolidada.

Wellington Arnaud tiene organización territorial.

Y ahora Raquel Peña podría convertirse en la pieza que incline la balanza entre los tres.

Desde esta perspectiva, si hablamos exclusivamente de complementariedad política, Wellington Arnaud podría ser la opción más lógica para Raquel: él podría encabezar la boleta y ella conservar la vicepresidencia, mientras ambas estructuras —territorial y económica— se complementan.

Pero una cosa es lo que resulta lógico para los actores políticos y otra lo que resulta conveniente para República Dominicana.

La pregunta final no es quién tiene más dinero, quién tiene más dirigentes o quién controla más territorio. La pregunta es qué combinación de fuerzas puede gobernar sin que el poder político termine convertido en un reparto de cuotas entre grupos.

Y esa será, probablemente, la verdadera discusión cuando el PRM entre de lleno en la carrera por 2028.

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