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Justicia dominicana: cuando los casos de corrupción como SeNaSa se le buscan “bajaderos”

Justicia dominicana: cuando los casos de corrupción como SeNaSa se le buscan “bajaderos”

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Melvin SenaMELVIN SENA/11 MAR DE 2026/1 MIN/0 VISTAS

La revisión de la medida de coerción en el caso del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa), originalmente pautada para el 11 de marzo de 2026 y ahora movida para mayo, vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que cada vez más dominicanos se hacen: ¿la justicia dominicana está diseñada para castigar la gran corrupción o para administrarla hasta encontrarle un bajadero?

El expediente contra los imputados del caso SeNaSa, donde el Ministerio Público alega un desfalco superior a 19 mil millones de pesos, incluye acusaciones graves: asociación de malhechores, estafa al Estado, desfalco, soborno, falsificación de documentos y lavado de activos.

Entre los principales imputados figura Santiago Marcelo F. Hazim Albainy, exdirector de Seguro Nacional de Salud, señalado como presunto cabecilla del entramado. Un juez ordenó 18 meses de prisión preventiva contra varios implicados, mientras otros permanecen bajo arresto domiciliario.

Sin embargo, más allá de las medidas iniciales, el patrón que muchos dominicanos creen estar viendo es el mismo que se ha repetido durante décadas: procesos que comienzan con gran impacto mediático y terminan diluyéndose en los tribunales.

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El patrón que se repite en la justicia dominicana

Si se revisa la historia reciente de los grandes escándalos de corrupción en el país, el comportamiento institucional parece seguir una misma secuencia:

  1. Explota el escándalo a través de investigaciones periodísticas o denuncias públicas.
  2. El Ministerio Público actúa y realiza arrestos espectaculares.
  3. Se imponen medidas de coerción severas para enviar un mensaje de firmeza.
  4. El proceso se extiende durante años entre incidentes procesales y aplazamientos.
  5. Finalmente aparecen absoluciones, acuerdos, condenas menores o devoluciones parciales de dinero.

Este esquema ha estado presente en múltiples casos de alto perfil en el país.

En el escándalo del programa PEME, vinculado al gobierno de Leonel Fernández, algunos responsables fueron condenados, pero posteriormente recibieron indultos.

El fraude del Plan Renove, ocurrido durante la gestión de Hipólito Mejía, terminó con condenas parciales que nunca compensaron el daño económico causado al Estado.

La crisis bancaria del Banco Intercontinental en 2003 provocó una catástrofe financiera nacional, pero aun así las redes de poder vinculadas al caso nunca fueron desmontadas completamente.

Más recientemente, el escándalo internacional de Odebrecht terminó con absoluciones judiciales en 2024, pese a las confesiones de sobornos realizadas por la propia empresa brasileña.

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La percepción pública: justicia dura para los pobres, flexible para las élites

En la República Dominicana existe una percepción cada vez más extendida: la justicia es implacable con los sectores pobres y extremadamente flexible con los poderosos.

Mientras miles de ciudadanos enfrentan prisión preventiva por delitos menores, los casos de corrupción de miles de millones suelen terminar en:

  • procesos interminables
  • tecnicismos legales
  • acuerdos económicos
  • o absoluciones por falta de pruebas

Cuando los implicados pertenecen a familias influyentes o a círculos empresariales y políticos, la sospecha social es que el sistema termina buscando una salida que reduzca el impacto penal.

En términos populares, lo que muchos dominicanos dicen es simple: “le buscan un bajadero al caso”.

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El caso SeNaSa y la prueba para el sistema

El proceso judicial por el presunto fraude en Seguro Nacional de Salud se ha convertido ahora en una prueba clave para la credibilidad del sistema judicial dominicano.

El Ministerio Público sostiene que se trata de un entramado que desvió miles de millones de pesos del sistema de salud público. De confirmarse esas acusaciones, estaríamos frente a uno de los mayores desfalcos administrativos en la historia reciente del país.

Sin embargo, el aplazamiento de audiencias, las revisiones de medidas de coerción y la complejidad procesal alimentan la inquietud pública de que el caso pueda terminar siguiendo el mismo camino que otros expedientes emblemáticos.

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Una justicia que aún no convence

La lucha contra la corrupción no se mide por la cantidad de arrestos ni por los titulares de prensa.

Se mide por sentencias firmes, recuperación del dinero robado e inhabilitación real de quienes saquearon el Estado.

Mientras eso no ocurra, cada nuevo caso de corrupción seguirá generando la misma sospecha en la opinión pública dominicana:

que al final del proceso los responsables encontrarán una salida judicial que reduzca el castigo.

Y si esa percepción continúa consolidándose, el problema dejará de ser solamente la corrupción.

El problema será la credibilidad misma de la justicia dominicana.

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Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.

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