
El Descaro de Martínez Pozo: Cuando el Sensacionalismo se Antepone a la Verdad
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La tragedia ocurrida el pasado 8 de abril de 2025 en el emblemático centro nocturno Jet Set Club, que dejó 231 fallecidos y decenas de heridos, sacudió profundamente a la sociedad dominicana. Pero lo que debería haber sido un momento de luto y búsqueda objetiva de respuestas fue aprovechado por algunos sectores para sembrar confusión y desviar la atención con teorías irresponsables. Entre ellos, destaca el comentarista Julio Martínez Pozo, quien insinuó —sin pruebas— que el colapso del techo de la discoteca pudo haber sido producto de un atentado terrorista.
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Julio Martínez Pozo, haciendo uso de su plataforma en El Sol de la Mañana y su posición privilegiada en el conglomerado RCC Media, no dudó en llamar la atención del FBI para que se involucrara en una investigación que desde el inicio mostró signos claros de una falla estructural. Su argumento se basó, según dijo, en la supuesta "forma" en que colapsó el techo, y en versiones no verificadas de sobrevivientes, entre ellas, la hija del merenguero Rubby Pérez, también víctima mortal del siniestro.
Afortunadamente, la verdad tiene aliados. El informe técnico preliminar entregado a la Procuraduría General de la República por los ingenieros Leonardo de Jesús Reyes Madera, Eduardo A. Fierro y Máximo José Corominas Quezada —designados como peritos mediante el Auto Núm. 00000027— concluye categóricamente que el colapso fue provocado por una sobrecarga estructural, agravada por ampliaciones posteriores y acumulación de peso no previsto, no por ningún acto de terrorismo ni explosión.
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La investigación, liderada por la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (Onesvie), expone que las vigas del techo cedieron ante una carga superior a la que fueron diseñadas para soportar. Así lo reafirma el informe: "Las cargas a las que fue sometido el techo colapsado sobrepasaron la capacidad de los elementos estructurales responsables de garantizar la seguridad del mismo”, cita firmada por Reyes Madera.
Estas conclusiones desmontan por completo las insinuaciones de Martínez Pozo, quien no solo sembró el miedo innecesario en una población en duelo, sino que utilizó un micrófono con gran alcance para desviar la atención del verdadero problema: la negligencia en las ampliaciones de la estructura y la falta de supervisión técnica adecuada.
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Peor aún, el tono de su intervención fue casi acusatorio, con preguntas que buscaban alimentar el morbo: “¿Por qué el Jet Set?, ¿Por qué esa noche?, ¿Quiénes estaban ahí?” Como si hubiese algo oculto. Pero lo oculto no está en la tragedia, sino en la intención detrás de esos cuestionamientos. En lugar de exigir justicia desde la razón, Martínez Pozo prefirió la ruta del sensacionalismo, la que sirve a intereses que no son los del pueblo.
¿Hasta cuándo vamos a tolerar que comentaristas con amplio poder mediático operen sin responsabilidad? En un país que exige verdad, transparencia y rendición de cuentas, el periodismo no puede convertirse en una fábrica de teorías sin base. Las tragedias no son combustible para agendas personales ni para manipular la opinión pública.
Mientras los familiares de las víctimas buscan consuelo y la justicia avanza en establecer responsabilidades reales, figuras como Martínez Pozo demuestran que para algunos el micrófono no es un compromiso con la verdad, sino un instrumento para distorsionarla.
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