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Crecimiento para las élites, carestía para el pueblo: el espejismo económico de Abinader

Crecimiento para las élites, carestía para el pueblo: el espejismo económico de Abinader

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Melvin SenaMELVIN SENA/08 AGO DE 2025/1 MIN/0 VISTAS

Mientras el presidente Luis Abinader y su gobierno se jactan en cada tarima de haber garantizado “estabilidad” y “crecimiento económico”, la realidad que enfrentan millones de dominicanos en el colmado, en el transporte público y en la factura del gas demuestra lo contrario. Su discurso triunfalista choca con los datos que revela el propio Banco Central y que evidencian una presión sostenida sobre los sectores más vulnerables de la población, sin que se vean reflejados los supuestos beneficios del crecimiento.

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Inflación silenciosa pero persistente

En julio de 2025, la inflación general fue de 0.38%, una cifra que a simple vista puede parecer moderada, pero que esconde realidades más duras. El grupo de Alimentos y Bebidas No Alcohólicas, que representa el mayor peso en la canasta básica del dominicano, tuvo una inflación de 0.47%, impulsada principalmente por el aumento en el precio del pollo fresco, guineos verdes, pan sobado, salami y yuca, alimentos esenciales en los hogares de clase media y baja. Es decir, la inflación golpea directamente la mesa del dominicano.

Aunque el BCRD trate de suavizar el impacto mencionando que productos como el ajo, aguacates y limones bajaron de precio, son precisamente los productos que más se consumen diariamente —los que aumentaron— los que afectan el presupuesto del pueblo. El pollo, por ejemplo, ha tenido alzas constantes que ni el calor ni las lluvias pueden seguir justificando. No es un tema estacional, es estructural.

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El costo de vivir: transporte, vivienda y servicios con el presidente Abinader gobernando

El informe detalla que los aumentos no son exclusivos de los alimentos. El grupo Vivienda subió un 0.74%, arrastrado por el alza del gas licuado de petróleo (GLP) y el aumento en los alquileres. El grupo Transporte, por su parte, subió un 0.24%, afectado también por el GLP, el gasoil, los vehículos y las tarifas del motoconcho y los carros públicos. Todo esto indica que vivir y desplazarse en República Dominicana se ha encarecido, mientras el gobierno insiste en promover una narrativa ajena a la cotidianidad de la gente.

El alza en el grupo Restaurantes y Hoteles (0.43%) también evidencia que comer fuera del hogar ya no es opción siquiera para quienes antes podían permitírselo. Y el aumento en el grupo Bienes y Servicios Diversos (0.34%), impulsado por artículos de cuidado personal, deja claro que hasta lo básico para el aseo está fuera del alcance de muchos.

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La inflación golpea más al que menos tiene

Otro dato contundente es la inflación por quintiles. El informe revela que los más afectados por el alza de precios son los quintiles 1, 2 y 3 (los más pobres), con variaciones de 0.39%, 0.44% y 0.43%, respectivamente. En cambio, el quintil 5 (el más rico) apenas percibió una inflación de 0.27%, porque los alimentos tienen menos peso en su canasta, y porque incluso se benefician de bajas en pasajes aéreos. Esto desmonta completamente la idea de una economía equitativa o inclusiva: los más pobres llevan la carga.

Una narrativa que no resiste contraste

El presidente Abinader ha repetido en múltiples ocasiones que la economía dominicana está entre las que más crecen en América Latina. Pero ¿de qué sirve ese crecimiento si no se traduce en bienestar? Los salarios siguen estáticos, mientras los productos esenciales suben, y la clase media está cada vez más presionada, endeudada o desplazada.

Incluso si la inflación interanual se sitúa en 3.40%, dentro del “rango meta” del 4.0 ± 1.0 %, el dato es frío y no dice nada sobre el empobrecimiento silencioso que vive una población que trabaja más y alcanza menos. El “logro” de mantener la inflación dentro de un rango técnico no se refleja en la tranquilidad financiera del pueblo, sino en informes que sirven más para fines de relaciones públicas que para enfrentar la pobreza.

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Promesas vs. realidad

A más de cinco años de gestión, Luis Abinader ha tenido suficiente tiempo para demostrar si su modelo económico sirve o no.

Y los datos, sus propios datos, muestran una profunda desconexión entre el discurso del Palacio y la vida en los barrios. Aumentos en el gas, en el alquiler, en la comida, en el transporte y hasta en el cuidado personal —todo eso mientras se venden titulares de “bonanza”, “crecimiento” y “rango meta de inflación”.

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Esa es la tragedia del relato oficial: cifras maquilladas que no pueden esconder el hambre en los colmados, la frustración en las paradas de guagua, ni el endeudamiento que crece en cada hogar dominicano.

El pueblo no come inflación dentro del rango meta. El pueblo come pollo, yuca, pan sobado y salami. El pueblo no viaja en jets ni calcula su bienestar en porcentajes. Vive con el peso en el bolsillo, que cada día alcanza menos. Y si bien la macroeconomía puede servir para atraer inversión o calmar a los organismos internacionales, la microeconomía del día a día sigue mostrando que el gobierno de Abinader, pese a su discurso, no ha logrado estabilizar el país donde más importa: en la mesa de su gente.

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