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En la República Dominicana ya no se bebe como antes: ya no hay ‘cuarto’ en la calle

En la República Dominicana ya no se bebe como antes: ya no hay ‘cuarto’ en la calle

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Melvin SenaMELVIN SENA/27 OCT DE 2025/1 MIN/0 VISTAS

En los informes oficiales, la República Dominicana se muestra como un país líder en crecimiento económico en Latinoamérica. Datos del Banco Central, el FMI y la CEPAL apuntan a un crecimiento promedio del 3.7% entre 2020 y 2025, con picos de hasta 12.3% en 2021, tras el colapso económico de la pandemia. Las cifras oficiales hablan de un turismo récord, remesas que sostienen el consumo y una recuperación sólida tras la desaceleración global.

Pero mientras los titulares celebran, otra métrica silenciosa cuenta otra historia:

la ingesta de alcohol. En República Dominicana donde el consumo de bebidas alcohólicas suele ser un reflejo del nivel de actividad económica y del poder adquisitivo de la población, el comportamiento del consumidor común empieza a mostrar señales preocupantes.

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Las estadísticas del sector muestran que, si bien los bares y supermercados reportaron aumentos tras la pandemia, los últimos meses indican un freno en las ventas de bebidas de mayor precio. Las marcas locales populares mantienen ventas estables, pero los licores importados, que dependen del poder adquisitivo de la clase media y alta, registran descensos. Esto coincide con la presión inflacionaria sobre alimentos y servicios básicos, que reduce el presupuesto de ocio y consumo discrecional.

El gobierno insiste en proyectar un 4.5% de crecimiento para 2025, y sus funcionarios repiten cifras optimistas sobre inversión extranjera y turismo. Sin embargo, la realidad de la calle es otra: los dominicanos están ajustando gastos, buscando alternativas más baratas o directamente reduciendo el consumo. La economía puede mostrar números verdes en el papel, pero la "botella" revela tensión: si las familias recortan alcohol, ropa, entretenimiento y otros bienes no esenciales, es una señal clara de que la economía real no crece al ritmo que proclaman los titulares.

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En otras palabras, mientras los datos oficiales hablan de recuperación y liderazgo en la región, el comportamiento de consumo cotidiano, medido en bares, colmados y tiendas, nos recuerda que la economía de muchos dominicanos se contrae de facto. La diferencia entre optimismo político y experiencia ciudadana es palpable.

No es que la República Dominicana esté en recesión formal, pero sí hay un desgaste silencioso en el bolsillo del ciudadano promedio.

Quizá las cifras macroeconómicas sean impresionantes para organismos internacionales y medios especializados, pero para entender la verdadera salud económica de un país, basta mirar lo que los dominicanos compran, beben y consumen día a día. Y en ese escenario, la botella habla más que cualquier informe oficial.

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https://youtu.be/hAYY-ylPeOE

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