
El espejismo del “logro económico”: República Dominicana se hunde en deuda mientras el Gobierno de Abinader celebra
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En los últimos años, República Dominicana ha sido presentada por el Gobierno de Luis Abinader como un ejemplo de “estabilidad y crecimiento económico” en la región. Sin embargo, las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la CEPAL muestran una realidad muy diferente: el país ha entrado en una peligrosa espiral de endeudamiento que se disfraza de éxito.
De acuerdo con los datos más recientes del FMI, la deuda pública dominicana representa el 60% del PIB en 2025, y aunque se proyecta una ligera reducción al 58.9% en 2026, esta baja no obedece a una mejora estructural de la economía, sino a operaciones de refinanciamiento y emisión de nuevos bonos. Es decir, se está pagando deuda vieja con deuda nueva, un círculo vicioso que compromete las finanzas públicas y la soberanía nacional.

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La emisión de bonos en este gobierno de Abinader: la trampa del “crecimiento”
En 2024, la República Dominicana se colocó entre los países que más bonos soberanos emitieron en América Latina y el Caribe, con 3,030 millones de dólares, equivalente al 6% del total regional, según la CEPAL. Solo México, Chile, Brasil, Perú, Colombia, Uruguay y Panamá superaron esa cifra.
El Gobierno ha vendido estas emisiones como una muestra de confianza internacional y un signo de “fortaleza económica”. Pero en realidad, emitir bonos soberanos no es un logro: es una señal de dependencia. Cada bono representa deuda que se pagará con los impuestos futuros de los ciudadanos y con un presupuesto cada vez más presionado por los intereses financieros.

Una economía cautiva del FMI y el BID
El modelo económico dominicano ha quedado atado a los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estas instituciones, bajo el discurso de la “estabilidad macroeconómica”, imponen políticas que priorizan el pago de deuda sobre la inversión social y productiva. El resultado: la pérdida progresiva de la autodeterminación económica.
Hoy, más del 50% de los ingresos por deuda soberana se destina a la amortización de deudas anteriores, y otro 35% se usa para cubrir el déficit presupuestario. En otras palabras, el dinero nuevo no genera desarrollo, solo mantiene a flote un sistema endeudado. ¿Y qué queda fuera de esa ecuación? La inversión pública real: salud, educación, innovación, infraestructura y empleo digno.
De economía productiva a economía de subsidios
Hace apenas cinco años, República Dominicana era señalada como la economía de mayor crecimiento en el Caribe. Hoy ha descendido al cuarto lugar, según las proyecciones regionales. La pérdida de dinamismo económico no es casual: se ha abandonado la producción nacional y el gasto inteligente, sustituyéndolos por un modelo de subsidios que solo alivia temporalmente la pobreza mientras fortalece la dependencia del Estado.
El resultado es una economía que simula estabilidad sobre un andamiaje de deuda, donde la mayoría de los ciudadanos enfrenta un costo de vida cada vez más alto. La inflación acumulada, los precios de los alimentos y los combustibles, y la falta de empleo formal son síntomas de un sistema que prioriza la deuda sobre el bienestar.


La deuda como política de control en el gobierno de Abinader.
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El endeudamiento se ha convertido en una herramienta de control político y social. Mientras el Gobierno se endeuda más para sostener su imagen de éxito, los ciudadanos deben pagar los costos de una vida más cara, servicios públicos deficientes y salarios estancados.
Los bonos soberanos, lejos de ser una victoria, son el reflejo de una economía secuestrada por intereses financieros internacionales. Y mientras se celebra el acceso a más deuda como si fuera desarrollo, la producción, la inversión y el futuro del país se diluyen en el pago eterno de compromisos que no generan progreso.
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