
Estado de Emergencia para qué, Abinader: ¿para ayudar o para abrir la caja chica?
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El país no acaba de entender qué parte de la palabra emergencia algunos funcionarios no logran procesar. El presidente Luis Abinader habló sobre la posibilidad de declarar un Estado de Emergencia Nacional por los efectos del huracán Melissa, y francamente, con los datos sobre la mesa, eso no tiene ni pies ni cabeza.
Veamos los números, porque los números no mienten: cero fallecidos confirmados, apenas 735 viviendas afectadas (de las cuales solo 17 tienen daños graves), infraestructura casi intacta —el 98% del sistema eléctrico está funcionando, las carreteras están afectadas pero transitables, y las pérdidas agrícolas, aunque importantes, no son generalizadas.
¿De qué emergencia nacional estamos hablando Abinader?
Durante el huracán Fiona en 2022 hubo más de 12,000 viviendas afectadas, dos muertes confirmadas, y el país sí necesitó mecanismos extraordinarios. En 1979, con David, colapsó la nación entera. En cambio, con Melissa el panorama es distinto: no hay colapso, ni caos, ni tragedia nacional.
Entonces, si los datos no justifican un Estado de Emergencia, ¿por qué se menciona siquiera esa posibilidad? Sencillo: porque en República Dominicana cada vez que huele a decreto de emergencia, también huele a dinero fácil. Un Estado de Emergencia permite reasignar presupuestos sin pasar por los controles habituales, firmar contratos exprés, mover fondos, y hacer “compras rápidas”. En lenguaje llano: permite abrir la caja chica del Estado sin rendir cuentas a tiempo.
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Y ojo, aquí nadie niega que hubo afectaciones. Claro que sí. Pero lo que hay que hacer es ayuda focalizada, no un decreto nacional que parezca más un permiso para gastar sin supervisión.
El mismo presidente reconoció que el Gobierno tiene “recursos suficientes para responder” y que nunca han “desamparado a su gente”. Entonces, si hay fondos y capacidad institucional, ¿para qué el show del Estado de Emergencia?
La Ley 21-18 sobre gestión de riesgos establece que solo puede declararse emergencia si los daños superan la capacidad de respuesta ordinaria del Estado. Y no hay un solo indicador que diga eso. El propio COE, Agricultura y Obras Públicas reportan control y operatividad en casi todo el país.
Lo que realmente parece estar ocurriendo es una presión política y social, especialmente desde senadores y sectores del sur, que quieren ver “acciones rápidas” y fondos frescos. Pero una cosa es agilidad institucional, y otra muy diferente es abrir la puerta al gasto sin freno bajo la excusa de una tormenta que, gracias a Dios, no hizo estragos graves.
Por eso, y con toda honestidad, felicitamos al Gobierno.
Sí, felicitamos al presidente Abinader y a las instituciones de socorro por su buena gestión y coordinación durante el paso de Melissa. El país recibió ráfagas parciales, lluvias intensas, pero sin víctimas ni colapsos mayores. Eso merece reconocimiento.
Pero de ahí a hablar de Estado de Emergencia Nacional… es una exageración innecesaria.
Más que un acto de prudencia, suena a ensayo político y administrativo para ver cuánto se puede mover sin rendir cuentas.
En resumen:
👉 No hay muertos.
👉 No hay colapso nacional.
👉 No hay crisis humanitaria.
👉 Y sí hay recursos disponibles.
Entonces, presidente, con todo respeto: no necesitamos un decreto de emergencia, sino una administración transparente y eficiente.
Porque lo único que se justificaría con los datos actuales sería una declaración de emergencia ética, no nacional.
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