
Estados Unidos y la doble moral en la lucha contra el narcotráfico
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Estados Unidos se presenta como “policía global” contra las drogas, pero las cifras demuestran que es el mayor consumidor y uno de los principales beneficiarios del negocio.
El mayor consumidor de cocaína del mundo
Estados Unidos continúa siendo el mayor mercado de cocaína a nivel global. De acuerdo con cifras históricas, ha llegado a concentrar hasta el 50 % del consumo mundial, lo que equivale a unas 300 toneladas anuales en su punto más alto. Solo en cocaína, los estadounidenses gastan más de 28 mil millones de dólares al año, según estimaciones de la CIA.
El país norteamericano no solo consume, sino que mantiene estable la demanda que alimenta a los carteles de América Latina. Sin ese mercado, el narcotráfico no tendría la fuerza económica que hoy exhibe.
Una “guerra” costosa y poco efectiva
Desde que Richard Nixon declaró la “guerra contra las drogas” en 1971, EE.UU. ha invertido más de un billón de dólares en políticas de represión, interdicción y cooperación militar en el extranjero.
Tan solo en 2023, el presupuesto federal destinado a este rubro alcanzó los 39 mil millones de dólares. Para 2025, la solicitud asciende a 1,000 millones adicionales para programas internacionales, de los cuales casi la mitad se dirigirán a la DEA y una porción importante al Departamento de Estado.
A pesar de estas cifras, los indicadores muestran que el consumo interno sigue siendo elevado y el narcotráfico continúa siendo uno de los negocios ilegales más rentables del planeta.
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Exportación de políticas punitivas
La estrategia estadounidense no se limita a su territorio.
Entre 2015 y 2024, Estados Unidos y la doble moral en la lucha contra el narcotráfico destinó 13 mil millones de dólares a programas de lucha antidrogas en América Latina y otras regiones.
Sin embargo, organizaciones internacionales cuestionan que esos recursos no se invierten en salud pública ni en reducción de daños, sino en operaciones militares y policiales que terminan afectando a las poblaciones locales, sin atacar la raíz del problema: la demanda estadounidense.
El dinero regresa a Wall Street
La otra cara del negocio está en el lavado de dinero. La propia Oficina de Evaluación de Amenazas de EE.UU. reconoce que la distribución mayorista de drogas en su territorio genera entre 13.6 mil millones y 48.4 mil millones de dólares anuales.
Parte de esos fondos se envían hacia México y Colombia para mezclarse con ingresos legítimos y luego retornan a la banca estadounidense. Solo hacia México se estima que fluyen hasta 17.7 mil millones de dólares cada año.
Incluso existen mecanismos como el Black Peso Exchange, utilizado durante décadas por carteles colombianos para lavar cerca de 5 mil millones de dólares anuales con la complicidad de empresas fachada y estructuras opacas dentro del propio sistema financiero estadounidense.
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La contradicción de Estados Unidos
Mientras señala a países productores y ofrece recompensas millonarias por capos latinoamericanos, Estados Unidos evita mirar hacia adentro: su población sigue siendo la principal consumidora de cocaína y su sistema financiero, uno de los más vulnerables al lavado de dinero.
En palabras de varios analistas, se trata de una política de doble moral: el país exige sacrificios externos, pero mantiene intacto el motor del negocio dentro de sus fronteras.
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