
Gestiones van y Gestionen vienen y República Dominicana nunca a tenido un buen Gobierno
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Gestiones van y gestiones vienen, y la República Dominicana nunca ha tenido un buen gobierno. La historia reciente del país está marcada por una continua decepción, donde cada administración parece repetir los errores de la anterior, dejando a la ciudadanía con la sensación de que la esperanza de un gobierno eficiente y justo es solo un sueño lejano.

La persistente mala suerte en la gestión gubernamental en la Republica Dominicana, ha generado un clima de desilusión y frustración, mientras los dominicanos observan cómo sus necesidades y derechos son frecuentemente ignorados o mal atendidos.
Con la Barrick, regalamos el oro; con el CEA, regalamos los terrenos; con el Turismo, regalamos los beneficios; con Punta Catalina, un fideicomiso; con la UASD, … ni hablar; con lo que sea que pongamos, siempre pierde el país. ¡No hay forma que este país avance así! ¡NO HAY FORMA!
Es tiempo ya de llamar al pueblo a la rebelión. Tenemos 60 años sufriendo la ineficiencia de los políticos corruptos que todo lo venden. Dios, Patria y Libertad.
El pueblo dominicano pierde miles de millones de dólares anualmente debido a medidas gubernamentales que solo benefician a las multinacionales y a los grandes empresarios. Cada contrato y concesión otorgada a empresas extranjeras parece ser una pérdida asegurada para la nación.
Por ejemplo, los acuerdos con la Barrick Gold han resultado en ingresos significativamente menores para el país en comparación con el valor real de los recursos extraídos. Según estimaciones, el Estado dominicano solo recibe entre el 3% y el 5% de los beneficios netos de la explotación minera, mientras que la Barrick Gold obtiene ganancias que superan los $1,500 millones de dólares anuales.

El caso del Consejo Estatal del Azúcar (CEA) es otro ejemplo de cómo los terrenos nacionales son vendidos a precios irrisorios, beneficiando a pocos mientras el pueblo sufre la pérdida de tierras valiosas. Terrenos vendidos por menos del 10% de su valor real privan al Estado de cientos de millones de dólares que podrían ser utilizados para el desarrollo agrícola y urbano del país.
El sector Turístico, una de las principales fuentes de ingresos para la República Dominicana, también está en manos de intereses que no siempre priorizan el bienestar del país. Las exenciones fiscales y los incentivos otorgados a empresas extranjeras resultan en menos ingresos fiscales, estimados en alrededor de $500 millones de dólares anuales, que podrían ser utilizados para mejorar la infraestructura y los servicios públicos.
La situación con Punta Catalina, donde se estableció un fideicomiso, es una clara señal de cómo las decisiones gubernamentales a menudo benefician a unos pocos a expensas del pueblo. La falta de transparencia y la sospecha de corrupción en torno a este proyecto han generado desconfianza y enojo entre los ciudadanos. Se estima que el costo del proyecto superó los $2,000 millones de dólares, una carga financiera que recae sobre los contribuyentes sin los beneficios esperados.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) también es un reflejo de la negligencia gubernamental. En lugar de ser un bastión de educación y progreso, la UASD enfrenta constantes crisis presupuestarias y de gestión, afectando a más de 200,000 estudiantes que buscan mejorar sus vidas a través de la educación. Con un déficit anual que supera los $100 millones de dólares, la calidad educativa y las oportunidades de desarrollo para miles de jóvenes se ven seriamente comprometidas.

La lista continúa, y con cada decisión equivocada, el país pierde más. Los recursos naturales, los terrenos, los beneficios económicos, y las oportunidades de desarrollo se escapan entre los dedos de una nación que ha sido sistemáticamente explotada por sus propios líderes.
Es hora de que el pueblo dominicano se levante contra esta continua traición. Necesitamos un gobierno que trabaje para el bienestar de todos, no solo de unos pocos privilegiados. La corrupción y la venta del país deben terminar. Dios, Patria y Libertad deben ser más que palabras; deben ser el grito de batalla de una nación que exige justicia y equidad.
La República Dominicana no puede avanzar mientras continúe en manos de políticos que venden su futuro por ganancias personales.
Es tiempo de una rebelión, de un despertar del pueblo dominicano para reclamar lo que es suyo por derecho.
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