
De empleado a socio millonario: Guillermo Estrella Ramia, árabe donante de campaña de Abinader y ex empleado de Coastal (GB Energy), ahora figura en el proyecto Energía 2000 en Manzanillo
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Luis Abinader llegó al poder vendiendo un discurso de transparencia, institucionalidad y “cambio”. Pero hoy, a la vista de proyectos como Manzanillo Power Land y la trama empresarial que lo rodea, la pregunta que muchos se hacen es si Abinader no resulta ser igual o incluso más corrupto que todos los expresidentes juntos.
El proyecto Energía 2000, S.A., que impulsa la construcción de la planta termoeléctrica de 414 MW en Pepillo Salcedo, Montecristi, es presentado como un hito de desarrollo energético. Sin embargo, detrás de los discursos oficiales se esconden conexiones directas entre donantes de campaña del presidente Luis Abinader y empresas favorecidas en el negocio eléctrico.
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Un caso emblemático es el de Guillermo Estrella Ramia, un abogado y empresario vinculado a Coastal Petroleum Dominicana (socia de GB Energy), donante clave en la campaña de Abinader. Hoy aparece como socio de Energía 2000, beneficiario directo del multimillonario proyecto que cuenta con respaldo estatal y toda la plataforma de promoción del propio presidente.
La narrativa oficial habla de “inversión privada” de US$585.5 millones, pero la realidad muestra un esquema que se repite en la historia dominicana: los amigos del poder, los financistas de campañas y los grupos empresariales cercanos al Palacio Nacional terminan convirtiéndose en los grandes ganadores de los proyectos estratégicos del Estado.
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No es coincidencia que la ETED (Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana) delegara en Energía 2000 la construcción y coordinación de la línea de transmisión de 345 kV, de 128 kilómetros, la más importante en la última década. Ese contrato, lejos de ser una competencia abierta, se canalizó dentro de la lógica del clientelismo empresarial que caracteriza a los gobiernos dominicanos.
Igual que sus antecesores… o peor
Los gobiernos de Balaguer, Hipólito, Leonel y Danilo fueron criticados por corrupción: desde el reparto de obras hasta escándalos como los de Odebrecht, Sun Land, Tucano y Punta Catalina. Pero lo que hoy vemos bajo Abinader es incluso más grave:
- Se disfraza de transparencia lo que en realidad es un traspaso de riqueza pública a bolsillos privados de allegados al poder.
- Se presenta como “inversión privada” lo que depende directamente de permisos, concesiones y facilidades del Estado, siempre en manos de los mismos grupos.
- Se coloca a los donantes de campaña como beneficiarios de las obras de infraestructura más grandes del país.
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Abinader no solo repite el patrón de sus antecesores; lo perfecciona, lo viste de modernidad y lo vende como “cambio”.
La corrupción bajo su gobierno no se ve en sobres manila ni en grabaciones de sobornos, sino en alianzas público-privadas donde el dinero fluye legalmente, pero con el mismo efecto: enriquecimiento de una élite empresarial-política a costa del pueblo.
La gran mentira del “cambio”
Mientras el presidente inaugura proyectos como Manzanillo Power Land con discursos sobre eficiencia y sostenibilidad, en las comunidades siguen los apagones, los altos costos de la energía y la ausencia de verdaderas políticas públicas de impacto social. La gente esperaba un cambio, pero recibió más de lo mismo: el país sigue siendo un botín para los cercanos al poder.
La conclusión es inevitable: Luis Abinader es parte del mismo círculo vicioso de corrupción que han representado los expresidentes dominicanos. Su gobierno, lejos de romper con el pasado, lo perpetúa y lo amplifica con nuevos disfraces.
El pueblo dominicano no debe dejarse engañar. El “cambio” no es más que el continuismo de la corrupción en traje nuevo.
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