
Al final Luis Abinader prorroga el Código Penal y confirma lo que ya era evidente: mintió al país, traicionó a su partido y le falló a su propia familia con las 3 causales
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Finalmente, el presidente Luis Abinader hizo lo que se temía pero se negaban a admitir sus defensores: prolongó el nuevo Código Penal sin las tres causales, rompiendo de forma definitiva una de sus promesas de campaña más simbólicas. Lo que muchos querían maquillar como “una decisión de Estado” o “un gesto de equilibrio”, en realidad es la confirmación pública de que Luis mintió. Y no solo mintió: le falló al país, traicionó a su partido, y, lo más doloroso para su imagen, le falló a su propia familia.
Durante años, Abinader jugó a dos bandas: decía apoyar las tres causales en los medios, en eventos internacionales, en entrevistas, pero nunca movió un dedo para que se incluyeran en una propuesta concreta. Fue tibio con los progresistas y complaciente con los conservadores, un presidente que quiso caerle bien a todos, hasta que el reloj político le exigió definirse. Y cuando llegó ese momento, hizo lo que siempre hace: eligió la salida más cómoda, la más cobarde y la más dañina para su credibilidad.
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Esta decisión no se dio en el vacío.
La carta pública firmada por la primera dama, Raquel Arbaje, y sus hijas, rechazando el Código Penal sin causales, no fue solo un gesto simbólico: fue un grito de desesperación de su círculo más íntimo, un intento de última hora por salvar algo de coherencia en medio del silencio del presidente. Pero ni eso bastó. Luis Abinader prefirió quedar bien con los sectores que lo chantajean con poder religioso y conservador, incluso si eso significaba pisotear el reclamo de su propia familia y de las miles de mujeres que creyeron en su palabra.
Y mientras tanto, los diputados del PRM —que él ha maltratado, ignorado y humillado durante toda su gestión— usaron el Código Penal como campo de batalla para cobrarle factura. Alfredo Pacheco lo dijo con claridad desde el hemiciclo: “Nos fajamos muy duro para que ese hombre esté ahí sentado”, en una frase que más que recordar un apoyo, reclamaba obediencia y reconocimiento. Porque en su afán de gobernar con tecnócratas y figuras externas, Abinader abandonó a los cuadros históricos de su partido, que ahora lo ven como un líder débil y desconectado.
Esta prórroga del Código Penal no es solo una decisión administrativa.
Es el símbolo de un presidente que ha fracasado donde más prometió. Prometió modernización, y entrega un Código arcaico. Prometió valentía, y actúa con miedo. Prometió causas, y entrega cálculos. Y aunque algunos intenten maquillar su falta como “prudencia presidencial”, la verdad es que Luis Abinader es un político torpe, sin visión, sin agallas y sin palabra.
Desde el inicio de su gestión, ha evadido cada decisión difícil, ha improvisado en cada crisis, y ha dejado claro que no tiene el colmillo ni el carácter para liderar un país con desafíos reales. Gobernó con la suerte de un momento, pero la suerte no dura para siempre, y el tiempo —como ha ocurrido hoy— termina revelando quién es quién.
Luis Abinader le mintió al país, rompió su promesa de campaña, traicionó sus propias palabras, y ahora carga con el peso de haber fallado donde más importaba: en defender la vida, los derechos y la dignidad de miles de mujeres. No importa la narrativa que intente imponer el Palacio: la realidad es una sola. El presidente falló. Y su palabra, ya no vale.
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