Las declaraciones de Santiago Matías (Alofoke) sobre una eventual apertura de Cuba han generado preocupación en algunos sectores turísticos dominicanos. Su argumento es simple: si Cuba abandona el aislamiento político y económico que ha vivido durante décadas, millones de turistas podrían cambiar Punta Cana por Varadero, La Habana o los cayos cubanos.
Y aunque la preocupación de Santiago Matías, es comprensible, quizás la verdadera pregunta no es qué pasaría con Cuba, sino qué tan saludable es el modelo turístico que República Dominicana ha construido durante las últimas décadas.
Durante años se nos ha vendido la idea de que el turismo es la locomotora de la economía nacional. Sin embargo, pocas veces se analiza quién captura realmente la mayor parte de los beneficios que genera esa industria.
En el modelo predominante de resorts todo incluido, gran parte de las reservas se realizan a través de operadores internacionales, agencias extranjeras y cadenas hoteleras cuyos centros financieros están fuera del país. Una porción importante de las ganancias termina siendo repatriada hacia Estados Unidos, España, Canadá y otros mercados donde se encuentran los propietarios o accionistas de esas empresas.
Mientras tanto, el Estado dominicano asume buena parte de los costos de infraestructura. Carreteras, acueductos, redes eléctricas, seguridad pública, aeropuertos y servicios complementarios son financiados directa o indirectamente por los contribuyentes dominicanos.
A esto se suma un régimen de incentivos fiscales que durante décadas ha otorgado exenciones significativas al sector turístico para estimular inversiones. El resultado es que muchos ciudadanos se preguntan si el retorno obtenido por el país es proporcional a los sacrificios fiscales realizados.
Otro problema es la limitada integración entre el turismo y la economía local. Miles de visitantes llegan cada semana al país y pasan casi toda su estadía dentro de complejos hoteleros cerrados. Muchos regresan a sus países sin haber conocido una comunidad dominicana, sin haber comprado productos locales y sin haber interactuado significativamente con pequeños comerciantes nacionales.
El dinero circula dentro de un ecosistema diseñado para retener el gasto del visitante dentro del hotel.
Por eso, una eventual apertura económica de Cuba podría representar algo más que una amenaza. También podría convertirse en una oportunidad para que República Dominicana reevalúe su modelo de desarrollo turístico.
Si algunos inversionistas deciden trasladar parte de sus capitales hacia Cuba atraídos por un mercado virgen, playas espectaculares y una población de más de once millones de habitantes, la República Dominicana tendría la oportunidad de replantear una estrategia basada en mayor valor agregado, turismo cultural, innovación tecnológica, industria local, exportaciones y emprendimiento nacional.
La pregunta de fondo es si queremos seguir dependiendo de un modelo donde gran parte de las ganancias salen del país o si aspiramos a construir una economía más diversificada y menos vulnerable a decisiones tomadas en oficinas corporativas ubicadas a miles de kilómetros de nuestras costas.
Cuba tiene playas hermosas. Eso es indiscutible Santiago Matías, pero el verdadero desafío para República Dominicana no es competir contra Cuba, es competir contra su propia dependencia.
Y si algún día Cuba se abre al mundo, quizás descubramos que el problema nunca fue Cuba. El problema era haber puesto demasiados huevos en una sola canasta.
A todos los medios y “comunicadores” que seguramente leerán este análisis y encontrarán en él insumos para sus propios contenidos: utilizar información es parte del ejercicio periodístico, pero el crédito también lo es. Reconocer a Hackeandoelsistema.net no solo es un acto de ética profesional, sino que además fortalece su propia credibilidad ante la audiencia, proyectándolos como comunicadores serios, con criterio, fuentes y capacidad real de análisis. Dar crédito no resta; al contrario, suma rigor, transparencia y respeto en un ecosistema mediático que cada vez exige más responsabilidad.
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.






