En la política, la percepción suele ser tan determinante como la realidad. David Collado ha construido su carrera sobre un pedestal de eficiencia y pulcritud, presentándose como el «gerente» que la República Dominicana necesita.
Sin embargo, este aura enfrenta hoy un desafío crítico: el contraste radical entre su imagen pública y las constantes denuncias de irregularidades que emanan de las instituciones que orbitan su círculo de influencia.
El Círculo de Hierro y las Grietas Institucionales
Cuando se analizan gestiones como las del ITLA o el FEDA, el discurso de modernidad choca de frente con cuestionamientos sobre el manejo de fondos y licitaciones. No se trata solo de errores administrativos; se trata de una narrativa de «limpieza» que parece detenerse en la puerta de los despachos de sus aliados más cercanos.
ITLA y FEDA: Instituciones que deberían ser faros de desarrollo terminan, con frecuencia, en el ojo del huracán por auditorías deficientes o favores políticos.
Plan Social y Comedores Económicos: La presencia de figuras como Yadira Henríquez añade otra capa de complejidad. Los críticos ven en estas entidades de asistencia social el riesgo de convertirse en cajas de resonancia de viejas prácticas clientelares.
Los «Pecados Originales»: Kimberly Taveras y Adán Peguero.
Para entender el riesgo que corre la marca de David Collado, es imposible ignorar los casos que dinamitaron la promesa de la «nueva política» desde el inicio del cuatrienio.
Estos nombres no son solo manchas en el expediente del gobierno, sino recordatorios de que el entorno de Collado ha estado bajo fuego constante:
Kimberly Taveras (Juventud): Su estrepitosa salida del Ministerio de la Juventud tras no poder justificar un patrimonio millonario siendo tan joven, fue el primer gran golpe a la narrativa de «sangre nueva y honesta». Taveras representaba esa misma estética de éxito y juventud que Collado encarna, pero su caída demostró que el brillo externo puede esconder sombras profundas.
Adán Peguero (IMPOSDOM): El caso de las contrataciones irregulares en el Instituto Postal Dominicano (IMPOSDOM) reveló cómo las estructuras institucionales pueden ser utilizadas para el beneficio de grupos específicos. Peguero, vinculado estrechamente a la maquinaria política que respalda estas aspiraciones, se convirtió en un símbolo de la resistencia de las «viejas mañas» frente al discurso de modernización. El Riesgo de la «Honestidad Selectiva». El mayor peligro para David Collado no es una denuncia directa contra su persona, sino la consolidación de una percepción de honestidad selectiva.
¿Cómo es posible que el «mejor ministro» conviva en una estructura donde engranajes como el FEDA, el ITLA, o figuras como Peguero y Taveras, presentan fricciones tan evidentes con la transparencia?
«La integridad de un líder no se mide por su propia conducta en la cima, sino por la conducta que tolera a su alrededor.»
Este contraste entre el «brillo» mediático de Collado y el «ruido» de corrupción en su círculo crea un vacío de confianza. El país ya no se conforma con funcionarios que «no roban»; exige líderes que no permitan que otros lo hagan bajo su sombra.
¿Marketing o Realidad?
Si David Collado aspira a representar el futuro del país, debe entender que su marca personal no es blindada. El contraste entre su discurso y los reportes de irregularidades en su entorno sugiere una desconexión peligrosa.
Al final del día, el electorado se preguntará: ¿Es Collado un oasis de transparencia en un desierto de corrupción, o es simplemente la cara amable de un sistema que sigue operando bajo las mismas reglas de siempre? Para que el cambio sea real, debe empezar por limpiar la casa propia antes de prometer iluminar la ajena.
Por: Carlos Díaz
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