
República Dominicana está estancada con el PRM, pero el PLD y la Fuerza del Pueblo no son la solución a nuestros problemas
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La República Dominicana atraviesa una etapa de estancamiento bajo el gobierno de Luis Abinader. Si bien no se puede achacar esta situación únicamente al Partido Revolucionario Moderno (PRM), es imposible pasar por alto que la influencia de este partido dentro del gobierno es mínima, aunque su cuota de responsabilidad persiste. A pesar de la promesa de cambio que Abinader presentó durante su campaña, muchos de los problemas que él mismo denunciaba antes de llegar al poder siguen latentes y, en algunos casos, incluso se han agudizado.
La deuda pública de la República Dominicana continúa creciendo de manera alarmante.
A pesar de los esfuerzos por mantener una imagen de estabilidad económica, esta estabilidad se ha logrado a costa de tomar préstamos, incluso para cubrir necesidades básicas como la compra de papel higiénico. Esta política de endeudamiento ha creado un círculo vicioso que pone en riesgo las finanzas del país, y lo que es aún más grave, ha generado desconfianza entre los ciudadanos, que sienten que la estabilidad es más una ilusión creada por las cifras que una realidad tangible.
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La inseguridad también ha alcanzado niveles preocupantes. A pesar de las promesas de un gobierno fuerte y capaz de garantizar la seguridad de los ciudadanos, los actos delictivos siguen aumentando y la población vive con el miedo constante de ser víctima de la violencia. El gobierno ha sido incapaz de implementar soluciones efectivas que realmente disminuyan la criminalidad y mejoren la seguridad en los barrios más afectados.
La inmigración, otro de los grandes problemas que Abinader denunció antes de llegar al poder, sigue siendo un tema pendiente. La falta de una política migratoria efectiva y de soluciones reales ha provocado un aumento de la presión social, con el descontento de los ciudadanos que ven cómo su calidad de vida se ve afectada por la llegada masiva de inmigrantes sin regulación. Esto ha generado tensiones y desconfianza, tanto en los ciudadanos como en los propios inmigrantes, que se ven atrapados en una situación precaria y vulnerable.
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El encarecimiento de la canasta familiar es otro de los aspectos que más afecta a los ciudadanos, sobre todo a aquellos que viven en los barrios. Aunque el gobierno destaca la estabilidad económica, esta es un espejismo para la mayoría de la población. El crecimiento económico que se ha registrado es percibido por los grandes empresarios cercanos al círculo de Abinader, pero la gente de a pie no lo siente. Los precios siguen subiendo, y la pobreza sigue siendo una constante en muchas familias dominicanas, mientras que el gobierno parece no tener respuesta efectiva para enfrentar esta crisis.
Ante este panorama desolador, surge la pregunta: ¿Cuál es la alternativa? Muchos aseguran que la solución no está en el retorno de los viejos partidos de la oposición, como el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) o Fuerza del Pueblo. Ambos partidos comparten la misma base y los mismos actores políticos que gobernaron por más de 20 años, 15 de ellos de manera consecutiva. Durante su mandato, la corrupción fue una constante que nunca se erradicó, y los escándalos que salieron a la luz son innumerables. El pueblo sigue cargando con los costos de esos 20 años de mala administración y desfalco, y aunque los líderes de esos partidos insisten en promover un nuevo liderazgo, la sombra de figuras como Danilo Medina y Leonel Fernández es alargada y la tasa de rechazo hacia ellos sigue siendo alta.
En este contexto, el pueblo dominicano se encuentra atrapado en un ciclo de desconfianza, donde las promesas de cambio no se cumplen y la corrupción sigue siendo una constante. Los ciudadanos buscan una alternativa, pero las opciones no parecen ser mejores. La necesidad de un liderazgo auténtico y comprometido con el bienestar de todos los dominicanos es más urgente que nunca. Sin embargo, el camino hacia un cambio real parece aún lejano, mientras la política tradicional sigue atrapada en un juego de intereses y promesas vacías.
Es hora de que la República Dominicana se enfrente a la realidad:
necesitamos un liderazgo que ponga a la gente y a sus necesidades por encima de los intereses políticos, y que se comprometa verdaderamente a erradicar los problemas estructurales que han mantenido a la nación en el estancamiento por décadas.
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