
Hackeandoelsistema.net responde a Pierre Espérance: República Dominicana no tiene por qué sentarse a dialogar con un Haití que ni siquiera tiene gobierno
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La crisis en Haití, que se agudizó tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, sigue sin mostrar signos de resolución. Las bandas armadas controlan gran parte de Puerto Príncipe, el Consejo Presidencial de Transición (CPT) no logra convocar elecciones, y la comunidad internacional titubea ante la posibilidad de continuar financiando una situación caótica. En este contexto, el sociólogo de Haití Pierre Esperance, director ejecutivo de la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH), ha instado a las autoridades haitianas a dialogar con República Dominicana para abordar el protocolo de deportaciones masivas implementado por Santo Domingo desde octubre de 2024. Sin embargo, la historia de diálogos fallidos entre ambos países y la ausencia de un gobierno funcional en Haití hacen que retomar estas conversaciones sea no solo inviable, sino también injusto para República Dominicana, que ya ha cargado con un peso desproporcionado.
Un Historial de Diálogos Frustrados
Los intentos de diálogo entre Haití y República Dominicana han sido numerosos, pero consistentemente infructuosos.
Un ejemplo claro es la disputa de 2013, cuando Haití impuso restricciones comerciales al pollo y los huevos dominicanos, alegando un supuesto brote de influenza aviar, lo que llevó a tensiones diplomáticas sin resolución efectiva. Más recientemente, en 2023, el conflicto por la construcción de un canal haitiano en el río Masacre/Dajabón evidenció nuevamente la incapacidad de Haití para respectar los acuerdos.
A pesar de los esfuerzos de la Organización de Estados Americanos (OEA) por mediar, las consultas con autoridades de ambos lados no lograron avances, y República Dominicana cerró temporalmente sus fronteras en respuesta. La reunión de la Comisión Mixta Bilateral en mayo de 2021, destinada a resolver el tema del canal, tampoco alteró el curso del conflicto, y la construcción continuó en 2023, exacerbando las tensiones.
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Estos episodios reflejan un patrón: Haití no cumple con los compromisos adquiridos, y sus autoridades, ya sea por debilidad o falta de voluntad, no logran garantizar resultados. Como señaló un usuario en X, "nada de diálogo con Haití por dos razones fundamentales: no cumplen lo pactado y no hay interlocutores válidos en esa parte de la isla." En la actualidad, con un CPT que Esperance mismo califica de "catastrófico" y que no ha avanzado en la estabilización del país, la idea de un diálogo carece de sentido. Haití no tiene un gobierno legítimo ni funcional con el que República Dominicana pueda negociar de buena fe.
La Imposibilidad de Dialogar sin un Interlocutor Válido
El llamado de Esperance al diálogo ignora una realidad crítica: Haití carece de una autoridad central capaz de representar al país. Desde 2021, el CPT ha demostrado ser incapaz de controlar la violencia de las bandas, convocar elecciones o garantizar los derechos básicos de su población. Esperance lamenta que, tras un año en el poder, el CPT "no ha hecho nada" para generar estabilidad política o económica, lo que impulsa la migración masiva hacia República Dominicana. En este contexto, ¿con quién podría dialogar Santo Domingo? Un gobierno interino sin legitimidad ni capacidad de acción no es un interlocutor válido. Como expresó el canciller dominicano Roberto Álvarez en la ONU, la responsabilidad principal de la estabilidad en Haití recae en sus propios líderes, no en República Dominicana.
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Además, la sugerencia de Esperance de que Haití no está en posición de "confrontar" a República Dominicana, sino de dialogar, subestima la frustración dominicana tras años de intentos fallidos. La falta de reciprocidad en las relaciones bilaterales, sumada a la incapacidad haitiana para controlar su frontera y frenar la migración ilegal, ha llevado a Santo Domingo a adoptar medidas más estrictas, como las deportaciones masivas. Estas políticas, aunque criticadas por algunos, son una respuesta legítima a una presión insostenible. Como afirmó el presidente Luis Abinader en 2021, "no hay, ni habrá jamás, una solución dominicana a la crisis de Haití."
La Carga Injusta sobre República Dominicana
Esperance reconoce que no se puede culpar a República Dominicana por deportar a personas que viven ilegalmente en su territorio, pero insiste en que las autoridades dominicanas deben proteger los derechos humanos, especialmente de mujeres embarazadas y parturientas. Si bien es crucial garantizar un trato digno durante las deportaciones, esta responsabilidad no puede recaer únicamente en Santo Domingo. Haití, como señala el propio Esperance, ha fallado en proteger a su población, lo que empuja a miles a cruzar la frontera en busca de seguridad. La presión migratoria ha saturado los servicios públicos dominicanos, con hospitales fronterizos atendiendo un número desproporcionado de pacientes haitianos y un gasto significativo en seguridad y deportaciones.
La comunidad internacional, que Esperance espera apoye a la Fuerza Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), ha sido lenta e insuficiente en su respuesta. La MSS, liderada por Kenia, carece de los recursos necesarios para combatir a las bandas, y la administración Trump ha amenazado con retirar la ayuda económica a Haití. En este escenario, es injusto exigir que República Dominicana, un país en desarrollo con sus propios desafíos, asuma el rol de mediador o salvador. Como expresó un usuario en X, "estoy cansado de que la comunidad internacional pretenda imponerle a República Dominicana la carga de resolver el caos que ellos mismos han ayudado a crear en Haití."
Diálogo, pero no a Cualquier Costo
La propuesta de Esperance para un diálogo que respete los derechos humanos y proteja la frontera es idealista, pero ignora la asimetría en la capacidad de ambos países para negociar. Haití no tiene un gobierno funcional, y sus autoridades no han mostrado interés ni capacidad para cumplir acuerdos previos. República Dominicana, por su parte, ha demostrado solidaridad al acoger a miles de migrantes y permitir el comercio transfronterizo, pero no puede seguir absorbiendo las consecuencias de un colapso que no creó. Los diálogos pasados, como los de 2013 y 2021, han fracasado porque Haití no ha podido sostener su parte del compromiso.
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En lugar de sentarse nuevamente en una mesa de diálogo con un interlocutor inexistente, República Dominicana debe priorizar sus intereses nacionales: fortalecer la seguridad fronteriza, continuar las deportaciones dentro del marco legal y presionar a la comunidad internacional para que asuma su responsabilidad en Haití. Como subrayó Esperance, la solución no está en que Santo Domingo "controle" la crisis haitiana, sino en que Haití encuentre un camino hacia la estabilidad. Hasta que eso ocurra, cualquier intento de diálogo será un ejercicio fútil, y la hipocresía de culpar a República Dominicana por proteger sus fronteras solo perpetúa una narrativa injusta.
República Dominicana no puede volver a la mesa del diálogo con un Haití sin gobierno ni capacidad de acción. Los fracasos históricos de negociaciones bilaterales, combinados con la incapacidad del CPT para estabilizar el país, hacen que cualquier conversación sea inútil. La comunidad internacional debe asumir su rol, apoyando una fuerza multinacional efectiva y presionando por un gobierno legítimo en Haití. Mientras tanto, Santo Domingo tiene el derecho y la obligación de proteger a su pueblo, sin cargar con el peso de una crisis que no le pertenece.
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