
Rusia, China y el ajedrez geopolítico en Haití: ¿sacrificio dominicano a cambio de poder?
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La crisis haitiana sigue siendo un polvorín sin solución clara, y mientras las pandillas controlan hasta el 85% de Puerto Príncipe, el pueblo dominicano vuelve a cargar con la amenaza de un colapso humanitario que inevitablemente desborda su frontera. Pero lo más indignante es que, en medio de esta tragedia, las potencias globales han convertido a Haití y al Caribe en una pieza más de su tablero de ajedrez geopolítico, y a la República Dominicana en un peón sacrificable.
Rusia y China: vetos que condenan a Haití
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En el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y China han bloqueado sistemáticamente las iniciativas impulsadas por Estados Unidos para transformar la actual Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS, liderada por Kenia) en una misión formal de “cascos azules”. ¿La excusa?
- Rusia alega que “no hay paz que mantener” en Haití, recordando los fracasos históricos de la MINUSTAH, sus abusos sexuales y la epidemia de cólera que mató a casi 10,000 personas.
- China insiste en que Haití no necesita otra misión fracasada que consuma recursos, sino estabilidad política generada desde adentro.
Ambos coinciden en señalar que las intervenciones anteriores —con más de 8,000 millones de dólares invertidos desde 1994— han sido inútiles. Pero detrás del discurso de soberanía y prudencia, lo que se esconde es algo mucho más cínico: contrarrestar la influencia de EE.UU. en el Caribe.
Estados Unidos: un imperio decadente, pero implacable
Washington, por su parte, intenta disfrazar de altruismo lo que en realidad es control estratégico. Empuja resoluciones, financia parcialmente la MSS (unos 300 millones de dólares de los 600 que requiere), pero nunca asume el costo total. La narrativa es la de “ayudar” a Haití, cuando en realidad busca garantizar que ninguna otra potencia —ni China con sus inversiones, ni Rusia con sus alianzas— penetre con fuerza en el Caribe.
Lo peor es que el gobierno dominicano se ha entregado dócilmente a ese juego, buscando desesperadamente un acercamiento con la administración Trump y el Partido Republicano, aplaudiendo todo lo que proponen y renunciando a una posición neutral que le convendría mucho más. En vez de jugar el rol de bisagra diplomática, que podría traducirse en inversiones chinas y rusas estratégicas para el desarrollo nacional, se ha optado por la genuflexión: obedecer al “imperio decadente” para evitar que Estados Unidos destape los archivos que guarda sobre cada político dominicano, oficialista u opositor.
La trampa geopolítica: Haití como excusa
El resultado es brutal: mientras Rusia y China bloquean, y EE.UU. presiona, el costo humano lo paga Haití, y en consecuencia, la República Dominicana.
- Más de 5,600 muertes violentas en 2024.
- 700,000 desplazados internos.
- Hambre severa en la mitad de la población haitiana.
Cada veto, cada maniobra diplomática, cada cálculo político que se hace en Nueva York o Washington prolonga el infierno en Haití y condena a la República Dominicana a seguir siendo muro de contención de una crisis que no le pertenece.
¿Neutralidad o sumisión?
La gran pregunta es: ¿hasta cuándo seguirá la República Dominicana pagando el precio de las pugnas entre potencias? ¿Por qué no se construye una política exterior firme que coloque al país como mediador y no como sirviente? El miedo a las presiones de Washington no puede seguir siendo la brújula diplomática de un Estado que ya carga con demasiado.
La neutralidad inteligente —abrirse a inversiones de China, dialogar con Rusia y mantener una relación pragmática con EE.UU.— sería la estrategia más beneficiosa. Pero mientras tanto, la clase política dominicana sigue escogiendo el camino de la sumisión, aunque eso signifique condenar al pueblo a “cargar con la desgracia haitiana” por décadas.
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