
SENASA sigue el mismo guion: ruido mediático, promesas vacías y apuesta al olvido
Contenido migrado desde el archivo editorial de Hackeando el Sistema.
En un país donde los escándalos de corrupción se multiplican como si fueran parte de la programación oficial, el caso SENASA no debería sorprendernos, pero sí debería indignarnos. Porque este no es un caso aislado ni un error administrativo; es otro reflejo de un sistema donde los fondos públicos se manejan con la ligereza con que se maneja el dinero ajeno, y donde los responsables casi siempre logran escapar del peso de la justicia.
Lo justo sería que todos los involucrados respondan sin excepción: funcionarios del oficialismo, figuras de la oposición y empresarios beneficiados por los contratos amañados. Eso es lo que dicta la lógica de la transparencia y el Estado de derecho. Pero, si algo nos enseña la historia reciente, es que en la República Dominicana esas reglas rara vez se aplican.
Basta con revisar los archivos de la memoria colectiva:
- Caso Odebrecht: promesas de justicia, pero al final solo se condenó a dos personas, mientras los grandes beneficiarios políticos quedaron intactos.
- Operación Coral y Medusa: titulares, arrestos mediáticos, y luego… silencio.
- El caso de la Lotería Nacional, que terminó siendo más un espectáculo mediático que un ejercicio de rendición de cuentas.
- Y ahora SENASA, una institución que, paradójicamente, existe para garantizar salud y bienestar, pero que parece haber sido usada para lo contrario: enriquecer a unos pocos a costa del pueblo.
El patrón se repite: el Ministerio Público lanza una investigación ruidosa, los medios la amplifican, el gobierno promete transparencia… y unos meses después, el tema desaparece del debate público. Luego, surge otro escándalo —más reciente, más escandaloso— que borra al anterior. Es el círculo vicioso del olvido, una estrategia casi perfeccionada para enterrar la memoria y la indignación ciudadana.
https://hackeandoelsistema.net/el-desgaste-del-poder-de-abinader-por-que-muchos-dominicanos/
En Hackeandoelsistema.net no nos tragamos ese cuento. No creemos en las “delaciones premiadas” que sirven para negociar la impunidad, ni en los operativos de prensa que maquillan el fracaso del sistema judicial. Creemos en los hechos, y los hechos dicen que, hasta ahora, en este país la corrupción no se castiga: se recicla.
Y mientras no haya consecuencias reales —ni cárcel, ni confiscación de bienes, ni exclusión política—, los funcionarios seguirán viendo el Estado como un negocio, y los empresarios seguirán viendo al gobierno como su principal cliente.
La justicia dominicana, lamentablemente, ha demostrado más vocación para negociar con los corruptos que para castigarlos.
Por eso, ante el caso SENASA, no basta con esperar resultados.
Hay que recordar lo que pasó antes, porque es esa memoria la que evita que nos sigan engañando. Y si algo ha quedado claro en estos años, es que el poder confía en que el pueblo olvide. Nuestra tarea, entonces, es simple: no olvidar.
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.
Cargando comentarios...
Comentarios de la red
No hay comentarios registrados en este nodo.
