
Solo la base debe elegir al candidato del PRM en 2028: si la ignoran, el partido caerá al abismo
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La desconexión entre el gobierno del PRM y su base militante es hoy una realidad imposible de ocultar. La frustración, el sentimiento de abandono y el malestar acumulado dentro del ala política crecen con cada día que pasa. Lo que una vez fue una maquinaria electoral vigorosa, hoy muestra signos claros de desmotivación y desgaste.
Y esto no es solo un problema interno que tiene el PRM:
es un peligro electoral real para el 2028. Si el partido de gobierno quiere mantenerse en el poder, no bastará con contar con buenos indicadores macroeconómicos ni con respaldos empresariales. La clave será el reencuentro con su base, y eso solo se logrará si la candidatura presidencial se define mediante una primaria abierta, auténtica, participativa y respetuosa de la voluntad mayoritaria.
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Dos caminos posibles
En esa primaria, si es libre y justa, solo dos tipos de aspirantes tendrán opción real:
- El que reciba el respaldo abierto o soterrado del presidente Abinader, con un enfoque de continuidad, tecnocracia y conexión con sectores empresariales.
- El que logre construir un discurso que denuncie el abandono de la base y del ala política del partido, apelando al resentimiento acumulado de los que han sostenido al PRM desde el territorio.
De los posibles aspirantes con apoyo presidencial, Raquel Peña es la figura más evidente. Representa la continuidad pura: eficiencia técnica, bajo perfil político y confianza empresarial. Pero también carga con serios problemas de legitimidad dentro del partido, al no tener estructura ni conexión emocional con la militancia. Su candidatura sería vista como impuesta, fría y lejana.
Otro posible heredero del respaldo de Abinader es Eduardo Sanz Lovatón (Yayo). Tiene visibilidad nacional, ha sido parte del engranaje institucional del partido y cuenta con una imagen positiva en algunos sectores. Sin embargo, su gran debilidad es la falta de una estructura territorial sólida y una relación directa con la base perremeísta. Si aspira con seriedad, debe comenzar desde ya a construir presencia real en los municipios, consolidar equipos en las provincias y ganar respeto entre los cuadros políticos del partido.
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En el otro extremo del espectro, está el espacio del candidato que levante la voz por los excluidos del partido. Ese terreno ha sido parcialmente explorado en el pasado, y demostró tener resonancia. Quien logre articular un discurso de dignificación del dirigente de base, de defensa del mérito, del respeto al territorio, podría convertirse en un fenómeno real. Ese espacio existe. Está huérfano de liderazgo, pero lleno de potencial.
En ese marco aparece también Carolina Mejía, quien tiene condiciones ejecutivas, un apellido con peso histórico y un perfil moderado. Pero ella debe tomar una decisión política clara: o se mantiene cercana al presidente y pierde el respaldo de la base, o asume el riesgo de confrontarlo para abrazar el discurso del abandono. Solo lo segundo le daría legitimidad en una primaria real, pero significaría una ruptura de consecuencias imprevisibles. A menos, claro, que logre negociar garantías de poder que le permitan articular un equilibrio. No es imposible.
David Collado, por su parte, tiene el respaldo de sectores económicos poderosos, pero no cuenta con una estructura partidaria fuerte, ni mantiene una relación fluida con el ala política ni la base perremeísta. Además, su identificación con grupos empresariales que han estado en conflicto con el entorno de Abinader le resta posibilidades. A menos que ocurra una reconfiguración de esos bloques de poder, su camino parece cerrado.
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Una figura que combina elementos de ambos mundos es Wellington Arnaud. Tiene estructura política, relaciones con la base y capacidad de articular con el ala técnica. A diferencia de otros, podría presentarse como el candidato del equilibrio, capaz de garantizar continuidad institucional a Abinader, mantener confianza empresarial, pero también darle participación real a la dirigencia política del PRM. Si afianza esa posición, puede consolidarse como el candidato más sensato: uno que no divida, sino que sume.
Sin la base, no hay victoria
El mensaje es claro: el PRM no puede sobrevivir si continúa ignorando a su base y aplazando el poder político real de sus dirigentes territoriales. Los cuadros intermedios están hastiados de ver cómo los beneficios del poder se concentran en burócratas de último minuto y tecnócratas de élite que nunca tocaron una puerta en campaña.
No se trata de repartir prebendas, sino de reconocer trayectoria, sacrificio y compromiso. La militancia no busca favores, busca respeto. Y sin ese respeto, no habrá entusiasmo, no habrá campaña, no habrá votos.
Por eso, de cara a 2028, la única salida legítima es una primaria real, abierta a la participación masiva, donde el que gane sea el que tenga mayor respaldo, no el que tenga más apellidos o cercanía al poder. Si el PRM repite la fórmula de la imposición, se expone a una ruptura interna de consecuencias impredecibles.
La historia es clara: cuando los partidos ignoran su base, el poder se les va de las manos. Aún hay tiempo de evitarlo. La decisión está en manos de quienes hoy aspiran a liderar el futuro.
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