
Los Clinton en Punta Cana: un error político que envía el peor mensaje posible a la sociedad dominicana
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La reunión sostenida en Punta Cana entre el expresidente de Estados Unidos Bill Clinton, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, y el expresidente dominicano Leonel Fernández, acompañado de su hijo, el senador Omar Fernández, no fue un gesto inocente ni políticamente neutro. Fue, por definición, un error político innecesario, cuyos efectos son simbólicos, reputacionales y estratégicos.
Aun cuando inicialmente se intentó presentar el encuentro como una reunión limitada al expresidente Leonel Fernández y al senador Omar Fernández, posteriormente se confirmó que el presidente Luis Abinader también estuvo presente, acompañado de la primera dama Raquel Arbaje. Este hecho agrava el impacto político del episodio, porque coloca al jefe de Estado dominicano en una escena que simboliza cercanía con una élite internacional altamente cuestionada, en un momento de profundo desgaste de la credibilidad política. La presencia de Abinader envía un mensaje contradictorio a la ciudadanía: mientras el discurso oficial insiste en transparencia, institucionalidad y ruptura con las viejas prácticas, la imagen proyectada es la de un poder que sigue buscando validación en figuras del establishment global desacreditado, ignorando la sensibilidad regional —especialmente en torno a Haití— y alimentando la percepción de desconexión entre el liderazgo político y el malestar social existente.
El problema no es legal, es simbólico
No existe ningún señalamiento penal ni acusación judicial que vincule a Leonel u Omar Fernández con actos ilícitos derivados de esta reunión.
El problema es otro: el simbolismo del poder que se exhibe y el mensaje que se transmite.
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Los Clinton representan, para amplios sectores de la opinión pública global y regional:
- El fracaso del modelo de “ayuda internacional” en Haití tras el terremoto de 2010.
- La política de fundaciones utilizadas como extensiones del poder y la influencia.
- La cercanía social documentada de Bill Clinton con Jeffrey Epstein, símbolo máximo de la impunidad de las élites globales.
Aunque muchas de estas percepciones no tengan traducción judicial, sí tienen traducción política.
Un mensaje equivocado hacia la sociedad dominicana
En un país donde crece el rechazo a las élites tradicionales, aparecer cercano a una de las familias políticas más cuestionadas del establishment global refuerza la narrativa que se dice combatir.
La imagen proyecta:
- Continuidad de una política de élites, no de renovación.
- Cercanía con el poder global desacreditado.
- Desconexión con la sensibilidad regional, especialmente en relación con Haití.
Para Leonel Fernández, esto contradice su discurso de reposicionamiento como alternativa al gobierno. Para Omar Fernández, erosiona directamente su principal activo: representar lo nuevo.
El impacto específico sobre Omar Fernández
Omar Fernández no carga con el desgaste histórico de su padre. Su fortaleza radica en una narrativa de juventud, ética y distancia de las prácticas tradicionales del poder.
Sin embargo, una sola imagen puede anular años de construcción simbólica.
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Posar junto a los Clinton lo sitúa:
- En la mesa del poder heredado.
- En la lógica de apellidos, no de méritos.
- En la órbita de un establishment global que la ciudadanía rechaza cada vez más.
No es un golpe inmediato, pero sí es una grieta.
El silencio como agravante
La eliminación de la fotografía sin explicación pública multiplica el daño. En política moderna, cuando se borra sin aclarar, se confirma la sospecha de que algo estuvo mal.
Una explicación clara, directa y temprana habría reducido el impacto.
El silencio lo amplifica.
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Esta reunión no fortalece el proyecto político de la Fuerza del Pueblo.
No suma credibilidad.
No amplía base electoral.
Fue un gesto innecesario que beneficia más a los Clinton que a quienes aspiran a gobernar la República Dominicana.
En política, no todo lo que se puede hacer se debe hacer. Y esta fotografía es un recordatorio claro de ello.
Nota aclaratoria:
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