
Wellington Arnaud despertó la euforia; David Collado pasa desapercibido y Carolina Mejía se ausenta celebración del 11.º aniversario del PRM
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Santiago de los Caballeros.– La celebración del 11.º aniversario del Partido Revolucionario Moderno en la Gran Arena del Cibao dejó lecturas políticas claras más allá del carácter conmemorativo del acto. Mientras Wellington Arnaud despertó una euforia colectiva y orgánica entre la militancia, la entrada de David Collado transcurrió sin mayor impacto, y la ausencia de Carolina Mejía Gómez, secretaria general del partido, marcó uno de los contrastes más comentados de la jornada. En conjunto, el evento funcionó como un termómetro interno que evidenció diferencias en niveles de respaldo, presencia y conexión real con la base partidaria.
La gran ausente de la jornada fue la alcaldesa del Distrito Nacional y secretaria general del PRM, Carolina Mejía Gómez, quien se encontraba fuera del país. Su no comparecencia, más allá de la explicación formal, abrió lecturas políticas inevitables. Para sectores internos, la actividad evidenció que su rol en la Secretaría General tiene un peso más simbólico que operativo: el partido funcionó, se movilizó y proyectó cohesión sin que su ausencia alterara el desarrollo del evento.
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A esto se suma otro elemento de contexto político: la celebración se realizó en Santiago de los Caballeros, una plaza donde el PRM mantiene una valoración sólida y una estructura orgánica activa. Versiones internas señalan que la preferencia de Mejía era que el acto se realizara en la capital, escenario donde su liderazgo territorial tiene mayor visibilidad. El hecho de que el evento se consolidara en el Cibao sin su presencia reforzó la percepción de que la dinámica partidaria trasciende figuras específicas y responde a una lógica territorial más amplia.
Otro momento revelador fue la entrada de David Collado. A diferencia de otros liderazgos, su llegada pasó prácticamente inadvertida. Hubo un intento aislado de generar entusiasmo, impulsado por una sola persona, pero sin efecto colectivo ni réplica orgánica. Las imágenes y la reacción del público evidenciaron una recepción fría, sin la euforia que suele acompañar a figuras con fuerte arraigo en la militancia.
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Este contraste se hizo aún más evidente cuando ingresó Wellington Arnaud.
Sin recursos artificiales de animación —ni redoblantes ni montajes permitidos—, la reacción fue marcadamente distinta. La algarabía se manifestó de forma espontánea y colectiva, con un respaldo visible que, según estimaciones internas, involucró a una amplia mayoría de los presentes. Diputados, alcaldes y regidores de toda la región del Cibao se sumaron a una ovación orgánica que se convirtió en uno de los momentos más intensos del acto.
El mensaje político fue claro: mientras algunos liderazgos intentan posicionarse como las únicas opciones viables para una futura candidatura presidencial dentro del PRM, la base partidaria parece enviar señales distintas. La diferencia entre recepciones no fue marginal, sino estructural, y colocó a Arnaud “en la conversación” de manera inequívoca, no desde el discurso, sino desde la reacción real de la militancia.
Más allá de las lecturas individuales, el evento dejó una conclusión de fondo: el PRM atraviesa una etapa en la que la percepción pública y el respaldo orgánico no siempre coinciden con las narrativas que ciertos sectores intentan instalar. En Santiago, sin artificios y con una militancia activa, el partido mostró que la base observa, compara y responde. Y cuando responde, lo hace con señales difíciles de ignorar.
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