
Abinader y la “renovación” por rotación: el caso Yayo Sanz Lovatón e Ito Bisonó
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El presidente Luis Abinader ha iniciado una nueva etapa de cambios en su gabinete, presentada públicamente como parte de un proceso de “renovación” del gobierno. Sin embargo, un análisis detenido de estos movimientos revela que, más que una renovación real, se trata de una rotación de funcionarios, donde se corrigen errores sin asumirlos políticamente. El caso de Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón e Ito Bisonó es uno de los ejemplos más ilustrativos.
Una gestión exitosa que no necesitaba ser movida
El gobierno de Abinader a tenido en la gestión de Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón al frente de la Dirección General de Aduanas (DGA), desde agosto de 2020 hasta enero de 2026, fue ampliamente reconocida como una de las más eficientes del presente gobierno. Sus resultados son verificables y difíciles de cuestionar:
- Recaudaciones récord: Al cierre de 2025, la DGA superó los RD$266,100 millones en ingresos, más de RD$11,300 millones por encima de 2024. En cuatro años, la institución acumuló más de RD$800,000 millones.
- Despacho en 24 Horas: Implementado en junio de 2021, este programa transformó la logística aduanera, reduciendo tiempos y costos para miles de empresas.
- Nueva Ley de Aduanas (168-21): Sustituyó una legislación obsoleta de 1953, alineando el sistema dominicano con estándares internacionales.
- Eficiencia operativa: Reducción de la nómina de 6,614 empleados en 2019 a 4,875 en 2025, mientras aumentaba la recaudación. La relación nómina/recaudo bajó de 2.13% a 1.03%.
- Modernización tecnológica: Más de 700 mejoras tecnológicas en los sistemas aduaneros.
Mover a un funcionario con este desempeño no responde a una lógica de corrección de fallas, sino a una necesidad política creada en otro espacio del gobierno.
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Ito Bisonó: del desgaste al reacomodo
El 6 de enero de 2026, mediante el Decreto 3-26, Sanz Lovatón fue designado Ministro de Industria, Comercio y Mipymes, siendo sustituido en la DGA por Víctor “Ito” Bisonó. La justificación implícita del movimiento es clara: Ito no logró cumplir las expectativas en el ministerio que dirigía.
La percepción ciudadana —y también interna dentro del PRM— es que Bisonó prometió más de lo que podía ejecutar. Su salida de Industria y Comercio no fue presentada como una destitución, sino como un simple traslado, una forma elegante de corregir sin admitir errores. Para el presidente Abinader, el beneficio político es evidente: colocar a un funcionario eficiente (Yayo) a apagar un incendio dejado por otro.
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Hasta ahí, el movimiento parece razonable.
El verdadero problema: Vivienda y el mensaje político
La dificultad surge con el nuevo destino de Ito Bisonó: el Ministerio de Vivienda. Desde una perspectiva técnica y política, esta decisión resulta altamente cuestionable. Bisonó es licenciado en Administración de Empresas, sin formación ni trayectoria reconocida en el sector construcción o ingeniería, áreas centrales para una institución como Vivienda.
Aunque algunos sectores han intentado vincularlo con la constructora Bisonó por razones de apellido, no existe una relación real que sustente esa narrativa. Aun así, la percepción nacional es que no encaja en el cargo, y en política la percepción pesa tanto como los hechos.
Más delicado aún es el rumor —aún en el terreno de la especulación— de que funcionarios perremeístas del ministerio podrían ser cancelados para dar paso a cuadros reformistas cercanos a Bisonó. De concretarse, esto profundizaría el malestar de la base del PRM y complicaría seriamente la relación partido–gobierno de cara a futuros procesos electorales.
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Lo lógico que no se hizo
Desde un punto de vista estratégico, el movimiento correcto era claro: Ito Bisonó debió quedar fuera del gobierno y abrir espacio a un ingeniero o técnico con arraigo en las filas del PRM. Eso habría enviado un mensaje de coherencia, meritocracia y respeto a la base partidaria.
En lugar de eso, el presidente optó por un reacomodo improvisado, que transmite la sensación de un gobierno que administra errores sobre la marcha, sin planificación política de largo plazo.
El caso Yayo–Ito no es solo un cambio de nombres en el gabinete.
Es una muestra de cómo el gobierno de Abinader confunde renovación con rotación, eficiencia con maquillaje político. Y aunque Yayo Sanz Lovatón probablemente aportará resultados positivos en su nuevo rol, la forma en que se manejó este movimiento deja una pregunta abierta:
¿Está el presidente corrigiendo el rumbo, o simplemente moviendo piezas para que no se note el desorden?
La respuesta, como casi siempre, la dará el tiempo… y las urnas.
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