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La glorificación de la ignorancia: cómo los medios de la República Dominicana han abandonado su deber

La glorificación de la ignorancia: cómo los medios de la República Dominicana han abandonado su deber

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Melvin SenaMELVIN SENA/21 JUL DE 2025/1 MIN/0 VISTAS

Hubo un tiempo en que la ignorancia era motivo de vergüenza. Quien no leía o no sabía, al menos lo disimulaba. Pero en la República Dominicana de hoy, muchos han hecho de su desconocimiento una insignia de orgullo. Se pavonean por las redes sociales sin haber leído jamás un libro completo, sin entender ni querer entender lo que ocurre a su alrededor. Y lo más grave: encuentran recompensa en la visibilidad, el aplauso y el dinero.

Esto no es accidental. Es un fenómeno alimentado por un ecosistema mediático de la República Dominicana que ha elegido dejar de educar para únicamente entretener. El ejemplo más evidente es el imperio mediático de Santiago Matías y su plataforma Alofoke, que ha sabido capitalizar una audiencia masiva, pero cada vez más adicta a lo superficial. Lo que alguna vez fue una oportunidad para acercar la cultura urbana al debate público, hoy es una fábrica de contenido que banaliza el pensamiento crítico, glorifica el morbo y premia la vulgaridad.

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Y lo peor no es que Alofoke Radio Show exista. Lo peor es que los demás medios lo imitan. Programas que antes se jactaban de un mínimo de rigor periodístico ahora corren detrás del mismo modelo, adaptando sus contenidos al molde del “público promedio”, como si eso justificara abandonar la misión informativa. Ya no se compite por informar mejor, sino por captar más views, más clics y más patrocinadores.

En lugar de ser un contrapeso, los medios tradicionales han claudicado. Ya no tienen el monopolio de la verdad ni de la audiencia, y en vez de adaptarse con más ética y profesionalismo, han optado por venderse. Literalmente. Vender sus espacios al gobierno de turno, silenciar las denuncias, maquillar las estadísticas, ocultar los fracasos de políticas públicas evidentes. Hoy, la línea editorial de muchos noticiarios depende más de los contratos de publicidad estatal que del compromiso con la sociedad.

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El resultado es alarmante: una población que, aunque tiene acceso a la educación, elige no ejercerla. Dominicanos y dominicanas que saben leer, pero no leen. Que tienen redes, pero no investigan. Que repiten lo que dice su influencer favorito, aunque sea una barbaridad. Un país que ha confundido libertad de expresión con libertad para estupidizarse.

Mientras tanto, las voces que apuestan por un contenido más edificante son marginadas o etiquetadas como “aburridas”. Se penaliza al que piensa y se premia al que grita. Se excluye al que cuestiona y se viraliza al que hace el ridículo. Se aplaude al analfabeto funcional, siempre que entretenga, siempre que distraiga, siempre que no incomode.

Este es el retrato de una crisis silenciosa, más peligrosa que la inflación o la inseguridad. Es la crisis del pensamiento. Y si no se enfrenta con coraje, terminaremos gobernados no solo por corruptos, sino por idiotas funcionales que llegaron al poder con likes y disparates.

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No se trata de odiar a Alofoke, se trata de exigirle más. No se trata de cancelar al entretenimiento, sino de exigir que conviva con la educación. No se trata de volver al elitismo, sino de rechazar la banalización total de todo.

Porque un pueblo que celebra su ignorancia está condenado a repetir su miseria. Y hoy, más que nunca, los medios tienen que decidir: o sirven al poder y al entretenimiento vacío, o sirven a la República Dominicana.

Nota aclaratoria:
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https://youtu.be/bDQj4bcnSdc

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