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David Collado, Carolina Mejía y Omar Fernández son los “presidenciables” con menos habilidad de comunicar en República Dominicana

David Collado, Carolina Mejía y Omar Fernández son los “presidenciables” con menos habilidad de comunicar en República Dominicana

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Melvin SenaMELVIN SENA/13 ABR DE 2026/1 MIN/0 VISTAS

En la política dominicana actual, la popularidad se ha convertido en un indicador cada vez más engañoso. No necesariamente refleja liderazgo, capacidad o conexión real con la ciudadanía, sino, en muchos casos, el resultado de una construcción estratégica basada en inversión económica, marketing profesional y control del mensaje. Dentro del oficialismo, figuras como David Collado y Carolina Mejía representan con claridad este fenómeno: altos niveles de posicionamiento público que no siempre se corresponden con una capacidad comprobada de comunicación espontánea o conexión profunda con la sociedad dominicana contemporánea.

Pero este no es un problema exclusivo de David Collado o Carolina Mejía dentro del PRM.

También se manifiesta en la oposición, particularmente en el caso de Omar Fernández, cuya popularidad en gran medida ha sido impulsada por una estrategia digital altamente efectiva, especialmente en plataformas como Facebook.

Y, en otro extremo del espectro, aparece un fenómeno distinto pero igual de relevante: Leonel Fernández, un político con gran capacidad oratoria, pero cuya narrativa, aunque técnicamente sólida, enfrenta crecientes dificultades para conectar emocionalmente con el dominicano de hoy.

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El político como producto: una construcción deliberada

El marketing político ha evolucionado hasta convertirse en una herramienta determinante en la construcción de liderazgos. No se trata solo de comunicar ideas, sino de diseñar percepciones.

Expertos en comunicación política coinciden en que los candidatos modernos son tratados como marcas: su imagen, discurso y comportamiento son cuidadosamente diseñados para generar aceptación emocional. Esto implica que la popularidad puede ser inducida, amplificada o incluso fabricada.

En este contexto, el candidato deja de ser únicamente un actor político para convertirse en un producto estratégico.

Dinero, equipos y narrativa: la ecuación del posicionamiento

La popularidad contemporánea suele responder a tres variables clave:

  1. Alta inversión económica, que permite sostener campañas permanentes
  2. Equipos profesionales, que diseñan discursos, apariciones y contenido
  3. Control narrativo, que define qué se dice, cómo se dice y cuándo se dice

En el caso de Collado y Mejía, su posicionamiento no puede analizarse sin considerar el nivel de recursos y estructura comunicacional que los respalda. Cada intervención pública responde a una lógica estratégica, no a la improvisación.

Esto genera una desconexión importante: mientras más trabajado está el candidato, menos auténtico puede parecer.

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El caso Omar Fernández: popularidad digital vs. conexión política

El senador Omar Fernández introduce una variante moderna del mismo fenómeno: la construcción de liderazgo a través del ecosistema digital.

Su presencia en Facebook y otras plataformas ha sido altamente efectiva en términos de alcance, engagement y posicionamiento. Sin embargo, esto plantea una pregunta clave:

¿La interacción digital equivale a conexión política real?

La experiencia internacional sugiere que no necesariamente. La popularidad en redes puede construir imagen, pero no siempre traduce liderazgo sólido o capacidad de gestión en escenarios complejos.

Leonel Fernández: cuando la elocuencia no es suficiente

El caso de Leonel Fernández es distinto, pero igual de ilustrativo.

A diferencia de los perfiles construidos desde el marketing visual o digital, Fernández representa una escuela política tradicional basada en la oratoria, el discurso estructurado y el dominio conceptual.

Sin embargo, en la era de la inmediatez, la emocionalidad y la comunicación simplificada, ese estilo enfrenta una limitación crítica: no logra conectar con amplios segmentos del electorado actual.

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Esto confirma un punto clave: comunicar bien no es lo mismo que conectar.

Casos comparables: una tendencia global

Este fenómeno no es exclusivo de República Dominicana. A nivel internacional, diversos estudios han demostrado que:

  • Las campañas modernas priorizan la percepción sobre el contenido
  • La narrativa emocional puede ser más efectiva que la propuesta técnica
  • La inversión en marketing influye directamente en la intención de voto

En Estados Unidos, Europa y América Latina, el uso de datos, segmentación y storytelling ha transformado la política en una competencia de posicionamiento más que de ideas.

¿Popularidad o construcción artificial? Al analizar estos casos en conjunto —David Collado, Carolina Mejía, Fernández (Omar) y Fernández (Leonel)— emerge una conclusión clara:

  • Algunos son altamente posicionados por marketing
  • Otros dominan el discurso, pero no conectan
  • Y en ambos casos, la popularidad no necesariamente refleja liderazgo real

Esto obliga a replantear cómo se mide el valor político en la actualidad.

El gran desafío del elector dominicano

La República Dominicana enfrenta un dilema profundo: aprender a diferenciar entre lo que es popular y lo que es auténtico.

Cuando el marketing sustituye la política:

  • La imagen desplaza las ideas
  • La estrategia reemplaza la convicción
  • Y el candidato se convierte en una marca más que en un líder

El reto no es eliminar el marketing —porque es parte inevitable del sistema moderno—, sino evitar que se convierta en el único criterio de validación política.

Porque al final, una democracia no debería elegir al mejor posicionado… sino al más capaz de representar y conectar genuinamente con su pueblo.

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