
Desaciertos evitables de un gobierno de Abinader que ignoró la experiencia, la evidencia y el sentido común
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La historia política reciente de la República Dominicana deja una enseñanza clara: muchos de los errores más costosos del gobierno del presidente Abinader no fueron producto de crisis imprevisibles, sino de decisiones mal calculadas, advertidas con antelación y repetidas a pesar de la experiencia histórica. No se trató de mala suerte, sino de falta de sensatez, desconexión social y soberbia tecnocrática.
Gobernar desde el marketing y no desde la realidad social
Uno de los principales desaciertos fue confundir comunicación con gestión.
El gobierno del presidente Abinader, apostó a la narrativa, a la imagen y al control del discurso, ignorando que la gente no vive de anuncios ni de hashtags. La memoria colectiva recuerda cómo, mientras se hablaba de crecimiento, estabilidad y “buen manejo macroeconómico”, el costo de la vida aumentaba, el empleo de calidad no aparecía y los salarios se estancaban.
Esto era evitable. Bastaba con reconocer que el crecimiento sin redistribución no genera bienestar, y que la percepción social no se corrige con campañas, sino con resultados concretos.
Presupuestos que priorizaron intereses antes que personas
Año tras año, los presupuestos nacionales confirmaron una tendencia clara:
incentivos al gran capital, facilidades a importadores y baja inversión en desarrollo humano.
Se pudo evitar el malestar social si se hubiese apostado, con sensatez, por:
- Educación técnica vinculada al empleo real
- Salud pública fortalecida más allá de emergencias
- Políticas activas de empleo juvenil
- Apoyo a la producción nacional en lugar de dependencia importadora
Nada de esto era nuevo. Todo estaba documentado, discutido y advertido. Aun así, se ignoró.
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Desconexión con la calle y exceso de burbuja “élite”
Otro error evitable fue gobernar desde una burbuja social, económica y cultural.
La sensación de que el poder se concentró en un mismo perfil —clase media alta, empresarial, tecnocrática— no es una percepción aislada: es una lectura colectiva que se repite en barrios, campos y redes sociales.
La falta de escucha real llevó a decisiones torpes, reacciones tardías y una constante sorpresa del gobierno ante el rechazo popular, cuando ese rechazo venía gestándose desde hacía tiempo.
Lucha anticorrupción selectiva y sin profundidad estructural
Se vendió como un logro histórico, pero la memoria social distingue entre justicia y espectáculo.
La corrupción no se combate solo con algunos expedientes, sino con:
- Reformas institucionales profundas
- Transparencia real en contrataciones
- Eliminación de privilegios históricos
- Coherencia entre discurso y práctica
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La selectividad, la lentitud y la falta de consecuencias políticas claras minaron la credibilidad de un proceso que pudo ser un punto de inflexión real.
Subestimar el cansancio social y el hartazgo político
Quizás el error más grave —y más evitable— fue subestimar el nivel de frustración acumulada en la sociedad dominicana.
Creer que la gente “aguanta”, que el bono compensa el abandono estructural, o que el silencio es conformidad, es una lectura peligrosa y equivocada.
La historia dominicana demuestra que el descontento ignorado no desaparece: se transforma.
Lo de Abinader, no fue falta de capacidad, fue falta de sensatez
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Muchos de los desaciertos del gobierno no requerían genialidad para evitarse, solo:
- Humildad política
- Escucha activa
- Priorizar a la gente sobre los intereses
- Aprender de la historia reciente
La memoria colectiva no es frágil. Recuerda quién escuchó, quién corrigió y quién insistió en el error.
Y cuando un gobierno falla en lo esencial, no es porque no sabía qué hacer, sino porque decidió no hacerlo.
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