
Dólar en RD$64.05 de mantenerse el endeudamiento, presión cambiaria y ausencia de un plan no sería descabellado que el dólar alcance los RD$90 antes de que Abinader concluya su mandato
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Asimismo, los agentes de remesas y cambio reportaron una tasa de compra de RD$63.05 y una venta de RD$63.90. En este segmento, las variaciones diarias fueron mínimas, con una depreciación de apenas 0.02 % en la compra respecto al día previo.
De mantenerse la tendencia actual de endeudamiento, presión cambiaria y ausencia de un plan económico integral que fortalezca el peso dominicano, no sería descabellado que el dólar estadounidense alcance o incluso supere los RD$90 por dólar antes de que el presidente Luis Abinader concluya su mandato en 2028.
La combinación de un Estado que sigue financiándose con préstamos sin un impacto visible en la productividad nacional, una economía altamente dependiente de las importaciones y una política cambiaria más reactiva que preventiva crea las condiciones para una depreciación acelerada.
En ese escenario, el costo lo asumiría directamente la ciudadanía, con un aumento sostenido del costo de la vida, salarios rezagados y una mayor pérdida del poder adquisitivo, mientras el Gobierno continúa apostando a la deuda como principal herramienta de gestión económica.
El Banco Central publica estas tasas como referencia para el mercado cambiario nacional.
Análisis económico
Aunque en la jornada se registra una leve depreciación del dólar, el nivel en que se mantiene la divisa estadounidense continúa teniendo un impacto directo y sostenido sobre la economía de los dominicanos. Un dólar elevado encarece las importaciones, presiona los precios de los alimentos, los combustibles, los medicamentos y los servicios, y reduce el poder adquisitivo de los salarios, especialmente en los sectores de ingresos medios y bajos.
Este comportamiento cambiario también afecta a las pequeñas y medianas empresas que dependen de insumos importados, incrementando sus costos operativos y trasladando parte de ese aumento al consumidor final. En términos prácticos, el resultado es una inflación persistente que se siente en el día a día de la ciudadanía, aun cuando las cifras macroeconómicas intenten proyectar estabilidad.
Preocupa, además, que no se perciba un plan claro y estructurado por parte del Gobierno para controlar de manera sostenible la presión cambiaria y sus efectos colaterales. A esto se suma que los continuos préstamos asumidos por el Estado dominicano no se reflejan de forma tangible en mejoras significativas en la calidad de vida de la población, ni en infraestructura, ni en servicios públicos, ni en generación de oportunidades económicas.
En este contexto, la estabilidad cambiaria no debería limitarse a reportes técnicos, sino traducirse en políticas públicas efectivas que amortigüen el impacto del dólar en el bolsillo de los dominicanos y garanticen que el endeudamiento público tenga un retorno real para la ciudadanía.
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