
El Gobierno Luis Abinader y la Estupidez Política: cuando el poder confunde gestión con popularidad
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Carlo M. Cipolla advirtió que la estupidez humana no tiene fronteras, que su número está siempre subestimado, y que su peligro radica en que el estúpido daña a los demás sin sacar ningún beneficio de ello, a veces incluso perjudicándose a sí mismo. Parece haber descrito, sin saberlo, el modelo de gobierno de Luis Abinader, que hoy domina la República Dominicana.
Luis Abinader llegó al poder con la promesa de CAMBIO en el país, pero la historia reciente demuestra que el aplauso fácil le resultó más seductor que la reforma profunda. Confundió popularidad con liderazgo, y encuestas con resultados. Cada decisión ha estado marcada por el cálculo electoral, no por la planificación nacional. Y, como en la primera ley de Cipolla, el Gobierno subestimó el número de sus propios actos estúpidos, creyendo que la inercia de la buena imagen bastaría para sostener el rumbo.
La segunda ley de Cipolla establece que la estupidez es independiente del cargo o nivel de educación. En política, eso se traduce en que los errores no se justifican por ignorancia, sino por arrogancia. No reformar el sistema eléctrico, mantener subsidios insostenibles, posponer una reforma fiscal urgente y disfrazar la crisis con propaganda institucional es el equivalente moderno de hacerse daño mientras se intenta gobernar.
El resultado es visible: un Estado agotado financieramente, una economía ralentizada y un pueblo que ha pasado del entusiasmo al desencanto. El Gobierno ha creado una tormenta perfecta de ineficiencia, improvisación y complacencia, bajo la creencia de que el tiempo arregla lo que la acción rehúye.
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Cipolla advirtió que la persona estúpida es más peligrosa que la malvada, porque el malvado al menos actúa con intención racional.
El estúpido, en cambio, destruye sin propósito. Y ahí radica el verdadero drama del presente: un gobierno que no quiere hacer daño, pero lo hace igual; que no busca el colapso, pero lo acelera con cada indecisión.
Hoy, la República Dominicana paga el precio de una gestión que temió asumir el costo político de las reformas y prefirió administrar la apariencia antes que el contenido. Se redujo la inversión pública a inauguraciones simbólicas, se debilitó la confianza privada, y la deuda social crece al mismo ritmo que la indiferencia oficial.
Cipolla tenía razón: los estúpidos se mueven en perfecta sincronía, sin plan ni coordinación, pero consiguiendo frenar el bienestar colectivo.
El Gobierno de Abinader, atrapado entre el miedo a decidir y la obsesión por agradar, ha terminado actuando exactamente así: dañando al país sin beneficiarse siquiera políticamente.
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La popularidad no es gestión, y el discurso no sustituye los resultados. Un gobierno que pudo ser recordado por su visión corre el riesgo de ser recordado por su vacilación. Y como dijo Cipolla, en la ley más contundente de todas:
“La persona estúpida es el ser más peligroso que existe.” y eso aplica perfectamente al presidente Luis Abinader.
En este punto, más que una cita, parece una advertencia escrita para nosotros.
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