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El MINERD adoctrina a los niños dominicanos y no los educa: el 4% es para los compañeritos de los partidos

El MINERD adoctrina a los niños dominicanos y no los educa: el 4% es para los compañeritos de los partidos

Contenido migrado desde el archivo editorial de Hackeando el Sistema.

Melvin SenaMELVIN SENA/22 JUL DE 2025/1 MIN/0 VISTAS

En la República Dominicana, la educación pública del MINERD, ha sido utilizada históricamente como un instrumento de control ideológico por parte del Estado y de los grupos políticos que lo manejan. La “oferta educativa” —es decir, el sistema actual donde el gobierno financia directamente a las escuelas públicas, decide el currículo nacional y administra los planteles— está diseñada no solo para enseñar contenidos básicos, sino para moldear visiones del mundo convenientes para la clase gobernante. El Estado financia la oferta, pero decide qué se ofrece, cómo se ofrece y a quién se ofrece.

Lo que proponemos desde Hackeando el Sistema es un cambio radical y urgente:

que el gobierno a través del MINERD deje de financiar la oferta educativa y comience a financiar la demanda educativa. Esto quiere decir que el dinero no debe ir directamente a las escuelas, sino a las familias, para que sean los padres quienes elijan —con un bono educativo o un sistema de vales escolares— a qué escuela enviar a sus hijos, según sus valores, creencias y necesidades particulares.

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¿Por qué financiar la demanda?

Porque en una democracia real, el poder debe residir en los ciudadanos, no en la burocracia estatal ni en sindicatos anclados en el pasado. La actual estructura impone una sola visión educativa y monopoliza el pensamiento en nombre de la “calidad” o la “modernización”. Pero lo cierto es que padres, maestros y alumnos están excluidos de decisiones clave, y cuando quieren expresarse, se enfrentan a estructuras rígidas, adoctrinamiento disfrazado de formación y un sistema que responde más a intereses políticos que pedagógicos.

Un ejemplo claro: si mañana un colegio decide estructurar su propuesta pedagógica en base a valores conservadores, religiosos, patrióticos o simplemente distintos al discurso oficial (como sucede con la ideología de género), este colegio encontrará obstáculos para ser reconocido, acreditado o incluso subvencionado. ¿Por qué? Porque la educación en RD ha sido cooptada por una lógica de control político-ideológico.

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Un mercado libre de ideas en la educación

Con este nuevo sistema, los colegios pueden ser de izquierda o de derecha, religiosos o laicos, tradicionales o progresistas. Pueden incluso promover la visión feminista radical o la perspectiva LGBT+... si hay padres dispuestos a inscribir a sus hijos allí. El Estado no debe decidir qué pensar, sino garantizar que todos puedan acceder a una educación según su conciencia.

En lugar de financiar escuelas estatales directamente, el Estado entregaría un bono educativo a cada familia, equivalente al costo anual de educación por alumno.

Ese bono podría ser utilizado en cualquier institución reconocida, pública o privada. Así, una familia cristiana puede elegir un colegio confesional; una familia de tendencia progresista puede optar por un colegio que promueva sus valores. Y el éxito o fracaso de esos colegios dependerá de si son capaces de atraer familias, no de si se ajustan al lineamiento ideológico del MINERD.

El problema que nadie quiere tocar

La élite política teme perder el control ideológico que ejerce a través de la escuela pública. En última instancia, el Estado es un aparato de coerción que necesita legitimidad: y la legitimidad se construye desde la escuela. Por eso reaccionan con alarma ante propuestas como esta: porque liberar la educación es desatar una batalla cultural en la que ya no tienen el monopolio del mensaje.

Los partidos tradicionales no están interesados en empoderar a las familias. Temen que, si los padres dominicanos pudieran elegir libremente, muchos de los “modelos educativos” impulsados desde organismos internacionales, ONGs ideologizadas y tecnócratas sin rostro serían rechazados. La casta política perdería un canal clave de reproducción de poder. Y eso los aterra.

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Una educación sin intermediarios

En la práctica, financiar la demanda implicaría:

  • Establecer un bono educativo universal ajustado por nivel y zona.
  • Reconocer y acreditar todas las instituciones educativas que cumplan estándares mínimos de calidad, sin imponer una agenda ideológica.
  • Promover una competencia sana entre escuelas para atraer a las familias.
  • Permitir que florezcan modelos educativos alternativos, comunitarios, rurales, religiosos, cooperativos y tecnológicos.

La educación dominicana no necesita más presupuesto, necesita más libertad. El financiamiento a la demanda no solo empodera a las familias, sino que desmantela el uso de las aulas como instrumentos de adoctrinamiento. En lugar de imponer una ideología desde arriba, dejaríamos que los padres decidan, en un mercado libre de ideas y valores, cómo educar a sus hijos.

¿Puede haber colegios con ideología de género? Claro. Pero deberán sobrevivir en el mercado solo si hay padres que los elijan. ¿Puede haber colegios cristianos, patrióticos o tradicionalistas? También. Y tendrán la oportunidad de existir, competir y crecer sin ser perseguidos ni silenciados.

Ese es el verdadero pluralismo. Eso es libertad. Y eso es lo que el sistema político dominicano necesita temer: ciudadanos con capacidad de decisión.

Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa.

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https://youtu.be/bDQj4bcnSdc

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