En la República Dominicana, el curtailment o recorte de energía solar no es una teoría ni una exageración, es un hecho técnico documentado y costoso. Durante 2025 se dejaron de aprovechar más de 189,000 MWh de energía renovable, con pérdidas superiores a US$30 millones, y a finales de 2025 e inicios de 2026 se repitieron episodios donde cientos de megavatios solares fueron desconectados en pleno mediodía. Esto ocurre porque el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) no está diseñado para absorber grandes volúmenes de generación fotovoltaica sin almacenamiento, especialmente cuando la demanda es baja y la radiación solar es alta.
Las autoridades en la República Dominicana evitan decirlo abiertamente, pero el problema estructural es claro: la mayoría de los proyectos solares —tanto privados como utility-scale— operan sin baterías, sin inercia sintética, sin control avanzado de frecuencia y sin regulación dinámica de voltaje. En esas condiciones, el sistema se vuelve extremadamente frágil. Cualquier falla puntual en transmisión, un error humano o una avería mecánica —como ocurrió en noviembre de 2025 y febrero de 2026— se propaga en milisegundos, provocando salidas en cascada y apagones de alcance nacional. No es que “la solar cause apagones por sí sola”, es que se integró masivamente sin los componentes que la hacen segura.
Lo que falta: baterías, regulación y responsabilidad
Un sistema fotovoltaico técnicamente responsable no termina en los paneles. Requiere:
- Baterías de almacenamiento (BESS) para absorber excedentes, aportar inercia sintética y sostener frecuencia.
- Reguladores de carga e inversores avanzados (MPPT, híbridos) capaces de controlar voltaje y respuesta ante fallas.
- Protecciones adaptativas ajustadas a escenarios de alta penetración renovable.
- Planificación obligatoria de almacenamiento, no opcional.
Sin estos elementos, el país se ve obligado a:
- Desperdiciar energía limpia (curtailment diario de 200–300 MW).
- Mantener plantas térmicas encendidas de forma ineficiente.
- Aumentar el riesgo de apagones generales en horas de alta generación solar.
La responsabilidad política en en la República Dominicana que se esquiva
Aquí es donde entra la figura de Celso Marranzini, quien ha jugado un rol determinante en la política energética reciente. Desde hackeandoelsistema.net lo hemos señalado antes y lo reiteramos ahora: la inversión privada que controla buena parte del sistema eléctrico dominicano ha sido protegida de asumir el costo real de la estabilidad del sistema. Se les permitió invertir en generación —que es rentable— pero no en almacenamiento, que es lo que garantiza confiabilidad.
Marranzini ha impulsado y defendido un modelo donde:
- Los generadores privados inyectan energía cuando les conviene.
- El Estado asume los riesgos sistémicos, los apagones y el descontento social.
- No existe una obligación clara de instalar baterías como condición para operar grandes parques solares.
Eso no es un fallo técnico: es una decisión política. Mientras no se exija que quienes ya controlan la generación eléctrica inviertan en baterías, regulación e infraestructura, los apagones seguirán ocurriendo, aunque se cambien directores, se emitan decretos o se culpe a “eventos fortuitos”.
- Sí, en República Dominicana existe exceso fotovoltaico mal gestionado.
- Sí, la falta de baterías agrava la inestabilidad del sistema.
- No, los apagones no son simples accidentes inevitables.
- La responsabilidad recae en quienes diseñaron y protegieron este modelo incompleto, donde se privatizan las ganancias y se socializan las fallas.
Hackeandoelsistema.net lo dijo antes, lo dice ahora y lo seguirá diciendo: sin almacenamiento obligatorio, sin regulación moderna y sin exigirle a los grandes inversionistas que asuman su parte, cada día soleado seguirá siendo un riesgo para el sistema eléctrico nacional, no una ventaja.
Nota aclaratoria:
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