
Guido Gómez Mazara y el movimiento que viene: por qué Abinader no puede dejarlo fuera del Gobierno
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La salida de Guido Gómez Mazara del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL), aunque aún no formalizada del todo, ha sido interpretada por muchos como el inicio de una etapa de confrontación política abierta dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Sin embargo, una lectura más fría y estratégica del panorama sugiere exactamente lo contrario: Guido no se va del tablero del poder; todo indica que será recolocado en una posición aún más política dentro del Gobierno.
En Hackeandoelsistema.net partimos de una premisa clara: no es creíble que el presidente Luis Abinader —por cálculo político elemental— permita que el funcionario con mayor dominio del Estado, de la gestión pública y del discurso político salga definitivamente de su Gobierno en un momento de desgaste, tensiones internas y reconfiguración del escenario sucesoral.
Guido Gómez Mazara no es un funcionario más.
Es, probablemente, el dirigente del PRM con mayor capacidad para defender la gestión gubernamental en un debate frontal con la oposición. Tiene información, manejo del lenguaje político, comprensión del aparato estatal y, sobre todo, algo escaso en el oficialismo actual: disposición real a confrontar. En un Gobierno donde abundan perfiles técnicos, silenciosos o excesivamente disciplinados, Guido es una anomalía funcional.
Ese elemento es clave. Abinader gobierna en un contexto donde la narrativa oficial comienza a erosionarse, donde la oposición gana espacio mediático y donde incluso sectores internos del PRM muestran signos de desafección. Sacar definitivamente a Guido del Gobierno no sería una demostración de autoridad, sino un error estratégico de grandes proporciones.
Por eso, nuestra lectura —basada no en pruebas documentales, sino en análisis político del contexto— es que Guido no sale del Gobierno: se transforma dentro de él. Y el momento más lógico para ese movimiento es el 27 de febrero, inmediatamente después del discurso de rendición de cuentas del presidente ante el Congreso Nacional.
Esa fecha no es casual. Tradicionalmente, el 27 de febrero marca no solo el balance del año gubernamental, sino también el punto de partida de reacomodos inevitables en el tren administrativo. Y este año, esos cambios son más que previsibles: son necesarios. El Gobierno necesita oxígeno político, voceros con capacidad de respuesta y figuras que no rehúyan el conflicto público.
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Guido encaja perfectamente en ese perfil.
Contrario a la narrativa que lo presenta como un disidente irreconciliable, la realidad es más compleja. Guido ha sido crítico, sí, pero también ha demostrado pragmatismo. Aceptó dirigir INDOTEL no por coincidencia ideológica plena con el Gobierno de Abinader, sino para capitalizarse políticamente, fortalecer su hoja de servicios y mantenerse dentro del radar del poder. Eso es política real, no romanticismo.
Su gestión en INDOTEL, coronada con la adquisición del nuevo edificio y el ahorro proyectado de más de 1,500 millones de pesos al Estado, le permite salir con resultados concretos, no con excusas. Sale fortalecido, no desgastado. Y eso lo convierte en una ficha demasiado valiosa para dejarla fuera del tablero.
Además, Abinader enfrenta un dilema interno: figuras como David Collado han demostrado capacidad de imponer tiempos y frenar movimientos estratégicos, como ocurrió con el caso de Yayo Sanz Lovatón. En ese contexto, el presidente necesita contrapesos internos, voces con peso propio que no dependan exclusivamente del aplauso ni del marketing. Guido es uno de los pocos que cumple ese rol.
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Desde fuera del Gobierno, Guido Gómez Mazara sería peligroso. Desde dentro, bien utilizado, es un activo.
Por eso, en Hackeandoelsistema.net creemos que lo que viene no es un retiro, sino una designación ministerial de alto contenido político. ¿Cuál? Eso aún está abierto. Pero lo fundamental no es el nombre del ministerio, sino la función: defensa política del Gobierno, articulación discursiva y contención frente a la oposición y las tensiones internas del PRM.
No tenemos pruebas documentales. Tampoco las necesitamos para leer el tablero. La política no siempre se anticipa con papeles; muchas veces se entiende leyendo entre líneas, observando quién habla, quién calla y a quién conviene mover.
Y hoy, todo indica que a Luis Abinader no le conviene, bajo ningún escenario racional, dejar fuera de su Gobierno a Guido Gómez Mazara.
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