
Ramón Alburquerque: la evidencia incómoda de que el “Gobierno del Cambio” no apostó por el mérito
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La política dominicana tiene una deuda pendiente con la meritocracia real. No con el discurso, no con el marketing, no con la narrativa del “cambio”, sino con la capacidad técnica, la formación académica sólida y la experiencia probada en la gestión del Estado. En ese contexto, la figura de Ramón Alburquerque se convierte en un espejo incómodo para el actual gobierno.
Ramón Alburquerque no es un improvisado ni un producto de coyuntura.
Ha sido presidente de la Refinería Dominicana de Petróleo (REFIDOMSA), ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, presidente de la Comisión Nacional de Energía, presidente de la Comisión Nacional Técnico Forestal, senador de la provincia Monte Plata en tres ocasiones y presidente del Senado de la República. A ello se suma una trayectoria académica de alto nivel: formación en prestigiosas universidades de Estados Unidos, profesor universitario y autor de obras de referencia en economía, energía y política pública.
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Por estas razones —y no por simpatías partidarias— es considerado por muchos como el técnico más completo que ha tenido la República Dominicana en las últimas décadas.
Una comparación que desnuda al poder
Cuando se compara la competencia académica y técnica de Ramón Alburquerque con la de funcionarios clave del actual gobierno —Héctor Valdez Albizu, Magín Díaz, Joel Santos, Ito Bisonó, Samuel Pereyra, Roberto Ángel Salcedo, Roberto Salcedo padre, Celso Marranzini, Paíno Henríquez, José Ignacio Paliza, Alejandro Fernández W., entre otros— el resultado es demoledor.
No se trata de descalificaciones personales. Se trata de trayectorias, profundidad conceptual, producción intelectual y experiencia política real. En ese terreno, Ramón Alburquerque está muy por encima del promedio gubernamental. Y eso no admite discusión seria.
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La pregunta obligada es: ¿por qué un perfil así quedó fuera del núcleo de poder del llamado Gobierno del Cambio?
El gobierno de los empresarios, no del mérito
La respuesta no es técnica, es política. El gobierno de Luis Abinader no fue el gobierno de las mejores capacidades del país, fue el gobierno de los empresarios, de los intereses corporativos y de los compromisos asumidos antes de llegar al poder.
En 2020, el pueblo dominicano no votó con entusiasmo; votó con cansancio, con hartazgo frente a un PLD agotado por el ejercicio prolongado del poder. Abinader no ganó por un proyecto transformador sólido, sino por la decepción acumulada. En 2024, se le concedió una segunda oportunidad, no como cheque en blanco, sino como acto de tolerancia política.
Sin embargo, el presidente honró con disciplina sus compromisos con el sector empresarial, pero incumplió con el país en materia de eficiencia estatal, visión estratégica y uso del talento nacional.
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El “wanna be” del poder
Luis Abinader encaja perfectamente en la definición de un wanna be:
alguien que llegó al lugar correcto, en el momento correcto, sin la estatura política ni técnica para dirigir un Estado complejo como el dominicano.
Su gestión ha estado marcada por la tercerización del pensamiento, la dependencia excesiva de asesores, la falta de liderazgo conceptual y la incapacidad de construir una visión país más allá del Excel macroeconómico y la foto internacional.
Un presidente que, teniendo figuras como Ramón Alburquerque disponibles —con experiencia, carácter y pensamiento propio— prefirió rodearse de funcionarios obedientes, funcionales al empresariado y políticamente inofensivos.
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El costo de excluir a los capaces
Ramón Alburquerque representa todo lo que el Gobierno del Cambio no quiso ser: profundidad técnica, pensamiento crítico, independencia política y compromiso con el interés público.
Su exclusión no fue casual ni ideológica; fue estratégica. Un gobierno que se apoya en la mediocridad administrable no puede convivir con talentos que cuestionan, comparan y superan.
La historia será clara:
el problema no fue la falta de técnicos en el país,
fue la falta de voluntad política para gobernar con los mejores.
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