
La economía de República Dominicana apenas creció 2.1%, Es la primera vez en las últimas 2 décadas que tiene un crecimiento tan bajo fuera de tiempos de crisis
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El crecimiento de apenas 2.1 % de la economía dominicana en 2025, confirmado oficialmente por el Banco Central de la República Dominicana (BCRD), no es un simple dato técnico: es una señal clara del agotamiento del modelo económico del gobierno de Luis Abinader. Más aún, la cifra quedó por debajo de la proyección oficial de 2.5 %, que ya había sido revisada a la baja en varias ocasiones, evidenciando improvisación y falta de control sobre la política económica.
Durante todo el año 2025, el Gobierno ajustó sus expectativas de crecimiento como quien corre detrás de la realidad. De una proyección inicial optimista, pasó a un 3.5 % a mitad de año y luego a un 2.5 % en octubre, para finalmente cerrar en 2.1 %. Esta secuencia no refleja prudencia técnica, sino incapacidad para leer correctamente el entorno económico y ejecutar políticas efectivas.
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El propio Banco Central de la República Dominicana, reconoce que hubo meses con crecimientos casi nulos, como octubre, cuando la economía apenas avanzó un 0.2 %, a pesar de las medidas monetarias y fiscales adoptadas. En términos simples: las recetas del Gobierno no funcionaron. La economía creció, sí, pero a un ritmo insuficiente para generar bienestar, empleo de calidad o mejoras sostenidas en el poder adquisitivo de la población.
Aunque sectores como la agropecuaria, la minería, el turismo y la intermediación financiera empujaron parcialmente la actividad económica, ese crecimiento fue limitado, concentrado y desconectado de la vida cotidiana de la mayoría de los dominicanos. No hubo un efecto derrame real, mientras el costo de la vida siguió aumentando y el dólar mantuvo una presión constante sobre el peso.
En este contexto, Luis Abinader comienza a perfilarse no como el presidente de la “estabilidad”, sino como el presidente de la economía del “temús”: frágil, de baja calidad, basada en parches, endeudamiento y expectativas infladas que no resisten el contacto con la realidad. Mucho discurso de responsabilidad fiscal, pero sin resultados proporcionales.
El endeudamiento público de la República Dominicana, continúa creciendo sin que se traduzca en una transformación productiva del país.
No hay reformas estructurales profundas, no hay una estrategia clara de fortalecimiento del mercado interno, y no existe un plan convincente para enfrentar la depreciación del peso ni la pérdida del poder adquisitivo.
Por todo esto, Abinader pasará a la historia como un presidente deficiente en materia económica, incapaz de capitalizar un contexto internacional relativamente favorable y de convertir la estabilidad macroeconómica en progreso real. No fue una crisis externa la que frenó el crecimiento, sino la torpeza en la ejecución, la falta de visión estratégica y la desconexión con la realidad social del país.
La cifra de 2.1 % no es solo un número: es el resumen de una gestión que prometió eficiencia y terminó entregando mediocridad.
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