La Línea 2C del Metro de Santo Domingo, conocida popularmente como el Metro de Los Alcarrizos, no es solo una obra de infraestructura: es el símbolo más claro del desorden, la improvisación y la falta de planificación que ha caracterizado a este gobierno en materia de ejecución pública.
Desde su inicio en febrero de 2022, el proyecto fue vendido como una obra de rápida ejecución: 24 meses, cronograma claro, fechas “realistas”. La realidad fue otra. Hoy, cuatro años después, lo que existe no es una línea inaugurada, sino una cadena de anuncios fallidos, rectificaciones, excusas y promesas recicladas.
Gobernar a base de anuncios
La historia de la Línea 2C del Metro de Santo Domingo es la historia de un gobierno que confundió planificación con discurso. Primero sería en el segundo trimestre de 2024. Luego, a finales de 2024. Después, en algún punto indefinido de 2025. Más tarde, “antes del 27 de febrero” por conveniencia simbólica.
Cada anuncio se hizo con solemnidad, cámaras y titulares. Ninguno se cumplió.
No fue un error aislado. Fue un patrón. Un hábito. Una forma de gobernar donde la fecha importa menos que el titular, y la credibilidad se sacrifica en el altar de la propaganda.
La burla institucional
Cuando una obra pública “se inaugura” varias veces solo en discursos, el problema ya no es técnico: es institucional.
Los propios ciudadanos, desde Los Alcarrizos hasta el Km 9, lo resumieron con sarcasmo en redes sociales: “ese metro ya lo han inaugurado tres veces”. La burla popular no surge de la nada; surge cuando el Estado pierde seriedad.
Un gobierno que habla demasiado y cumple poco termina pareciendo desconectado de la realidad, atrapado en su propio relato, incapaz de medir el daño que provoca cada promesa incumplida.
Febrero de 2026: ¿la vencida?
Ahora, el presidente Luis Abinader anuncia con precisión quirúrgica el 24 de febrero de 2026 como fecha definitiva, con servicio gratuito hasta Semana Santa “en fase de prueba”.
El problema no es la fecha.
El problema es quién la dice y cuántas veces antes se ha equivocado.
Cuando un gobierno quema su propia palabra, cada nuevo anuncio nace debilitado. No importa cuán avanzada esté la obra; la confianza ya fue erosionada.
La Línea 2C del Metro no debía ser una promesa eterna. Debía ser una obra planificada, ejecutada y entregada con rigor. En cambio, se convirtió en un caso de estudio sobre cómo no gestionar proyectos públicos: anuncios prematuros, cronogramas irreales y una desconexión alarmante entre discurso y realidad.
Si el 24 de febrero de 2026 finalmente se inaugura, será positivo para los usuarios. Pero no borrará cuatro años de improvisación ni el descrédito acumulado.
Gobernar no es hablar bonito ni inaugurar en PowerPoint.
Gobernar es cumplir. Y en este caso, el historial habla más fuerte que cualquier micrófono.
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