
La Semanal de Abinader y la reaparición de Leonel con Manuel Estrella: cómo los empresarios cambian de títere sin cambiar el guion
Contenido migrado desde el archivo editorial de Hackeando el Sistema.
Análisis político y de poder - Ahora entendemos por qué el presidente Luis Abinader insiste en mantener “La Semanal con la prensa”, esa vitrina cuidadosamente diseñada para simular cercanía y transparencia, pero que en la práctica se ha convertido en un monólogo ensayado, lleno de contradicciones, evasivas y gestos de incomodidad ante cualquier pregunta que se salga del guion.
¿Qué es realmente “La Semanal”?
De forma oficial, el gobierno la vende como una plataforma de comunicación abierta, un diálogo permanente entre el presidente y la prensa, “en beneficio de la ciudadanía”. En teoría, se realiza cada lunes a las 4:30 p.m. en el Salón de las Cariátides, con el objetivo de mantener informada a la población.
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Pero en la práctica, lo que vemos cada semana es un ejercicio de control narrativo.
Preguntas filtradas, periodistas complacientes y un Abinader, que, cuando se le plantea algo fuera del libreto, reacciona con molestia, gritos o gestos de negación. “La Semanal” no es una rueda de prensa: es una escenografía política sostenida por la maquinaria comunicacional del poder.
En Hackeandoelsistema.net hemos sugerido públicamente que el presidente debería desmontarla poco a poco —no cancelarla de golpe—, transformándola en un espacio temático donde cada semana un funcionario rinda cuentas de su área. Así la información sería más específica, más útil, y Abinader podría mantenerse como un observador, no como un actor que repite promesas que no se sostienen en el tiempo.
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La pista que lo confirma todo
Un evento reciente terminó de aclarar lo que por años sospechamos: el verdadero propósito detrás de “La Semanal” no era solo mantener el control de la narrativa gubernamental, sino también sostener la percepción de estabilidad que exigen los grandes grupos empresariales dominicanos.
Mientras el país se distrae con el espectáculo mediático, los dueños reales del poder ya están moviendo sus fichas. En pleno corazón de Brooklyn, el expresidente Leonel Fernández visitó el Martin Scorsese Virtual Production Center de la Universidad de Nueva York (NYU), acompañado por una delegación de figuras de la industria cinematográfica dominicana. Entre ellos, Manuel Estrella —empresario e inversionista clave en la comunicación y el entretenimiento—, quien fue uno de los principales financistas de la campaña de Luis Abinader en 2020 y 2024.
El mensaje es claro: el empresariado que impulsó a Abinader al poder está reacomodando sus intereses alrededor del mismo Leonel Fernández, el tres veces presidente, hoy reciclado como “oposición”, pero con el mismo respaldo económico que ayer financió al PRM.
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El círculo vicioso del poder económico
Los mismos empresarios que dominan los contratos del Estado, la energía, la construcción, la banca, los medios y los alimentos son los que, desde hace décadas, deciden quién gobierna y bajo qué condiciones. Cuando Danilo Medina comenzó a poner límites a esos intereses —a su manera, torpe y con corrupción—, decidieron que había que sacarlo. Fabricaron la narrativa de cambio y empujaron a Abinader como su nueva ficha. Hoy, agotado el experimento, buscan reposicionarse con Leonel, el viejo socio de los acuerdos que mantuvieron al país atado durante veinte años.
Esto no es ideología. Es una rotación de títeres en el teatro empresarial del poder dominicano.
El verdadero problema: el empresariado político
El Consejo Económico y Social (CES), presentado como órgano de concertación social, es en realidad el punto de enlace entre el capital corporativo y el Estado. A través de este “órgano asesor”, los grupos empresariales definen políticas, presionan decisiones y manipulan las llamadas “reformas estructurales” que siempre terminan beneficiándolos a ellos.
Cada gobierno —PRSC, PRD, PLD o PRM— ha sido, en esencia, su representante. Los políticos solo administran, los empresarios mandan.
Y el pueblo, con resignación o manipulado por la miseria, vota por quien esos mismos grupos le presentan como “el salvador del momento”.
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Del CEA a “La Semanal”: la misma lógica de siempre
Desde los tiempos de Trujillo, las empresas públicas han sido tratadas como propiedad privada del poder. Tras su muerte, el Estado heredó ese modelo y lo usó como fuente de clientelismo, corrupción y botellas políticas. El CEA, CORDE, CDE, CORPHOTELS… todas quebradas, todas saqueadas, todas entregadas al sector privado bajo el argumento de “capitalización”.
Hoy, la historia se repite. Los recursos naturales, los servicios públicos, la energía y las telecomunicaciones siguen en manos de los mismos grupos económicos que deciden quién sube y quién baja en la política nacional.
Llamado a la acción
Es hora de romper el ciclo. Los dominicanos debemos entender que el verdadero enemigo no es el político de turno, sino el sistema empresarial que los financia y los manipula. Abinader, Leonel, Danilo, Hipólito… todos son rostros distintos del mismo poder económico. Y mientras ellos se turnan el gobierno, el pueblo sigue atrapado entre promesas vacías, deudas crecientes y oportunidades robadas.
“La Semanal” no es un acto de transparencia del presidente Luis Abinader.
Es una puesta en escena para sostener la ilusión de democracia mientras el país se entrega, pedazo a pedazo, a los mismos dueños de siempre. Y si no lo detenemos, pronto no quedará nada por hackear, porque habrán hackeado completamente al pueblo.
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Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.
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