Si aplicamos la teoría de Bonhoeffer al comportamiento de cualquier militancia política —incluyendo sectores del PRM, PLD, Fuerza del Pueblo o cualquier otro partido— la interpretación no sería que sus miembros son «intelectualmente inferiores», sino que la lealtad al grupo puede llegar a ser más fuerte que la evaluación crítica de los hechos.
Bonhoeffer observó que cuando una persona se integra profundamente a una estructura de poder, muchas veces deja de analizar cada decisión de manera independiente y comienza a justificar automáticamente lo que hace su liderazgo. En ese sentido, alguien podría preguntarse por qué una parte de la base perremeísta sigue defendiendo a una cúpula que, según sus críticos, los ha ignorado en la distribución de posiciones, los consulta poco en las decisiones estratégicas y ahora impulsa reformas estatutarias sin una participación directa de la militancia.
Sin embargo, la realidad política suele ser más compleja que la explicación de Bonhoeffer. Las personas permanecen en los partidos por múltiples razones: identidad política, esperanza de obtener oportunidades futuras, miedo a perder influencia local, rechazo a los partidos rivales, lealtades personales construidas durante años o simplemente porque consideran que, a pesar de sus defectos, su partido sigue siendo la mejor opción disponible.
La pregunta interesante no es por qué la base no se rebela, sino por qué una rebelión que algunos consideraban inevitable no ha ocurrido. Una posible respuesta es que gran parte de la militancia todavía percibe que el PRM está en el poder, conserva altas probabilidades de seguir siendo competitivo en el futuro y mantiene mecanismos suficientes para canalizar las aspiraciones de sus dirigentes medios. Mientras exista esa percepción, las inconformidades suelen expresarse en privado más que en una confrontación abierta.
Desde una lectura inspirada en Bonhoeffer, los críticos del proceso podrían argumentar que una parte de la base ha sustituido el pensamiento crítico por la defensa automática de la dirigencia. Desde una lectura más pragmática, los defensores del PRM responderían que la militancia simplemente está priorizando la unidad y la estabilidad del partido sobre los conflictos internos.
La prueba definitiva vendrá cuando las reformas estatutarias del PRM, se concreten. Si la militancia acepta sin resistencia cambios que reduzcan significativamente su capacidad de decidir sobre las autoridades del partido, los críticos tendrán más argumentos para sostener que existe una desconexión entre la base y la dirigencia. Si, por el contrario, surgen presiones internas importantes exigiendo voto directo, competencia abierta y mayor participación, quedará demostrado que la capacidad crítica de la militancia sigue viva y que el partido no es simplemente una estructura de obediencia vertical.
La diferencia entre ambas situaciones es precisamente la que preocupaba a Bonhoeffer: el momento en que una comunidad deja de cuestionar a quienes ejercen el poder sobre ella y comienza a asumir que toda decisión de la autoridad debe ser correcta simplemente porque proviene de la autoridad.
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