Mientras el Gobierno sigue organizando actos, ruedas de prensa y campañas publicitarias para vender la llamada «transformación policial», la realidad vuelve a estrellarse contra el discurso oficial. Un video viral que circula en redes sociales muestra a agentes de la Policía Nacional requisando de manera exhaustiva las pertenencias de varios turistas extranjeros en Sosúa. Los uniformados revisan carteras, mochilas, lentes, cargadores y objetos personales sin que en las imágenes se observe una causa evidente que justifique una intervención de esa magnitud.
La reacción de los turistas fue inmediata: indignación, frustración y el deseo expreso de no regresar nunca más a la República Dominicana.
Ver el video: https://www.instagram.com/p/DZSl4w1DLFI
Y la pregunta es inevitable: ¿para esto fue la reforma policial?
Durante años se nos ha dicho que la Policía Nacional estaba siendo transformada. Se anunciaron inversiones millonarias, asesorías internacionales, nuevos entrenamientos, reformas legales, tecnología, cambios de imagen, nuevos uniformes y hasta un nuevo modelo de patrullaje.
Sin embargo, cuando llega el momento de evaluar los resultados en la calle, seguimos viendo prácticas que recuerdan los peores momentos de una institución históricamente cuestionada por abusos, arbitrariedades y violaciones a los derechos ciudadanos.
Lo ocurrido en Sosúa no es simplemente un error operativo.
Es una demostración de que la cultura institucional sigue intacta.
Porque un policía que entiende los límites de la ley sabe perfectamente que no puede revisar pertenencias personales por simple rutina, por apariencia o porque sí. Sabe que existen derechos fundamentales, protocolos y garantías constitucionales que deben respetarse independientemente de si la persona es dominicana o extranjera.
Lo más preocupante es que este incidente ocurre en una zona turística.
La República Dominicana invierte cientos de millones de dólares promocionándose en el extranjero como un destino seguro, moderno y acogedor. El sector turismo es uno de los principales motores de la economía nacional.
Sin embargo, basta un solo video viral para destruir en minutos el trabajo de años de promoción internacional.
¿Qué imagen proyecta un país donde turistas son interceptados en la vía pública y sometidos a revisiones invasivas sin explicación aparente?
¿Qué confianza puede sentir un visitante cuando observa que sus pertenencias pueden ser registradas por agentes del Estado sin una justificación clara?
Mientras el Gobierno habla de modernización, los videos muestran improvisación.
Mientras se habla de proximidad ciudadana, las imágenes reflejan intimidación.
Mientras se habla de respeto a los derechos fundamentales, los hechos muestran exactamente lo contrario.
La reforma policial no puede medirse por la cantidad de seminarios impartidos ni por los discursos pronunciados en los salones del poder.
La verdadera prueba ocurre en las calles.
Y si después de años de reforma seguimos viendo actuaciones que generan vergüenza nacional e indignación internacional, entonces alguien debe tener la honestidad de admitir que los resultados están muy lejos de las promesas realizadas.
La República Dominicana necesita una Policía que combata el crimen, no una institución que convierta en sospechoso a todo el que se cruce en su camino.
Porque cuando un turista sale del país diciendo que no quiere volver, no fracasa solamente un agente.
Fracasa el sistema completo.
Y cada video como este demuestra que la reforma policial que prometieron todavía no ha llegado a las calles, o peor aún, que el problema es mucho más profundo de lo que el Gobierno quiere admitir.
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