
Ocho fechas, cero entregas: el Monorriel de Santiago y la crisis de credibilidad del gobierno de Abinader
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En los últimos tres años, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y el presidente Luis Abinader han convertido el Monorriel de Santiago en un caso emblemático de promesas incumplidas, improvisación y anuncios que se desvanecen con el tiempo. Lo que inició como una gran apuesta por transformar la movilidad del Cibao hoy se ha convertido en un símbolo de la incoherencia oficial.
La magnitud del problema no está solo en el retraso de la obra. Está en la cantidad de veces que el propio presidente ha anunciado públicamente nuevas fechas de entrega, para luego reemplazarlas con otras. En total, ocho fechas distintas han sido comunicadas desde el Palacio Nacional, cada una presentada como definitiva.
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Ocho promesas, ocho incumplimientos
A continuación, el historial completo:
- Finales de 2024 — Primera promesa oficial.
- Febrero 2024 — Fecha adelantada, luego desestimada.
- Segundo trimestre 2024 — Ratificada por Abinader ante la Asamblea Nacional.
- Diciembre 2024 — Nuevo plazo para cerrar el año.
- Primer trimestre 2025 — Otro reajuste.
- Diciembre 2025 — Ya un retraso de más de un año completo.
- Enero–febrero 2026 — Extendido nuevamente.
- Marzo 2026 (y contando) — Última fecha anunciada.
En cualquier proyecto de infraestructura es normal que surjan ajustes. Pero ocho cambios de fecha, todos comunicados por el máximo líder del país (el presidente Abinader), no son un asunto técnico: son una señal profunda de fallo en la planificación pública, debilidad en la supervisión y, sobre todo, falta de seriedad en la palabra presidencial.
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La pérdida de credibilidad
Cada nueva fecha anunciada viene acompañada de ceremonias, ruedas de prensa, discursos y promesas. Pero lo que nunca llega es el cumplimiento.
El efecto acumulado es devastador:
- Se erosiona la confianza ciudadana en la capacidad del gobierno.
- Se debilita la seriedad de la comunicación oficial.
- Se convierte al presidente en un vocero de anuncios que no se sostienen.
- Y se envía un mensaje claro: la planificación gubernamental no tiene rigor.
En política, la credibilidad no se pierde de un día para otro. Se pierde fecha tras fecha, promesa tras promesa, excusa tras excusa. Y cuando un presidente anuncia ocho cronogramas distintos para una misma obra, el problema deja de ser el calendario: el problema es él.
Santiago ya despertó
Mientras tanto, la ciudad de Santiago continúa lidiando con una movilidad cada vez más compleja, sin la obra que durante años se ha usado como estandarte político.
Los santiagueros ya entendieron la diferencia entre:
- anuncios, y
- resultados reales.
Y cuando una ciudad abre los ojos —cuando se da cuenta de que la palabra oficial no se traduce en hechos—, ningún discurso, por muy elaborado que sea, puede volver a cubrir la realidad.
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El caso del Monorriel de Santiago no es simplemente un retraso:
es un ejemplo claro y contundente de cómo un gobierno puede convertirse en rehén de sus propias promesas. Ocho fechas después, la única constante es que el PRM sigue anunciando y Santiago sigue esperando.
Porque cuando un gobierno convierte los plazos en propaganda, la verdad termina imponiéndose sola.
Nota aclaratoria:
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