
Monte Grande: La presa del populismo de Luis Abinader
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¿Y esto no lo iban a entregar en el 2022? ¿No fue para esta presa que cogieron un préstamo en el 2023? ¿No prometieron que estaría lista en las elecciones del 2024? Una obra que comenzó en 2010, que arrastra más de una década de inversión y que ha consumido miles de millones de pesos del pueblo dominicano, hoy es presentada por Luis Abinader como el “gran sueño cumplido” de su gobierno.
La presa de Monte Grande fue inaugurada con toda la parafernalia populista a la que este gobierno nos tiene acostumbrados: discursos cargados de promesas, un presidente en bote recorriendo el embalse como si se tratara de un paseo turístico, funcionarios alineados para aplaudir y hasta un obispo para la bendición de rigor. Todo el guion diseñado para un titular grandilocuente: “la mayor obra hidráulica del Caribe”.
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Sin embargo, la realidad es otra. Esta presa, que ya tiene denuncias de filtraciones y riesgos técnicos, es presentada como la solución definitiva al problema del agua en el sur del país, cuando ni siquiera se han terminado las obras complementarias fundamentales para que cumpla el rol que le asignan. Abinader presume de un proyecto al que su administración apenas le ejecutó un tramo final, olvidando que ha sido un esfuerzo de más de una década y múltiples préstamos que comprometen los bolsillos de todos los dominicanos.
El populismo de Luis Abinader se evidencia en que convierte cada obra en una plataforma política, sin importar si las condiciones técnicas, financieras o sociales están aseguradas.
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En Monte Grande se vendió la idea de que miles de familias tendrán garantizado el agua, que habrá energía hidroeléctrica, que las inundaciones serán cosa del pasado y que el sur se transformará. Palabras bonitas para un acto inaugural, pero carentes de sustento real cuando aún se desconocen los detalles de las presuntas fugas y cuando las comunidades reubicadas todavía esperan soluciones definitivas.
El presidente insiste en adornar la gestión con frases que emocionen al momento: “vivirán sin miedo a los días de lluvia”, “un sueño de décadas cumplido”, “la obra más segura del Caribe”. Pero lo cierto es que su estilo de gobernar se ha basado en ese mismo patrón: anuncios rimbombantes que no resisten el paso del tiempo. El sur del país sabe bien que los problemas de agua no se resuelven con cintas cortadas ni recorridos en bote, sino con gestión seria y sostenida.
Monte Grande, lejos de ser un triunfo absoluto, se convierte en un espejo del populismo de Luis Abinader:
promesas de impacto inmediato, titulares diseñados para impresionar y una verdad incómoda escondida debajo del agua: lo que se inaugura hoy podría convertirse mañana en otro monumento a la improvisación y la deuda.
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