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El mercado negro ya compró todas las boletas del primer partido de la serie histórica entre la Selección Nacional de la República Dominicana y los Tigres de Detroit, previo al Clásico Mundial

El mercado negro ya compró todas las boletas del primer partido de la serie histórica entre la Selección Nacional de la República Dominicana y los Tigres de Detroit, previo al Clásico Mundial

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Melvin SenaMELVIN SENA/19 DIC DE 2025/1 MIN/0 VISTAS

Lo que debía ser una celebración histórica del béisbol dominicano antes del Clásico Mundial se ha visto empañado por una práctica que ya resulta recurrente y tolerada: el acaparamiento de boletas por parte del mercado negro. La rápida desaparición de las entradas para el primer partido de la serie entre la Selección Nacional de la República Dominicana y los Tigres de Detroit no responde únicamente a la alta demanda, sino a un sistema de reventa que opera con ventaja, dejando fuera al fanático común y exponiendo, una vez más, la ausencia de controles efectivos por parte de las autoridades.

La velocidad con la que se agotaron las boletas para el primer partido de la serie histórica entre la Selección Nacional de la República Dominicana y los Tigres de Detroit no solo refleja la pasión del fanático dominicano por el béisbol. También vuelve a poner en evidencia un problema estructural que se repite, evento tras evento: la captura masiva de entradas por el mercado negro, ante la mirada pasiva —cuando no indiferente— de las autoridades competentes.

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En menos de 24 horas, los boletos del juego del 3 de marzo de 2026, correspondientes a los Clásico Mundial Santo Domingo Exhibition Games, desaparecieron por completo de la plataforma oficial de Uepa Tickets. Sin embargo, casi de inmediato comenzaron a circular ofertas de reventa a precios inflados en redes sociales, grupos de mensajería y plataformas informales, una señal inequívoca de que una parte significativa de las entradas no llegó a manos del público general, sino a intermediarios dedicados a la especulación.

Este patrón no es nuevo. Ocurre con conciertos, partidos de alto perfil, eventos culturales y ahora también con un acontecimiento deportivo de carácter histórico y nacional. La mecánica es conocida: compras masivas mediante cuentas automatizadas o redes organizadas, acaparamiento de localidades y posterior reventa a precios muy superiores al valor oficial, expulsando al fanático común del acceso legítimo al espectáculo.

Lo más preocupante es que este fenómeno ocurre sin controles visibles, sin investigaciones públicas y sin sanciones ejemplares, pese a tratarse de eventos que involucran marcas internacionales, entidades estatales y, en este caso, incluso un componente solidario, ya que parte de los ingresos será donada a la Cruz Roja Dominicana en memoria de las víctimas de la tragedia del 8 de abril de 2025.

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La serie fue posible gracias a la coordinación entre la Major League Baseball (MLB), el gerente general de la selección dominicana Nelson Cruz y el presidente Luis Abinader. Sin embargo, esa misma articulación institucional parece diluirse cuando se trata de proteger el derecho del ciudadano a acceder en igualdad de condiciones a un evento de interés nacional.

Mientras los boletos del 4 de marzo aún permanecen disponibles, la experiencia indica que su destino podría ser el mismo si no se implementan medidas urgentes: límites reales de compra por persona, verificación de identidad, bloqueo de reventas especulativas y una supervisión activa por parte de ProConsumidor, la Fiscalía y las autoridades de espectáculos públicos.

El mensaje que se envía, cuando no se actúa, es claro y peligroso: en la República Dominicana, el mercado negro manda, incluso en eventos respaldados por el Estado y por las ligas deportivas más poderosas del mundo. El fanático cumple, paga impuestos, respeta las reglas; los especuladores hacen negocio; y las autoridades, una vez más, miran hacia otro lado.

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Si este evento histórico termina siendo recordado no solo por lo deportivo, sino por haber sido inaccesible para la mayoría del pueblo que dice representar, la responsabilidad no será del entusiasmo del público, sino de la falta de voluntad para enfrentar una práctica que ya no es excepcional, sino sistemática.

Este tipo de manejo irregular y permisivo en eventos de alto perfil se suma a las múltiples razones por las cuales la República Dominicana aún no ha sido seleccionada como sede de una ventana oficial del Clásico Mundial de Béisbol. La incapacidad de garantizar procesos de venta transparentes, equitativos y confiables envía una señal negativa a los organizadores internacionales, que requieren estándares estrictos de control, seguridad y acceso justo para el público, condiciones que continúan viéndose comprometidas por prácticas toleradas y por la falta de una respuesta institucional firme.

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