La política dominicana ya entró en modo electoral. Aunque faltan años para las elecciones presidencial de 2028, los movimientos internos de los partidos, los recorridos nacionales de los aspirantes y la proliferación de encuestas revelan que la competencia comenzó mucho antes de lo previsto.
Sin embargo, el principal desafío del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no parece estar en la oposición. Su reto más complejo será tomar una decisión correcta sobre quién debe encabezar la boleta presidencial cuando llegue el momento.
Mientras la Fuerza del Pueblo tiene un liderazgo claramente definido alrededor de Leonel Fernández y el PLD continúa orbitando en torno a la influencia de Danilo Medina, el PRM presenta una realidad distinta: múltiples aspirantes, fortalezas dispersas y una competencia interna que podría convertirse en su principal fuente de desgaste.
Actualmente, David Collado aparece como el aspirante mejor posicionado en prácticamente todas las encuestas. Nadie puede negar que ha logrado instalarse durante años como una figura presidenciable y que posee niveles de reconocimiento que superan a muchos de sus competidores internos.
Pero las elecciones presidencial no se limita a las mediciones de opinión.
Existe una pregunta que cada vez más dirigentes y analistas comienzan a formularse: ¿la fortaleza de David Collado en las encuestas se corresponde con una estructura política real dentro del partido?
Las encuestas miden percepción, simpatía y conocimiento. Las convenciones y las elecciones se ganan con organización, relaciones políticas, equipos territoriales y capacidad de movilización.
La gran contradicción de Collado es precisamente esa. Durante años ha liderado los sondeos, pero no ha construido una maquinaria política visible que refleje la magnitud de la ventaja que le atribuyen las mediciones. Su estrategia ha sido eficaz para posicionar una imagen de favorito, pero las campañas presidenciales exigen mucho más que una buena percepción pública.
Cuando la competencia entre en una fase de confrontación directa, los candidatos deberán demostrar capacidad de debate, manejo de crisis, conocimiento de los grandes temas nacionales y resistencia política. En ese escenario, la percepción deja de ser suficiente.
Por otro lado, Carolina Mejía representa una de las figuras con mayor conexión emocional con la base del PRM. Su cercanía con la militancia y su experiencia como alcaldesa le han permitido construir una imagen positiva dentro y fuera del partido.
No obstante, enfrenta una realidad evidente: una parte importante de la carpintería política que sostiene su proyecto continúa vinculada al liderazgo de Hipólito Mejía. Nadie discute que Hipólito sigue siendo uno de los operadores políticos más efectivos de la República Dominicana, pero también es una figura impredecible y frecuentemente polémica. La interrogante sigue abierta: ¿cuánto del poder político de Carolina le pertenece exclusivamente a ella y cuánto sigue dependiendo de la estructura histórica construida por su padre?
En el caso de Guido Gómez Mazara, el panorama es diferente. Probablemente sea uno de los dirigentes más preparados intelectualmente dentro del oficialismo. Tiene experiencia política, capacidad argumentativa y condiciones para sostener debates de alto nivel.
Sin embargo, su principal problema no es la preparación, sino la velocidad. Mientras otros aspirantes han intensificado sus operaciones políticas, Guido continúa proyectando una actitud demasiado cautelosa para alguien que aspira a dirigir el país. En política, el talento sin estructura suele quedarse corto.
Entre los aspirantes menos valorados por las encuestas, pero más respetados por muchos dirigentes internos, aparece Wellington Arnaud. Su fortaleza radica en años de trabajo organizativo, relaciones políticas construidas de manera constante y una conexión territorial que no siempre se refleja en los estudios de opinión.
Wellington representa el perfil del dirigente que ha dedicado tiempo a construir poder político real en lugar de depender exclusivamente de la exposición mediática. Esa diferencia podría adquirir relevancia cuando llegue la hora de contar apoyos internos.
Otro caso interesante es el de Eduardo Sanz Lovatón. Para muchos observadores, reúne uno de los perfiles más completos dentro del PRM. Combina experiencia partidaria, conocimiento institucional, visión estratégica y capacidad de comunicación.
A diferencia de otros aspirantes, Eduardo posee la ventaja de comprender tanto la dinámica electoral como el funcionamiento del Estado. Puede discutir temas económicos, institucionales y de desarrollo con profundidad, algo que suele ser determinante cuando las campañas abandonan los eslóganes y entran en el terreno de las propuestas.
Su desafío principal no es la preparación. Es aumentar su nivel de conocimiento entre amplios sectores del electorado nacional.
Por su parte, Raquel Peña continúa siendo una incógnita electoral. Nadie cuestiona su experiencia gubernamental ni su cercanía con el presidente Luis Abinader. Sin embargo, todavía no ha demostrado que posee una estructura política propia capaz de sostener una candidatura presidencial competitiva.
Su crecimiento político ha estado ligado principalmente al liderazgo presidencial y al respaldo de sectores empresariales. La pregunta pendiente es si podría traducir esos apoyos en fuerza electoral independiente.
Al final, el debate dentro del PRM debería ir mucho más allá de las encuestas.
La historia política latinoamericana está llena de candidatos que lideraron sondeos durante años y terminaron perdiendo cuando comenzó la campaña real. Las elecciones no se ganan únicamente con percepción. Se ganan con liderazgo, organización, capacidad de confrontación, estrategia y construcción política.
Por eso, la decisión que deberá tomar el oficialismo no será simplemente escoger al aspirante predidencial para el 2028, más popular del momento. Tendrá que determinar quién posee las condiciones para enfrentar una campaña presidencial completa, resistir la presión de la oposición y competir exitosamente frente a un adversario experimentado como Leonel Fernández.
La verdadera pregunta del 2028 no será quién aparece primero en las encuestas.
La verdadera pregunta será quién está realmente preparado para ganar.
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