
La traición que no fue: Estados Unidos quiso secuestrar a Maduro con ayuda de su propio piloto
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Un reportaje de la agencia Associated Press (AP) ha sacudido los cimientos de la diplomacia regional al revelar que agentes de Estados Unidos intentaron reclutar al piloto personal de Nicolás Maduro para ejecutar un plan de captura durante uno de sus viajes oficiales.
De acuerdo con la investigación, el agente Edwin López, quien fungía como agregado del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en la embajada de Estados Unidos en República Dominicana, habría ofrecido al general Bitner Villegas —piloto de confianza del mandatario venezolano— desviar el avión presidencial hacia un punto controlado por fuerzas estadounidenses.
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En otras palabras, Estados Unidos habría intentado secuestrar al jefe de Estado de un país soberano, en Nicolás Maduro.
La diplomacia del soborno y la traición
El dato confirma lo que desde Hackeando el Sistema venimos analizando desde hace tiempo: la recompensa de 50 millones de dólares por Maduro —la mayor jamás ofrecida por un presidente en funciones— no fue solo una medida judicial o simbólica; fue una estrategia de incentivo a la traición interna, un intento deliberado de comprar lealtades dentro del círculo más cercano al poder venezolano.
Este tipo de maniobras no son nuevas. Forman parte de la doctrina estadounidense de “cambio de régimen por medios híbridos”, donde la diplomacia, la inteligencia y el dinero sustituyen al clásico golpe militar. Pero en este caso, la línea entre diplomacia y conspiración se desdibujó peligrosamente.
Si las acusaciones son ciertas, Estados Unidos habría violado no solo la soberanía venezolana, sino también los tratados internacionales que protegen la inmunidad de jefes de Estado en misiones oficiales.
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Una operación que pudo incendiar la región
De haberse ejecutado, el secuestro de Maduro habría tenido consecuencias impredecibles. Un avión presidencial desviado con complicidad de un país tercero —en este caso, República Dominicana— habría desencadenado una crisis hemisférica, posiblemente con respuesta militar inmediata de Caracas y aliados como Rusia o Irán, que mantienen acuerdos de defensa con Venezuela.
La acción habría sido percibida como una agresión directa, equivalente a un acto de guerra. Y aunque el intento nunca se concretó, el simple hecho de que se haya contemplado revela hasta qué punto Washington está dispuesto a forzar los límites del derecho internacional cuando se trata de alcanzar sus objetivos políticos.
Una jugada peligrosa con consecuencias diplomáticas
La revelación también deja en una posición incómoda al gobierno dominicano. Si el plan fue coordinado o siquiera discutido desde suelo dominicano, la isla habría sido utilizada como plataforma para una operación encubierta contra un país aliado del Caribe, lo que viola su neutralidad y compromete su política exterior.
Más aún, muestra que la embajada estadounidense en Santo Domingo opera como base logística regional para misiones de inteligencia, algo que los gobiernos locales rara vez admiten, pero que es parte del engranaje geopolítico de Washington en el Caribe.
El espejo de la geopolítica: ¿y si fuera al revés?
Imaginemos por un momento que Venezuela, China o Rusia ofrecieran millones de dólares a un piloto estadounidense para secuestrar al presidente de Estados Unidos. ¿Sería considerado un acto legítimo de justicia internacional o un intento de asesinato y terrorismo de Estado?
El doble rasero es evidente: cuando Washington actúa, se llama “operación antinarcóticos” o “acción por la democracia”; cuando otro país lo hace, es “interferencia extranjera”.
Más allá del titular: lo que realmente demuestra este caso
Lo que esta filtración revela es que la lucha contra Maduro no es solo ideológica ni judicial; es estructuralmente geopolítica.
Estados Unidos no busca justicia, busca control: controlar las rutas energéticas, las alianzas militares y los recursos naturales que Venezuela aún posee.
Mientras tanto, la narrativa del “narcoterrorismo” sirve como justificación moral para acciones que, en cualquier otro contexto, serían calificadas como intentos de magnicidio.
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Cuando la verdad alcanza la curva
Con esta revelación, se confirma que nuestra lectura geopolítica estaba por delante de los hechos. Advertimos que la recompensa por Maduro no era una simple medida legal, sino un mecanismo de presión interna, diseñado para provocar traición desde dentro del régimen.
Hoy, Associated Press lo confirma: el plan existió, y la CIA o el DHS estuvieron dispuestos a usar un recurso tan frágil como la lealtad humana para cumplir su objetivo.
El Caribe vuelve a ser tablero y no jugador. Y mientras los medios globales hablan de “liberación” o “seguridad”, la verdad se abre paso: lo que está en juego no es la lucha contra las drogas, sino la lucha por el control del hemisferio.
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.
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