En los últimos días ha circulado una publicación que intenta desacreditar mis críticas al modelo turístico dominicano. El argumento es sencillo: cada turista que llega al país paga aproximadamente US$150 en impuestos y tasas aeroportuarias. Si República Dominicana recibió alrededor de 11 millones de visitantes, entonces el Estado habría recaudado unos US$1,650 millones solo por ese concepto.
La pregunta es: ¿eso demuestra que el turismo beneficia suficientemente a los dominicanos?
La respuesta es no.
Y no porque esos impuestos no existan. Existen. El Estado recauda por concepto de impuesto de transporte, tasa turística, infraestructura aeroportuaria, impuesto de salida y otros cargos incluidos en los boletos aéreos.
Lo que ese argumento omite es una parte fundamental del análisis económico: los costos.
Toda empresa sabe que no basta con hablar de ingresos. Lo importante es conocer el beneficio neto después de los gastos.
Con el turismo ocurre exactamente lo mismo.
Durante décadas, el Estado dominicano ha construido carreteras, ampliado aeropuertos, llevado agua potable, electricidad, seguridad, promoción internacional y ha concedido importantes incentivos fiscales para atraer inversiones hoteleras.
Solo en 2023 el sacrificio fiscal por exoneraciones al sector turístico superó los RD$9,600 millones.
Entonces, la discusión no debería limitarse a cuánto recauda el Estado por cada turista.
La verdadera pregunta es cuánto cuesta mantener ese modelo y si el retorno que reciben los dominicanos es proporcional a esa inversión pública.
Desde 2020, la República Dominicana ha recibido más de 39 millones de visitantes entre turistas que llegaron por vía aérea y cruceristas. Solo en 2024 se alcanzó un récord de 11.2 millones de visitantes, mientras los ingresos por turismo ascendieron a US$10,972 millones, la cifra más alta de la historia.
Sin embargo, durante ese mismo período el Estado ha continuado respaldando el modelo con importantes incentivos fiscales; solo en 2023 dejó de recaudar RD$9,614.8 millones en exoneraciones para el sector turístico, sin contar las inversiones públicas en carreteras, aeropuertos, seguridad, promoción internacional, agua y energía que también sostienen la industria.
Estos datos no demuestran que el turismo Dominicano, sea un mal negocio, pero sí plantean una pregunta legítima: después de récords históricos de visitantes, miles de millones de dólares en ingresos y un fuerte apoyo del Estado, ¿por qué gran parte de la población aún no percibe esos beneficios en su calidad de vida?

Hay otro elemento que casi nunca entra en el debate.
Cuando un turista reserva un paquete desde Estados Unidos, Canadá o Europa, no todo ese dinero entra a la economía dominicana. Una parte importante se procesa mediante operadores internacionales, plataformas de reservas y cadenas hoteleras extranjeras. Posteriormente, parte de las utilidades también se repatria a las casas matrices ubicadas fuera del país.
Eso significa que medir el éxito únicamente por la cantidad de turistas o por los impuestos cobrados ofrece una visión incompleta.
El verdadero indicador debería ser cuánto valor agregado permanece en la economía nacional, cuánto reciben las empresas dominicanas, cuánto mejoran los salarios de los trabajadores y cuánto se fortalecen las comunidades cercanas a los polos turísticos.
Por eso el debate nunca ha sido si el turismo genera ingresos.
Claro que los genera.
El debate es si, después de más de tres décadas de crecimiento turístico Dominicano, récords de visitantes e importantes inversiones públicas, los dominicanos estamos recibiendo una proporción justa de la riqueza que produce esa industria.
Quienes responden únicamente con la cifra de los impuestos están viendo una sola cara de la moneda.
Porque en economía no basta con sumar los ingresos.
También hay que restar los costos.
Y es precisamente esa resta la que República Dominicana todavía no se ha atrevido a discutir con la profundidad que merece.
Por Melvin Sena
A todos los medios y “comunicadores” que seguramente leerán este análisis y encontrarán en él insumos para sus propios contenidos: utilizar información es parte del ejercicio periodístico, pero el crédito también lo es. Reconocer a Hackeandoelsistema.net no solo es un acto de ética profesional, sino que además fortalece su propia credibilidad ante la audiencia, proyectándolos como comunicadores serios, con criterio, fuentes y capacidad real de análisis. Dar crédito no resta; al contrario, suma rigor, transparencia y respeto en un ecosistema mediático que cada vez exige más responsabilidad
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.






