Cada vez que se publican cifras récord de llegada de turistas, inmediatamente aparecen titulares atribuyendo ese éxito a David Collado. Sin embargo, vale la pena hacerse una pregunta incómoda:
¿Qué cambió realmente en el modelo turístico dominicano durante su gestión?
Porque una cosa es administrar un sistema que ya funciona y otra muy distinta es transformarlo.
La industria turística dominicana no nació con David Collado. Tampoco con Luis Abinader.
Es el resultado de más de tres décadas de políticas públicas iniciadas con la Ley 158-01 de Fomento al Desarrollo Turístico, miles de millones de pesos en incentivos fiscales, inversión estatal en carreteras, aeropuertos, puertos, promoción internacional e infraestructura.
En otras palabras, el modelo ya estaba construido.
Un turismo que necesita el apoyo permanente del Estado
Si el turismo dominicano fuera completamente autosuficiente, no necesitaría que el Estado continuara otorgando exoneraciones fiscales multimillonarias.
Desde 2020, el Estado dominicano ha mantenido una fuerte apuesta por el turismo, destinando miles de millones de pesos en incentivos fiscales mientras el sector rompía récords de visitantes.
Solo en 2023, el sacrificio fiscal por exoneraciones al turismo ascendió a RD$9,614.8 millones, una cifra que se suma a la inversión pública en carreteras, aeropuertos, promoción internacional, seguridad, agua y energía para los polos turísticos. En contraste, gran parte de las utilidades generadas por las cadenas hoteleras termina siendo repatriada a sus casas matrices en el extranjero, mientras las comunidades cercanas a muchos destinos turísticos continúan enfrentando deficiencias en servicios básicos e infraestructura.
Esto plantea un debate legítimo: si el turismo ha sido uno de los principales motores económicos desde 2020, ¿por qué los beneficios no se reflejan con la misma intensidad en la calidad de vida de la mayoría de los dominicanos?
A eso se suma la construcción de carreteras, ampliación de aeropuertos, seguridad turística, promoción internacional, agua potable y energía eléctrica financiadas con recursos públicos.
Es decir, el Estado actúa como un socio permanente del modelo turístico.
Récord de turistas, pero el modelo sigue siendo el mismo
El ministro de Turismo David Collado ha presentado como logro histórico el aumento en la llegada de visitantes.
Sin embargo, aumentar la cantidad de turistas no significa necesariamente haber mejorado el modelo.
Las preguntas importantes siguen sin respuesta.
¿Por qué gran parte de las utilidades terminan en cadenas hoteleras internacionales?
¿Por qué buena parte de las reservas se realizan mediante plataformas y operadores extranjeros?
¿Por qué las comunidades cercanas a muchos polos turísticos continúan enfrentando problemas de infraestructura, servicios públicos y oportunidades económicas?
¿Por qué después de décadas de crecimiento turístico seguimos dependiendo tanto de incentivos fiscales para atraer nuevas inversiones?
El turismo genera riqueza, pero ¿quién la captura?
Nadie discute que el turismo genera divisas y empleos.
La discusión es distinta.
¿Cuánto de esa riqueza permanece realmente en la economía dominicana?
Una parte importante de los ingresos termina en pagos a cadenas hoteleras internacionales, plataformas de reservas, proveedores extranjeros y repatriación de beneficios hacia las casas matrices.
Mientras tanto, el Estado continúa financiando buena parte de la infraestructura que hace posible ese negocio.
El empleo también merece un debate
Otro aspecto que casi nunca se discute es la composición del empleo en el sector.
Durante años, la construcción hotelera ha dependido en gran medida de mano de obra extranjera, especialmente haitiana.
Asimismo, distintos segmentos operativos del turismo emplean una proporción significativa de trabajadores extranjeros.
La discusión no debe centrarse en la nacionalidad de los trabajadores, sino en si el modelo está creando suficientes oportunidades de calidad para los dominicanos y elevando sus salarios.
El gran cambio que nunca llegó
Durante su gestión del actual ministros de turismo David Collado, no vimos una reforma estructural que condicionara nuevas exoneraciones a mayores niveles de compras a productores nacionales.
No vimos un modelo que garantizara una mayor participación de empresas dominicanas en la cadena de valor.
No vimos mecanismos para aumentar significativamente el gasto del turista fuera de los complejos hoteleros.
No vimos una estrategia que obligara a fortalecer la inversión social en las comunidades donde operan los grandes proyectos turísticos.
El modelo siguió prácticamente igual.
La verdadera discusión
No se trata de negar que el turismo sea importante para la economía.
Se trata de preguntarnos si, después de más de treinta años de crecimiento y de miles de millones de pesos invertidos por el Estado en incentivos e infraestructura, República Dominicana está obteniendo un retorno proporcional para sus ciudadanos.
El verdadero mérito de un ministro de Turismo no debería medirse únicamente por la cantidad de turistas que llegan.
Debería medirse por su capacidad para transformar el modelo, aumentar el valor agregado nacional, fortalecer a las empresas dominicanas, mejorar los salarios, ampliar las oportunidades para los trabajadores locales y lograr que una mayor parte de la riqueza permanezca en el país.
Ese es el debate que todavía seguimos esperando.
Por Melvin Sena
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