
Las petroleras estadounidenses no abandonaron Venezuela por la “dictadura”, sino por las sanciones impuestas por Trump en 2019
Contenido migrado desde el archivo editorial de Hackeando el Sistema.
La política de Estados Unidos hacia Venezuela vuelve a exhibir una de sus contradicciones históricas más profundas: el choque entre la narrativa ideológica y los intereses estructurales del capital energético. Mientras el discurso oficial de Washington insiste en responsabilizar al chavismo del colapso petrolero venezolano, las propias compañías estadounidenses comienzan a desmentir ese relato en los espacios donde realmente se toman las decisiones: las salas de reuniones del poder económico.
El momento incómodo para Trump
Durante una reunión privada entre Donald Trump y ejecutivos del sector energético, un alto directivo de Halliburton dejó al descubierto una verdad que rara vez aparece en los grandes titulares: las petroleras no abandonaron Venezuela por el chavismo, sino por las sanciones impuestas por Estados Unidos en 2019.
La afirmación no es menor. Halliburton, Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips no son actores ideológicos, sino corporaciones cuyo único lenguaje es el de la rentabilidad, la estabilidad jurídica y la viabilidad operativa. Si se fueron, no fue por razones morales, sino porque Washington convirtió a Venezuela en un terreno legalmente tóxico para cualquier empresa estadounidense.
https://hackeandoelsistema.net/a-venezuela-la-siguen-gobernando-las-mismas-personas/
La sanción como arma… y como sabotaje propio
El embargo petrolero impulsado por Trump durante su primer mandato tuvo un objetivo explícito: asfixiar financieramente a Caracas. Sin embargo, el efecto colateral fue auto-infligido:
- Empresas estadounidenses perdieron acceso a las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
- PDVSA quedó sin tecnología, financiamiento ni socios técnicos.
- El mercado energético global se reconfiguró, abriendo espacio a Rusia, China e Irán.
Los datos de la OPEP son claros: Venezuela pasó de ser un proveedor estratégico para Estados Unidos a producir apenas alrededor del 1 % del petróleo mundial en 2024, no por falta de reservas, sino por subinversión inducida.
La paradoja actual: control político vs. dependencia energética
La actual administración estadounidense sostiene que ejerce una “influencia máxima” sobre las autoridades venezolanas. El propio secretario de Energía, Chris Wright, llegó a afirmar que Washington controlará la industria petrolera venezolana de forma “indefinida”.
https://hackeandoelsistema.net/las-grietas-del-prm-cuando-la-lealtad-deja-de-ser-recompensada/
Sin embargo, esa afirmación choca con tres realidades:
- Chevron es la única petrolera estadounidense con licencia activa, y opera bajo condiciones estrictamente limitadas.
- PDVSA sigue siendo el operador central del sistema petrolero venezolano.
- Cualquier aumento significativo de producción requiere decenas de miles de millones de dólares, algo imposible sin levantar sanciones estructurales.
En otras palabras: Estados Unidos pretende controlar un sector que, en la práctica, bloqueó durante años.
https://hackeandoelsistema.net/abinader-y-wellington-arnaud-inauguran-obras-clave-de-agua/
El petróleo venezolano y la agenda interna de Trump
Trump ha presentado las reservas venezolanas como un instrumento clave para reducir los precios del combustible en Estados Unidos, un tema central para su base electoral. De ahí su anuncio de que entre 30 y 50 millones de barriles serían entregados al mercado estadounidense, bajo control directo de su administración.
Más allá de lo llamativo de la declaración —incluida la afirmación de que los ingresos serían “controlados” por el presidente—, el mensaje revela algo más profundo:
Venezuela vuelve a ser vista no como un problema político, sino como una solución energética.
Esto explica el giro pragmático:
- Reversión selectiva de sanciones.
- Autorización para envío de crudo liviano estadounidense, necesario para mezclar el petróleo extrapesado venezolano.
- Permisos para traslado de equipos y personal técnico.
Todo lo que antes era “inaceptable”, ahora es “técnicamente necesario”.
https://hackeandoelsistema.net/puerto-rico-no-es-prioridad-para-estados-unidos-como-lo-hoy/
Las petroleras hablan donde importa
Cuando un ejecutivo de Halliburton afirma que la salida de Venezuela se debió a sanciones y no al chavismo, no está defendiendo a Maduro:
está defendiendo su negocio.
Ese detalle es clave. Las petroleras no hacen activismo político; hacen lobby económico. Y su mensaje implícito a Washington es claro:
El problema nunca fue Caracas.
El problema fue la política de Washington.
El relato se agota, el interés permanece
La política estadounidense hacia Venezuela atraviesa una fase de agotamiento discursivo. La demonización ya no sostiene la realidad del mercado energético global, ni los intereses de las propias corporaciones estadounidenses.
https://hackeandoelsistema.net/ito-bisono-debio-quedar-fuera-del-gobierno-una-decision/
Las petroleras lo saben.
Wall Street lo entiende.
Y, cada vez más, el poder político se ve obligado a aceptarlo.
Venezuela no es el obstáculo principal para la normalización petrolera.
Las sanciones lo son.
Y cuando el capital comienza a decirlo en voz alta, el relato oficial deja de ser sostenible.
Nota aclaratoria:
Algunas informaciones contenidas en este artículo tienen carácter especulativo, fundamentadas en el análisis de hechos públicos y en el comportamiento reciente de los actores mencionados, así como en una filtración genuina proveniente de una fuente de entero crédito. En virtud de los principios éticos del periodismo y del marco legal nacional e internacional, nos reservamos el derecho de proteger la identidad de dicha fuente, conforme a lo establecido en el Artículo 49 de la Constitución de la República Dominicana, que garantiza la libertad de expresión e información, así como el derecho a mantener el secreto profesional. Este derecho también está respaldado por instrumentos internacionales como el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y los principios establecidos por la UNESCO y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la libertad de prensa. La protección de nuestras fuentes es no solo un derecho, sino un deber ético frente al interés público y la democracia.
Cargando comentarios...
Comentarios de la red
No hay comentarios registrados en este nodo.
